Hablar de El Salvador, es hablar de personas desaparecidas, es tratar de hablar con objetos demasiado viejos o rotos por completo, es querer percibir olores que ya desaparecieron, es tratar de no sentir nada por la gente descalza en la calle. Hablar de este país es tratar de ver la vida con un espíritu bastante parecido a lo absurdo, porque aún con todos los desencantos que vivimos a diario le entregamos un poco de amor, de compresión, de nostalgia y también de odio, de incomprensión y de indiferencia. Porque aquí todos siempre esperamos algo de vos, no sabemos a ciencia cierta qué es, pero sentimos siempre que algo está por llegar, tal vez la cura a las heridas que nos has abierto, tal vez el amor o tal vez la muerte. Existen ocasiones en que no tengo ganas de hablar de vos, ni de escribirte, ni de describirte y quisiera huir, pero no importa a que lugar llegue siempre serás el mismo. Y el tiempo, siempre el tiempo vuelve lentamente con su constante pasado y nos hiere sutilmente y es ahí donde recuerdo los gritos que rompen el silencio El Salvador rojo y enlutado, sí, lo recuerdo. Y hablamos de vos y hablamos de esperanza, de desilusión, de reclamo, de injusticia, de impotencia, sobre todo de impotencia.
Hablar de nuestro país y pensar en las notas de los periódicos: "Septiembre inicia con 13 asesinatos diarios". Y pienso en los agentes policiales sin paga a fin de mes, y en los arzobispos predicando el odio, y en la gente que pasa hambre hoy, y aquí llueve y la gente muere, y "uno tiene en las manos un pequeño país/horribles fechas/muertos como cuchillos exigentes/obispos venenosos" Y entonces quisiera tener esperanza, creer en la paz mundial como muchachita de certamen de belleza, pero no puedo, al menos no hoy, tal vez un día "El Salvador será un lindo/ y (sin exagerar ) serio país..." (R. Dalton)

PD: Hace algunos meses escribí algo de esto en mi blog y para mi aún posee vigencia, así que no pude evitar postearlo acá, aunque el final es nuevo.


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