♫Somos los personajes que llevamos alegría a toditos los rincones de mi tierra El Salvador ♫
El clip de inicio de Jardín infantil me trae recuerdos. No solo de la vez que fui a cantar no recuerdo qué canción - ni ahora tengo a la mano a mi progenitora para saber qué canté -, gracias a que mi mamá trabajaba cerca del canal 2 en aquel entonces y una de sus compañeras conocía a alguien que trabajaba en el canal y así me consiguió el pase para ir un día en la tarde a la grabación del programa (1).

Es poco decir que Jardín Infantil me recuerda a las vacaciones donde mis abuelos, a ♫ va la La Tortuga tuga tuga tuga..♫, a la bolsita que te daban al terminar de cantar  -de la cual solo recuerdo que traía una muestra de pasta de dientes y un cepillo de dientes -, a la sentada que me di esperando a que saliera cuando canté yo, a los payasos que vi haciendo los mismos juegos que salían en el programa y a las veces que yo mismo hice esos juegos para entretener a otros niños. Hoy ya no sale el Tio Periquito con su sombrerito de bombín, ni prendo la tele para ver muñequitos un domingo a las 6 AM, hoy a lo mucho veo partidos, y recuerdo los tiempos aquellos en que salía el P. Giraudo con su Tiempo del Espíritu y cambiaba de canal porque me daba miedo. Era lindo ese tiempo que evoco aleatoriamente, creo.

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Pienso en Jardín Infantil y se me viene una serie de recuerdos random en la cabeza. Cualquiera diría que estos post nostálgicos son cosa fácil, evocar Jardín Infantil sería para cada uno de nosotros y nosotras, es una oportunidad de tirar de repertorio de alguna anécdota y ya. Pero el asunto es que, al menos para mi, casi todos los recuerdos que me trae este tema son de toda aquella época de niño; pero vistos desde mi mirada de adulto consciente de la realidad en que vivía entonces.

Quizá en aquellos días vivía en una suerte de burbuja a la que Jardín Infantil le ponía la chonga semanal, aunque a veces era demasiado consciente de la gravedad de mis tiempos (3), hoy soy más consciente de esa gravedad pero sigo encontrando rico levantarme a las 6 AM los domingos, hacerme mi desayuno y prender el tele para mi solito.

De manera desordenada, pero con una lógica interna que adivino me encuentro adulto, demasiado adulto a ratos. Pienso ahora en Jardín Infantil y recuerdo que hay un niño dentro de mi al que cuidar, un niño para el que debo invocar aquello de "aplaisios para el marachito" y darle de cuando en cuando una bolsita de dulces con una muestra de pasta y un cepillo de dientes, para cuando se va a jugar de trabajar.


Victor


Notas:
(1) mi mente divaga sobre si era a Jardín Infantil que lo grababan martes o si era el Show del Tío Memo]
(2) En ese entonces mi progenitor estudiaba un posgrado en México D.F.
(3) En un post del año pasado mostraba una carta infantil (2) de hace veinte años en que le contaba a mi papá que se me habían caído cinco dientes y que atrás de mi escuela habían matado al Fiscal General [sigo siendo así de random para escribir].

El cristal de la nostalgia hace que 1,991 parezca un año de clima templado en el cual San Salvador era una ciudad desquiciada, acogedora y caóticamente bella; es eso o el espíritu juguetón que uno tiene en la niñez lo que, a la larga, lo hace añorar esas levantadas a las 6:50am de los domingos, desayunar tamal de gallina con leche recién hervida, esperar que termine Tiempo del Espíritu y gozar de las cuatro horas que esperás toda la semana.


La mente de un preescolar de cuatro años es curiosa: recuerda vivamente la camioneta verde que bajó a tu papá y le quitó los documentos, el señor de traje café de corduroy que salió en la tele el día del eclipse; el día que probaste los dulces de anís y la sensación de las galletas Vita deshaciéndose en tu boca. Se ve uno mismo sentado en el sillón de la casa de los abuelos, donde una fuente inagotable de gaseosa y churritos te abastece de víveres, si y siempre si le prometés a tu abuelo que vas a jugar Haz lo que oyes, no lo que miras con él*. Pizarrín te dice que te lavés los dientes y tu regordeto ser obedece sin chistar. Es Pizarrín, después de todo. Sí, me voy a lavar los dientes, mamá, pero ¿Puedo ir cuando empiecen los comerciales?


Era francamente divertido verles, aun con mi tele blanco y negro. Eran todo lo que yo conocía en ese entonces, tres señores bonachones y uno con carechucho que se adueñaban de mi atención completa. El cable llegaría un año más tarde, pero eso no me movió de mi sitio con churritos y Kolashampan, al cual me anclaría hasta que descubrió mi papá que pasaban el fútbol italiano en el 4 y valió chonga mi lealtad para con Jardín Infantil. Lo bueno era que terminaba a las 8 y casi siempre sólo me perdía el intro. O a lo mejor no era tan divertido, pero en ese tiempo no había Power Rangers ni Dino Rey ni animé ni artes marciales en mi vivir, eran los dueños indiscutibles de mi corazón.


