María busca entre el bolso las llaves de su casa. Hay un silencio sepulcral que sólo se interrumpe por los ruidos entre todas la cosas que suele coleccionar en su bolso. Lápices, papeles, maquillaje, una engrapadora, un cenicero, una botella de coca cola light a la mitad, la billetera con sus documentos, el monedero, el celular, una pequeña libreta. Todo revuelto, con las ansias de escuchar las llaves contra alguno de los objetos. La mano en la cartera mientras se mira hacia arriba, como si de arriba viniera la señal de que ha encontrado las llaves.

No encuentra las llaves. Las ha dejado en algún lado. María se muerde el labio. Trata de tener calma. No sabe como entrará a su casa. Le dieron "ride". Y el que le hizo el favor de irla a dejar no es de esa gente semi-normal que espera a que las personas logren entrar a su casa. María no puede lograrlo. No sin las llaves. No a las tres de las mañana.

Los objetos van saliendo de la cartera. María se sienta junto a las macetas que están de adorno junto a la puerta.

Se queda profundamente dormida, porque el alcohol hace también parte de su trabajo para evitar sentir el "sereno" de la noche.


Amanece.




-¡¡¡Aquí estás!!!

-Sí

-¿Aquí dormiste?

-Sí

-¿Por qué?

-Tenía de miedo de tocar la puerta.

1 comentarios:

dear dijo...

Excelente trabajo narrativo.

Me gusto mucho.

Saludos.