No, él nunca ha querido firmar el divorcio, aún viven juntos por la depresión económica y otras malas suertes. Esa mañana después del café, ella le dijo que no se olvidara de firmar los papeles, que era absurdo no hacerlo, que no le iba a costar más que cinco minutos. Él dejó el café a la mitad y se fue, la dejó hablando sola, no quería firmar, sabía que ahí se acabaría la esperanza y qué iba a hacer él después con toda la vida, ahora estaba amargado, se sentía enfermo, en su mente le llamaba puta vacía, sí, eso es lo que es una puta vacía, se lo repetía y le dolía y caminaba y le volvía a doler, de pronto sólo escuchó el sonido de un carro y el de su cabeza contra el asfalto, le dolían hasta los ojos, no podía moverse, creyó escuchar gritos, voces quejándose de su tragedia, no podía moverse, ya no podía nada.

1 comentarios:

EL SUM dijo...

Tan cinico, tan inverosimil, tan real...