El tiempo pasó y la gana de ser grande se apoderó de mí. Jardín Infantil era un programa de niños, y yo ya escribía con lapicero. Se vuelve uno apuradizo por crecer, por ser grande, totalmente inconsciente de lo que dice. Tan inconsciente es uno, que, cuando se encuentra a Pizarrín en la Pizza Hut, no duda en tomarse fotos con él. Y tanto llega a añorarle, que le puede la nostalgia de hablar de aquellos años prístinos donde mi único trauma era no haber podido ni empezar a cantar "Caminito de mi kinder", porque me atacó el llanto. Chirajito me dio mi bolsipremio y me llevaron a comer al McDonalds. Ahora ya no hay ni bolsipremio, ni McDonalds en Los Héroes ni Chirajito en la mañana para decirme "¿Ya se va, mamita? Salú, pues".


1,991 suena bien, con su guerra, con su campaña de vacunación nacional, con tu pijama de Mario Bros. Al menos mejor que el 2,009 con sus maras, su crisis sofocante y mi pijama de tortuguitas. 


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* En la medida de lo posible, procure que sus hijos tengan acceso a una tienda de pueblo con un patio grande que tenga árboles, perros, gatos y pericos. No sabe qué infancia tan guapa llega a tener uno. 

PD: Una vez  pude hablar con Pizarrín y agradecerle de corazón todos los recuerdos guapos que tengo gracias a Jardín Infantil. Se le aguaron los ojos y me regaló una paleta de manita. Eso fue este año :) 

-Un saludo para mi familia, para mis amigos y para todos los que me están viendo
-¿De donde venís?
-De la escuela urbana de niñas santa catalina laburé
-¿Qué vas a cantar?
-Estaba la muerte un día..

-Ejem...


Estaba la muerte un día dividí, sentada en su escritorio, dobodó, buscando papel y lápiz.... y lápiz...

-...............

Qué dice la canción, qué dice???

-Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa


Mi hermana mayor me hace cara de reprobación. Ella ya pasó y llegó bien adelante en "Haz lo que oyes no lo que miras". Y la Claudia y la Sindy hicieron una coreografía perfecta de las vocales... Mis compañeras no me dejan de ver. Todas tienen sus bolsitas. Todas tienen sus bolsitas.


... Bu.. Bus.. Buscando papel y lápis dividí, para escribirle al lobo, dobodó, el lobo le contestó, que sí, que no. La muerte se enojó y un tiro le pegó pen pen...




¡¡¡Y tengo una bolsita!!!





(Realmente nunca fuí, pero siempre hubiera querido llegar y decir "un saludo para mi familia, para mis amigos y para todos los que me están viendo". Al que sí fuí, fue al show del tío Memo. Pero eso me imagino que será otro tema, porque fui, pero por no ir con uniforme me mandaron a verlo a un cuartito...)


(Gracias a la cipota Ligia por lidiar con mi síndrome del editor de entradas en blanco).



(Este último paréntesis es para decir adiós)

Cuando inicio la guerra civil en El Salvador, era un niñito. Cuando termino era ya un adolecente. Y no recuerdo haber visto ningún programa infantil mas inocente y sencillo durante esos días difíciles que Jardín Infantil.

No es que fuera un incondicional del programa. Como familia, casi nunca estábamos en casa los domingos en la mañana y por ello, solo lo veía muy de vez en cuando. Nunca fui tampoco al programa, que hasta el momento, desconozco si era en vivo o pregrabado.

Lo que sé es que me encantaban tres cosas del programa. Lo primero es que a todos se les aplaudía y se les premiaba. No es que llegaran talentos infantiles al programa. El programa no era un buscatalentos. Eran solo niños que cantaban o bailaban o recitaban poemas simples como los son todos los infantiles y había algunos que por timidez, pena o malcriadeza, no alcanzaban más que tomar el micrófono y llorar. Y a todos se les daba una bolsa llena de dulces y premios. Y todos contentos. Niños de la guerra era lo que éramos. No era necesario complicarse, solo pasar un buen momento y regresar a la realidad.

Lo segundo que me gustaba eran las canciones de Tío Periquito. Tío Periquito o Salvador Vega, su nombre real, era un tipo serio. Tuvo su programa infantil antes de ser parte del elenco y de Jardín Infantil y a pesar de ello, nunca le vi sonreír. Siempre serio, tocaba sus canciones con una guitarra. El rostro adusto y sereno. Pero serio. Que canciones las del Tío Periquito. Algunos, hoy que ya falleció, lo han llamado el “cric cri” de El Salvador.

Y lo último que siempre recordare de ese programa es su canción himno "Los personajes":

“Somos los personajes, que llevamos alegría
a toditos los rincones de mi tierra El Salvador
Prontito, Chirajito, Pizarrín y Tío Periquito,
Todos de Jardín Infantil.”


