Jack Fitzgerald Malasuerte sacó su doctorado en alguna ciencia, y se negó a considerar la "mala suerte" como un factor causal de las desgracias que le ocurrieran a él o a terceras personas. "Tomen la película 'just my luck' con Lindsay Lohan", le decía a sus alumnos, quienes se reían bajito ante la mención de algo tan cultura pop. "Muchas de sus desgracias son producto no de la mala suerte, sino de errores evitables...quemarse al cambiar una lámpara no es mala suerte, es descuido si ustedes primero no apagan la fuente de corriente".

Y no es que Jack Fitzgerald Malasuerte cayera en el Error Fundamental de Atribución, es decir, una excesiva psicologización del quehacer humano. Estaba conciente de que muchas veces el entorno nos juega una mala pasada, pero afirmaba que esto era así por un efecto dominó fruto de las acciones de otros [véase "el ruido de un trueno" de Ray Bradbury, y el loable sitio web "fuckmylife"], y no porque haya un Gran Poder tratando de jodernos. El reforzamiento supersticioso, como llaman los conductistas a la ilusión de que un elemento dado es causa que produce un efecto, le era sumamente fascinante en tanto constituía un ejemplo de seres vivos con sistema nervioso central intentando controlar un entorno incierto (demostrado en el laboratorio con la rata que aparea la conducta de rascarse la oreja con recibir una bola de concentrado, el toco-madera, y el tómala-que-es-tuya de hacer la señal de la cruz antes de un examen).

Una mañana de su año sabático, el segundo que se tomaba desde haber adquirido su status de intelectual, Jack Fitzgerald Malasuerte escuchó sonar el teléfono y mientras se dirigía a contestarlo sonó el timbre, a la vez que su perro saltaba en dos patas para que le diera de comer. Si alguien se lo hubiera preguntado, él no lo hubiera definido como mala suerte, sino como tres entes haciendo demandas al mismo tiempo, cada uno sin saber de la existencia del otro; eso no era malo per se, sólo incómodo y frustrante para él.

Jack Fitzgerald Malasuerte se paró a la mitad de su casa para jerarquizar las tres demandas de su entorno, pero su lóbulo prefrontal se inhibió ante la presencia de una araña en su brazo, que acababa de brincar desde un pintoresco cuadro aledaño. Él era alérgico a los arácnidos, no por mala suerte si no por una condición genética heredada del lado de su madre. Se puso a brincar como su perro para zafarse del agente que le cerraba las vías respiratorias, cosa que le daba histeria, pero se desmayó al cuarto brinco -por la histeria y no por la hipoxia- y al caer se golpeó la cabeza con una mesa. Su perro llamó al 911 y la ambulancia llegó a los dos minutos, porque el personal de la misma estaba a una cuadra de su casa (¡qué buena suerte!), comprando queso crema en la tienda de la esquina.

Cuando Jack Fitzgerald Malasuerte ya estaba siendo cargado en la camilla, uno de los paramédicos se deslizó y la volteó, y el paciente cayó al suelo. Por suerte...más bien, por causalidad estructural, el paciente estaba inconsciente y no se dio cuenta. El daño, aunque considerable, no fue mortal y sólo requeriría un par de meses de ejercicios terapéuticos. Lo que casi le cuesta la vida fue el dengue hemorrágico que le dio en el hospital, por un pequeño grupo de zancudos gitanos que anidaban en un charquito en uno de los patios del nosocomio. Con todo, sobreviviría alegremente sin secuelas. Después de que su doctora le diera esta buena noticia, ella salió de la habitación y se acercó a un par de enfermeras, diciendo en voz baja: "¿ya vieron el nombre de este señor? Jack Fitzgerald, casi como el presidente aquel".

1 comentarios:

Genius dijo...

Una vez mas, mis respetos sos la ley!!!! jajaja

Me hiciste recordar las leyes de Murphy, y también pensar que ante eventualidades que no podemos controlar- o en dado caso explicar- es muy útil atribuirselo a la mala suerte...

Bendiciones y abrazos

La superstición trae mala suerte.
(Umberto Eco)


PD: La pelicula buenísima la vi ayer por cierto jajaj :P