Qué miedo, en serio...

De que si la primera vez fueron los europeos, esta vez son las donas las que nos quiten la independencia. De que la profecía de la cadena se cumpla y esta noche se me aparezca la Martita y me jale los pies. Del chupacabras. De que el gatonejo se fusione con el cadejo y digievolucionen para crear el ser más espeluznante del que se ha oido. Del fantasma del chele Torres. De las pantallas azules, de morirme en este país y no volver a ver una 101 D (¡no, por favor, no!), de despertarme un día y ser Faitelson, de agarrar hongos en los pies en una piscina, de que la pupusa de ayote que pedí me la traigan de chicharrón, y de que se den cuenta que me río de la Luciana, pero que secretamente muero por ser igualita a ella. Y eso es solo el principio.

Estoy harta de esta cultura de miedo. Es que hoy ya no puedo comerme un churrito Diana sin que uno que otro me salga con que:

a) El empaque no es biodegradable, y va a estar aquí millones de años

b) Tiene no sé cuántas toneladas de calorías, y otras tantas de colesterol, que van directo a tapar tus arterias

c) Los colorantes los fabricó un pobre niño del cantón La Chorrera (existe, existe - ¿quién elige los nombres de los cantones?) que trabajaba todo el día para mantener a sus dos hermanitos y a su hermana que se acaba de acompañar

d) Las toneladas de cancerígenos que no se van a mi cuerpo terminan matando a los camarones que habitan el Cuco

e) Por cada Quesito que te comés, una persona instala Windows Vista

f) Nadie en Twitter followea a los que comen quesitos

Y la lista podría continuar para siempre. Terrible.

Digo, no es que esté mal cuidarse, pero vamos que en lugar de sembrar una cultura de pánico alimenticio, mejor que todo sea orgánico, biodegradable, y barato y todos terminamos felices. Pues es que hoy si no querés que la m-u-e-r-t-e te agarre, tenés que gastar millones y millones de las invaluables moneditas para comprar orgánico, biodegradable, sans ácidos grasos trans, libre de crueldad, sin azúcar, sin grasa, sin calorías, prácticamente inexistente, etc. No solo en el campo de batalla gastronómico se ha esparcido el miedo, sino que en todas partes hay que temerle a algo: cuidado cuando sacás algo del microondas, no andés el celular en la bolsa, si andás dinero te asaltan y si no, pues te matan; y así sucesivamente. Todo para que al final: te murás. Y lamento esto, pero a la muerte no le va a importar si estabas en una dieta de 1,500 calorías orgánicas al día. Un día te puede dar un cáncer de pie fantasma y vos ni idea de dónde salió eso.

Que no está mal ver a los dos lados antes de cruzar la calle, ni evitar ponerte tu camisa que dice “ACABO DE IR A SACAR DINERO DEL CAJERO”. Tampoco digo que intentemos sobrevivir a base de Pollo Campero y boquitas Diana (hay más de algún ejemplo por ahí, de seguro) para fomentar la obesidad mórbida, pero pues, comámonos esa bolsa de quesitos al menos una vez al mes.

Total, si ya ni en tu propia casa podés estar sin tener miedo, al menos que cuando te lleguen a baliar estés con la barriguita llena de suaves, crujientes y deliciosas calorías vacías cubiertas por esa salsita de queso levemente picante y con un toque á la jardinesdelrecuerdoix. Al menos de morir con antojo de churritos no vas a tener miedo.

4 comentarios:

iba pasando dijo...

Soy vegetariano ecológico de lunes a viernes ; soy una bestia carnivora, cervecera, chatarrera el fin de semana. (^_^)

Aniuxa dijo...

"Por cada Quesito que te comés, una persona instala Windows Vista" juaaaaaaaaa jajaja

Solamente gracias...

Karla dijo...

@iba pasando: jaja, yo creo que asi me va a tocar a mi xD yo intento todos los dias pero a veces caigo en el pollo u_u

@aniuxa: :D ya sabes, y gracias a ustedes, que postear aqui era un deseo secreto que tenia xD

[Alecita ♥] dijo...

Hahaha excelenteeee Lyneeko!!! me acabas de alegrar el dìa :D, tu post aplica exactamente al dicho de "o te ocupas de vivir... o te ocupas de morir xD"