Dicen que recordar es volver a vivir. Sé que nunca podre decir que este fue el mejor programa infantil salvadoreño que ha existido, pero nunca olvidare que fui un niño en un país en guerra civil y que en esa travesía me acompaño Jardín Infantil. Un aplauso a los que fueron parte de ese elenco, aunque algunos ya no estén entre nosotros.

¡Hola!

Gracias por su interés en clonarme, espero que su procedimiento sea exitoso. Sin embargo, es claro que la replicación genética exacta de mi ADN no garantiza que esa nueva persona que se está gestando (si es que no fracasaron) sea yo. Lástima. Por eso, me he tomado la molestia de realizarles una tímida aproximación a mi persona desde la causalidad estructural (ANEXO 1), esperando ayudarles a potenciar mi esencia. Mientras cumplan más de estos factores, más probabilidades tendrá este nuevo ser de representarme dignamente en la faz de la tierra.

Atentamente,

Yo.

***

ANEXO 1
LIGIA COMO EFECTO DE UNA CAUSA ESTRUCTURAL

Factores etiológicos biológico-genéticos, individuales y sociales
- Padres de raíces campesinas, formados en la práxis de las ciencias sociales y humanísticas.
- Consanguíneos mayores con gusto por ciencia, literatura, dibujo, música, cine y teatro, y humor (no humor de contar chistes, sino humor como paradigma vital).
- Predisponibilidad biológica a trastornos maníaco-depresivos leves.
- Predisponibilidad biológica a apreciar la música rock.
- Tendencia a escuchar voces en la cabeza y al autoaislamiento.
- Asistencia a colegio jesuítico de niños y niñas, con disciplina, profesores-cheros, enseñanza efectiva y espacios abiertos.
- Horas y horas de juego con muñequitos (Polly Pockets, animales de plástico de granja, salvajes o de otra índole), construyendo ciudades que abarquen la mitad de la sala de su casa.
- Horas y horas de caricaturas de los 80s y los 90s. Fundamental: Looney Tunes, Animaniacs, Tortugas Ninja, y La Vida Moderna de Rocko.
- Exposición a la psicología como ciencia, particularmente en las áreas sociales y clínicas.
- Colocación en lo más bajo de la cadena alimenticia de la instructoría, para fortalecer el amor a la academia y participar en la lucha popular contra la adversidad y el cielo falso a punto de caerse.
- Ser parte de un contexto de conflicto armado y clima de inseguridad sostenido.
- Viajes al exterior.

Patogénesis
El entorno familiar y académico intelectualmente estimulante favorece una flexible visión de mundo y un actuar consecuente con ésta, aunque las predisposiciones a experimentar entidades nosológicas de carácter psicobiológico pueden llegar a desequilibrarla en sus años de adolescencia y adultez temprana. Un grupo primario unido genera un vínculo estable, pero el entorno hostil fuera del hogar puede provocar la aparición de un SuperYo demandante e incluso tiránico.

La exposición al humor desde diversas vertientes pueden hacer que se incline por una carrera en animación, aunque, si esto ocurre, es preferible desalentarla; será por su bien, puesto que sus intereses y habilidades pueden canalizarse de maneras más útiles. Viajar puede contribuir a fortalecer dicha canalización, aunque se advierte de posibles problemas en el oído medio, que pueden causar una desgracia aunados al patinaje sobre hielo.

La profundización en la ciencia de la psicología es el factor de suficiencia para la consolidación de la persona en estudio: es aquí cuando se cristalizan formas adaptativas de sentir, pensar y actuar, que le permitirán sobreponerse a algunos factores etiológicos considerados de riesgo, a la vez que ayudan a una prognosis favorable, con bienestar personal que redundará en su aporte a la sociedad (si todo sale de acuerdo al plan).

Consecuencias/efectos
- Percepción caricaturesco-argumentativa de la realidad.
- Cefaleas.
- Enorme aprecio y respeto por todos los reinos de la naturaleza.
- Amor por su grupo primario y comportamientos encaminados a retribuir la afectividad recibida por el mismo, en forma de give back o pay forward.
- Aprendizaje de al menos tres instrumentos musicales, sólo lo suficiente para tocar canciones vergonas de grupos relativos a alas, escarabajos, pilotos y rojo con blanco.
- Involucramiento con personas Sui generis que le mueven las placas tectónicas de su afectividad, con el riesgo de que el desenraizamiento eventual de las mismas conlleve pérdidas irreparables y ganancias inesperadas.
- Fortalecimiento de la red social, a pesar de la tendencia al aislamiento. De preferencia, con café de por medio.
- Lucha constante de generatividad versus estancamiento.

[Esta zoon politikon se siente francamente incómoda hablando de sí misma]


Si fuera este sólo mi espacio yo vendría y les expondría ampliamente cómo soy una persona extensa e intensamente política y de cómo ligo eso a principios, valores y ética. Lo haría, de verdad, pero usted viene acá a ver cosas más... distrayentes. Entonces, no.

Lo raro es que encuentro difícil separar a la Virginia que soy de la política, porque para mí eso encierra todo: principios, ética, objetivos. Meterte a este asunto te hace olvidarte de vos mismo las más de las veces y no me parece trascendente verme desde la lente no-productiva, no al-servicio-de. Pero me toca tratar.

Siento un enorme afecto por mis maestros. Si fuese yo paciente, me encantaría enseñar; pero se me dio un alto ki de pelea, cosa que me hace apta para el Derecho. Deseo aprender. Me gusta ser quien tiene las respuestas y ver cómo la gente que tengo cerca eventualmente empieza a interesarse por lo que pasa a su alrededor. Soy una tumba con los secretos y con el tiempo renuncié a mi don de manipular gente, no es algo que me lleve a ningún lado. Amo rápida e intensamente y no creo que pueda dejar de amarse a alguien: es como la materia, ese amor simplemente se transforma. 

Amo mis contradicciones: mi saltar de DreamTheather a La Sonora Dinamita, que después de Frank Delgado suene Hillary Duff. Que Apolonio, mi iTouch, comparta repisa con El Capital. Que la bandera del FMLN ondee sobre mi cama junto a un poster de Led Zeppelin. Ser atea y tener una Biblia Latinoamericana. Tener 22 años y haber renunciado ya a una militancia oficial. 

Amo haber tenido el horror siempre cerca y que eso haya permitido que ame el clima de Octubre, la lluvia atemporalada, el café negro, los gatos, todos los colores menos el morado; las personas con algo qué enseñar y los hombres de voz profunda. El fútbol y sus agonías, la naturaleza catártica de la música y las tribunas blancas de Sol General, la belleza de las personas con causas.

Y el arrayán, los libros gruesos y el fresco de melón.


* Es paja, no me gusta Vargas Llosa, jamás ose insinuarme eso. 

Era agosto cuando nací, hoy mi edad aún no es una cosa muy seria. En mis primeros años no sabía de la guerra y nada podía contra eso. Crecí en calles empedradas, en medio del terremoto y los temblores del ochenta y seis. Veía la violencia en el noticiero, en los muertos a media cuadra al abrir la puerta de mi casa. -Luego mi papá murió.- Y vino el colegio, niños comiendo pega. Los acuerdos de paz. Niñas leyendo "Mujercitas" y queriendo ser Jo. Los años maravillosos. Los odiados gobiernos de derecha. El nintendo. Los amigos, las amigas, la adolescencia, el primer amor, el primer trabajo. Preferir la lluvia al sol, preferir a la gente que es inteligente y decide no decirlo (esas cosas se notan). Odiar la rutina, los domingos. Vivir, y dejarme y dejar vivir. Confundir lo posible con lo necesario. La universidad, el conocimiento, el título. El trabajo. El primer gobierno de izquierda. Aprender sólo cosas innecesarias y olvidarme de las que sí me van servir. La mayoría de veces "quiero escribir, pero me sale espuma". Querer dormir, pero desvelarse siempre. La poesía, la música, las películas, la vida y querer más. Yo soy un poco de todo esto, supongo.

Definirse a uno mismo es una de las cosas más complicadas que pueden existir. Nos vamos por calle vieja y hablamos de las cosas que hemos alcanzado, de las que nos caracterizan o lo que nos gusta. No nos decidimos si cada día somos entes diferentes o el mismo ser con algunas variables en el tiempo. Nos sabemos quiénes somos, ese es el problema.
Veamos, desde el principio: soy el segundo de mis hermanos, no tuve una educación especial, jugué fútbol y nintendo y vi las Tortugas Ninja. Fui el primero de mi salón que aprendió a leer y desde entonces no he parado. Tengo un tío que me ha orientado mucho en la selección de libros. Hace como seis años comencé a escribir formalmente y he tenido que sacar el tiempo para no parar. Me gusta la música, es mi agua. Soy callado, observador. Me deprimo cuando llueve. Soy de montaña. Me gusta viajar. Veo películas para alimentar a mis otros yo's. Amo los animales, sobre todo los perros. Si yo fuera poema sería el Poema XX de Neruda. Morenito, de baja estatura y ojos expresivos. Carácter fuerte.
Y termino random: Madrid. Friends. Chocolate oscuro. La vida es Bella. Azul. Dios.
*Curioso como ahora saben más de mi pero no saben, a ciencia cierta, quien soy. Hice el intento.

Tengo 28 años. Podría ser ingeniero biomédico pero a los 19 años me di cuenta que era feliz ayudando a la gente de forma directa y no a través de darle mantenimiento al equipo médico-hospitalario. Podría haber sido profesor de literatura porque a los 12 años ya había leído dos veces el Quijote y una vez Hamlet con todo y sus análisis. Podría ser sacerdote salesiano, pero conocí mujer y entendí que querría pasar el resto de mi vida junto a una a la que actualmente sueño encontrar alguna vez, aunque sea cinco minutos - la vida es eterna en cinco minutos, dicen-. Podría ser poeta, pero no tengo talento para esos menesteres, pese a venir intentando hacer versos desde los siete años (con frecuencia después de los hormonales catorce). Podría ser guitarrista, pero nunca me dediqué a charranganear el requinto que me heredó mi abuelo paterno y me conformo con ser un amante constante de la música. Podría ser un perfecto caballero que no dice "malas palabras", pero en tercer grado descubrí que era rico dar una buena puteada transgrediendo así la conservadora educación en la que crecí. Podría ser un vergo de cosas, podría ser un atleta delgado y mujeriego, un líder revolucionario de camisa roja y boina verde, un empresario políglota, o un suicida exitoso. Pero soy solo yo solo, el que eligiendo ser sí mismo optó por ser psicólogo, y que optando por sus ideales eligíó el área social-comunitaria, y que por andar de coherente y ético le cuesta hallar trabajo.

Podría haber escrito otra cosa, pero como la vida es una sucesión de podrían irrealizados que constituyen la maravilla de estar vivo y ser quien soy aquí y ahora (mire que no es cosa fácil existir a esta edad, siendo este un país tan peligroso para ser joven). Lo que soy, lo que vivo, lo que vivo a través de mis congéneres esta regado en cada línea que voy dejando atrás, podría parafrasear a mi admirado Jimi y decir que si soy libre, es porque siempre estoy escribiendo.


Victor


P.D.: A continuación, la "♫ Who are you...♫" que me gusta, es de un grupo de rock psicodélico setentero llamado The Frost. La ♫ Who are you...♫ de The Who no mucho (de ellos prefiero Boris The Spider, Teenage Wasteland o The Seeker),  quizas porque mucho le han dado en los CSI. Hay otra canción homónima de Black Sabbath, que aparece en el Sabbath Bloody Sabbath, pero que no me gusta tanto como esta:



The Frost - Who are you [Frost Music, 1974]


(Podría no haber puesto solo la rola, pero me gusta saber que sé XD )


Retrato hablado



Descripción:
Sujeto en sus veintes, de piel clara, 1.75m, 170lb, ojos pardos y pelo negro; cara de cansado, ojeras permanentes, actitud paranóica y extremadamente gritón.

Señas personales:
Usa las camisas al revés, responde al alias "Esnipe", combina sus zapatos tenis con cualquier tipo de ropa que lleve puesta, y tiene la manía compulsiva de corregir los errores ortográficos de otros.

Cargos imputados:
Atentar contra el orden público en centros comerciales, asalto a personas ebrias, censura de la libertad de prensa, difamación, fraude e irrespeto a la autoridad, para lo cual habrá una pequeña multa. Pero también piratea emepetrés, por lo cual tendrá tres años de cárcel o $1,920,000 de multa.


 

Y a su izquierda tenemos una Aniuxa. La Aniuxa es un ser extraño con cuatro (cinco-uno aún no lo usa) blogs activos. Una carrera de economía. Se sabe que este especimen gusta de la poesía. Parece que algunos han demostrado que intenta escribirla. Otros dicen que escribe cuentos. Dicen que estudia demografía y que le encantan las bases de datos. Pero lo poco irrefutable de este ser es que no maneja bien. Es un desastre en los deportes. Dicen que usa lentes y no le gusta ponérselos y se golpea con los muebles porque no calcula los espacios. Tiene siempre moretes que no se acuerda cómo se los hizo. Las Aniuxas aman a sus sobrinos y los añoran siempre. Esta Aniuxa en específico está fuera de su habitát. Sí, sí, no es normal ver a una Aniuxa desde la ventana de mi submarino. Seguramente extraña las pupusas y la playa salvadoreña y no le molesta ser extranjera, pero no-mames-güey le molesta que se le pegue el hablado mexicano. Eso es desastroso es una Aniuxa. Oh! El pelaje de esta Aniuxa es extraño... tiene canas! para ser una Aniuxa tan joven no debería tener esas diez canas en su lado derecho...Esta Aniuxa habla!... ¿Qué dice?... La Aniuxa dice que es una hormiga de tamaño humano. Capaz de levantar veinte veces su propio cuerpo. Y es que, hay que aceptarlo... esta especie muy normal no es.

Yo: ¿Cómo te llamas?
Espejo: …
Yo: ¿Te llamas tres puntitos?
Espejo: Como no dije nada, los tres puntitos es la forma universal de decir que no respondí.
Yo: ¿Por qué seguís usando tu nombre anónimo si alguna blogueros salvadoreños hasta te conocen?
Espejo: Tengo mis razones. No empecé a escribir las opiniones sobre lo que veía en mi país para ser reconocido o conocido, sino solamente para decirlas. No me respalda, ni me acusa nada, solo soy una persona salvadoreña escribiendo sobre su país. En algunas cosas, algunos estarán de acuerdo y en otras no.
Yo: ¿Estado civil?
Espejo: De alta. Desde que nací, soy civil y fui dado de alta en ese estado. Los militares cuando se hacen militares se dan de baja al estado civil y se dan de alta en estado militar.
Yo: ¿Te queres hacer el chistoso o es solo que no podes contestar sin divagar?
Espejo: Estoy casado.
Yo: ¿Por qué escribís?
Espejo: Me gusta leer. De todo. Creo que después de leer un poco, a cualquiera le entran ganas de escribir, aunque nunca lo haga como oficio, medio de ganarse la vida o alcance la calidad de lo que lee.
Yo: ¿Queres tener hijos?
Espejo: … ¿Y sembrar un árbol? ¿Y escribir un libro? Sé que seré padre en el futuro, ya sembré arboles también. Es una gran responsabilidad, espero estar a la altura.
Yo: ¿Qué clase de música te gusta?
Espejo: Romántica en español e ingles. Y un poco del que le llaman “Smooth Jazz”. No soy muy conocedor, ni estoy al día de lo último en la música y puedo pasar días sin escuchar música. De hecho, el tema de esta semana es una canción de un grupo que no conocía bien e incluso pensé que no la había escuchado nunca hasta que me di cuenta que la canción es la canción tema de un programa de televisión al que soy asiduo: “CSI: Crime Scene Investigation.”
Yo: ¿Qué programas de TV miras?
Espejo: En realidad, no veo mucho, no porque no me guste, sino porque solo la veo en casa y mas bien casi nunca estoy en casa. Veo el programa que mencione antes, “Friends”, “Two and Half men”, “Bing Bang Theory” y “The Simpson”. Tengo mucho tiempo de no ver noticieros salvadoreños. Ahh, también veo “American Idol” porque le gusta a mi esposa.
Yo: ¿Por qué quien votaste en las últimas elecciones?
Espejo: Por nadie, los espejos no votan.
Yo: ¿Apoyas alguna tendencia política?
Espejo: No
Yo: ¿Qué te parece el presidente elegido?
Espejo: Le deseo lo mejor en su gestión. Yo pagare puntualmente y sin engaños los impuestos que me toquen, como mi aporte.
Yo: ¿Creencias religiosas?
Espejo: Bastantes.
Yo: ¿Deportes?
Espejo: Le voy al Real Madrid y al Águila. Sin fanatismos. Casi nunca voy al estadio, me cae mal el aficionado promedio salvadoreño. Apoyo a la selección de futbol pero nunca me han alegrado un día sus logros, tal vez eso cambie en el futuro.
Yo: No, ¿Qué si haces deporte?
Espejo: Los Espejos no hacemos muchos. En general, solo caminatas de 20 minutos cada 2 días. En tiempos de estudiante jugué futbol y basquetball, pero ahora solo lo hago muy ocasionalmente.
Yo: ¿Qué es lo que más te gusta de la blogosfera salvadoreña?
Espejo: Que crece. Cuando empecé a escribir en marzo de 2005, habían pocos blog de salvadoreños escribiendo y algunos lo hacían en ingles, pensando que era una especie de “moda anglosajona” creo yo. Hoy, escriben tantos que no puedo leerlos o comentarlos a todos, pero creo que muchos perciben que serán leídos por sus compatriotas y eso me gusta.
Yo: ¿Un “tiro al plato” final, ¿te parece?
Espejo: bueno…

Un libro: Cualquiera de Agatha Cristie
Una canción: Cualquiera de Luis Miguel o de Euge Groove
Un lugar: Costa Rica o Napa Valley, California
Un personaje: Saulo de Tarso ó mis papas.
Un lugar: Mi casa
Una comida: Carne asada o camarones con chiles pimientos
Una bebida: Café ó una copa de vino
Una marca: Acer, la marca de mi computadora

Yo: Te dije una cosa y casi siempre me dijiste dos…
Espejo: Lo siento.

La patria es tantas cosas como nuestra memoria y nuestros afanes puedan volverla.
Fiera Patria - Ángeles Mastretta.

El país no es feo, fijate. Tiene un detestable nivel de misoginia y homofobia, maltrato infantil, maltrato animal, locus de control externo, deconocimiento histórico (maquillado jeñoritas cachiporristas y despliegues militaristas), dogmatismo religioso, veneración a figuras mediáticas, salvajismo vial, inaccesibilidad para personas con discapacidad, analfabetismo, corrupción, guerras partidistas, poco impulso a artistas nacionales de calidad, desdén por las carreras sociales y humanísticas, casas-fortalezas rodeadas de razor, murallas y vigilantes privados, un ecosistema enviado a la mierda, altísima vulnerabilidad socionatural, además de la violencia física y simbólica como base de las relaciones interpersonales.

Pero no es feo, fijate. En general, me gusta vivir aquí. Sí me gustaría irme a ver el mundo, e intuyo que los contrastes percibidos entre mi cultura y otras, me harían no querer volver a la propia. Cuando estás lejos, te lo pensás dos veces. Por seguridad personal, porque hay más oportunidades y apreciación por mi quehacer, por paz mental...por instinto de supervivencia. "Volvería si *inserte fenómeno* fuera diferente". Pero eso es lo que me mantiene optismista; un país siempre puede ser diferente. Incluso, mejor.

There's so many strange places I'd like to be
But none of them permanently

So if I should visit the moon
Well, I'll dance on a moonbeam and then
I will make a wish on a star
And I'll wish I was home once again

Hablar de El Salvador, es hablar de personas desaparecidas, es tratar de hablar con objetos demasiado viejos o rotos por completo, es querer percibir olores que ya desaparecieron, es tratar de no sentir nada por la gente descalza en la calle. Hablar de este país es tratar de ver la vida con un espíritu bastante parecido a lo absurdo, porque aún con todos los desencantos que vivimos a diario le entregamos un poco de amor, de compresión, de nostalgia y también de odio, de incomprensión y de indiferencia. Porque aquí todos siempre esperamos algo de vos, no sabemos a ciencia cierta qué es, pero sentimos siempre que algo está por llegar, tal vez la cura a las heridas que nos has abierto, tal vez el amor o tal vez la muerte. Existen ocasiones en que no tengo ganas de hablar de vos, ni de escribirte, ni de describirte y quisiera huir, pero no importa a que lugar llegue siempre serás el mismo. Y el tiempo, siempre el tiempo vuelve lentamente con su constante pasado y nos hiere sutilmente y es ahí donde recuerdo los gritos que rompen el silencio El Salvador rojo y enlutado, sí, lo recuerdo. Y hablamos de vos y hablamos de esperanza, de desilusión, de reclamo, de injusticia, de impotencia, sobre todo de impotencia.
Hablar de nuestro país y pensar en las notas de los periódicos: "Septiembre inicia con 13 asesinatos diarios". Y pienso en los agentes policiales sin paga a fin de mes, y en los arzobispos predicando el odio, y en la gente que pasa hambre hoy, y aquí llueve y la gente muere, y "uno tiene en las manos un pequeño país/horribles fechas/muertos como cuchillos exigentes/obispos venenosos" Y entonces quisiera tener esperanza, creer en la paz mundial como muchachita de certamen de belleza, pero no puedo, al menos no hoy, tal vez un día "El Salvador será un lindo/ y (sin exagerar ) serio país..." (R. Dalton)

PD: Hace algunos meses escribí algo de esto en mi blog y para mi aún posee vigencia, así que no pude evitar postearlo acá, aunque el final es nuevo.


Soy salvadoreño. No me pierdo un partido de la Selecta. Tengo mis deudas. He ido a la Feria en Agosto. Llego tarde a casi todo -aunque no me gusta hacerlo. Y me encanta las pupusas. Soy salvadoreño pero no 'guanaco'. No, guanaco no. Para empezar, los guanacos son unos animalitos de Perú similares a las llamas, vienen a ser más o menos como primos de ellas, no son nativas de estos lados. Por otro lado, allá por el siglo XVII, cuando España permitió el libre comercio entre Perú, Nueva España, Nueva Granada y la Capitanía de Guatemala; nuestros compatriotas fueron apodados 'guanacos' por su resistencia similar a la del animal, por un parte, pero principalmente por otra característica: son tan mansos que rozan lo estúpido. Es decir, les ponían cualquier carga y ahí iban sin protesta alguna. Es más, el diccionario dela RAE, define al guanaco como "persona tonta, simple". Y ni soy simple ni tonto, simplemente salvadoreño.
Como pueblo hemos cometido errores, 'cagadas' como decimos acá. Y quizás no hemos aprendido nuestras lecciones. Y, quizás también, nos hemos dejado, boquiabiertos, de aquellos con brillantes espejitos. Pero si nosotros mismos nos autodenominamos simples y tontos, qué esperanza tenemos. Y ahí van algunos, con el 'guanaco' como estandarte, ahí esta la 'guana-cola', la 'Guancosband' y la 'guana-raza'. Incluso hay una mascota infantil de cierto periódico que usa una variación de la palabra -claro, no me extraña una cosa así de este periódico...
Y bueno, me quedo acá, ya voy algo tardecito.

Vivo
en ese país
donde nunca la contradicción
fue tan concreta:
la gente huye para querer volver
se destruye para sobrevivir
se muere para ir viviendo

en ese país, contradicción,
fantasía nada fantástica,
alegre tristeza,
rico conjunto de precariedades

en ese país, menguante en expansión,
cada vez más reconstruido:
resiliente pueblo emocionado
pequeño y quejoso tirano de sí mismo

en ese paisitito, nombre pomposo,
dividida unión contrahecha,
retumbo quedito,
desesperante esperanza,
llena ausencia,
rica pobreza

en ese paisito, plural mío,
tierra donde apenitas se hace nombre de Dios

Pedacito de mundo belicoso

quien más te ama es el apátrida

que puede verte como en realidad sos.

País.

Pues es díficil hablar de país cuando uno está lejos. El país es un imaginario. Una idea. Algo. Y todo. Y una definición. Y una nacionalidad. Y unos frijoles rojos de seda inigualables. Y mi afición por la selecta -totalmente nula antes de mudarme a México.

Hace un par de semanas me compre un libro coordinado por Marina Ariza y Alejandro Portes que se llama "El País trasnacional". Claro, es un libro sobre migraciones. Es un libro grande. De bonita edición. Que quiere dar cuenta de todo eso que pasa en la "frontera". No lo he leido completo. Pero si pueden encontrarlo por ahí se los recomiendo. Pero cuando a uno le llega el miércoles con el correo fatídico del tema para la semana, al decir "País", no pude evitar acordarme de este libro. Y pensé en mi país. En mi país trasnacional, en mi país trasnacional en el que vivo.

Y es que las fronteras se desdibujan demasiado. Y pareciera que a veces sigo en El Salvador. Como cuando se puede hablar por ahí con un compatriota. O como cuando me echo más de dos horas hablando por el skype con mi familia. Y poder tener conversaciones por chat con mis amigos de qué tal te fue el miércoles, fuiste a la clase que me dijiste, o fuiste al cine. Porque no estoy desconectada. Veo ocho en punto casi todos los días en youtube. Cuando me cambio en las mañana veo la entrevista del 21. Además siempre medio reviso los feeds del diario de hoy y de la prensa.

Y mi país pareciera que con sus 21 mil kilómetros cuadrados es elástico y se hace grande, tan grande que llega a un pequeño cuarto de una unidad de por ahí por ciudad universitaria, entre tanto millones que habitan el distrito federal. Mi país es quizá cuántico, no importa ni el tiempo ni el espacio. Y mi país es entonces hermoso. Porque es una idea. Una idea es siempre menos dolorosa que cualquier cosa.

Y cuando me doy cuenta que el país en el que vivo está en mi cabeza, no hay manera en que no "sienta" que estoy lejos. Porque sí. Mi país no se siente. Mi país trasnacional se imagina. Se imagina, es un ideal que cuando quisiera otra vez acordarme de la sensación de estar abrazando a mi gente, pues no hay medio de comunicación que me quite la idea que estoy lejos.

Y el país se quiere. Se piensa. Se dibuja. Se reconstruye. Se construye. Constriñe para pensar. Porque ser salvadoreño implica a veces pensar como salvadoreño. Y ser a veces poco optimista. Y a veces libera, porque ser salvadoreño implica soñar como salvadoreño. Y pensar que mientras re-leo los feeds terribles de noticias, hay alguien que se está riendo, hay alguien que está siendo lo que siempre hemos hecho. Hay alguien que no tiene nada que ver conmigo, sólo haber nacido en esos 21,000 kms cuadrados (o en los bolsones pues) que se siente unido a mí, sin que me conozca, sin que sepa que escribo estas líneas desde lejos. Pero sabe que hay algo, tan casual, como el nacer que nos ha unido, de manera extraña.

Y pareciera entonces que todo se reduce a que la soledad es menor con gentilicios. Y quizá, de eso es de lo que se trata la palabra "patria". Una dulce cama de imaginarios para soñar.

"... el maestro dice que morir por la fe es una cosa gloriosa y papá dice que morir por Irlanda es una cosa gloriosa y me pregunto si en el mundo habrá alguien que quiera que vivamos"

Frank McCourt, Angela's Ashes


Hay poco mérito en amar aquello que te fue impuesto.  Nadie -sano- va por la vida diciendo "hemofilia, te amo", "voz de operadora, te amo", "tasa de vialidad, te amo". Eventualmente uno aprende a amar aquello que ha tenido siempre, si  no a vivir con ello: se acostumbra al lunar en el cuello, al calor maldito de marzo o al aburrimiento narizón de septiembre. La soca, no hay de otra.

Amar a tu país es como estar junto a un cónyuge enfermo e inmóvil, sólo hay dos opciones: o pasan sus días en silencio, viviendo en la misma casa pero con vidas paralelas o decidís tomar su mano y servirle hasta el fin de tus días. En principio uno no escoge a su cónyuge, dudo mucho que uno sepa la magnitud del huevo al que se mete cuando se casa, con el país es igual: el ruletazo determinó que nacieras en la Tierra de las Joyas, que tu sangre fuese resultado de la mezcla del añil y la gonorrea y tu herencia una de sudor de zafra y riqueza de reinos extintos. Como al cónyuge, lo más fácil es conocer sus achaques y evadirlos, no llevarlo al doctor.  Como sea, uno siempre tiene opciones.

Como en el matrimonio, la sociedad intenta empujarte a "lo correcto" mediante ritos: ceremonias vacías -de contenido y de palabra-los lunes, himnos acartonados, oraciones a la oh belleza de lo que estás harto de ver a diario.  Como en el matrimonio uno ve las cosas tiradas, las montañas de basura, el vecinito entrador que se lleva las verduras del patio, el chucho que se caga en la puerta, el bichito -panzón, desnutrido y analfabeta o tatuado, rapado y también analfabeta- que no se calla, y dice a gritar y desesperarse. No alcanza el pisto y el cónyuge no sabe adónde fue a parar. Y a uno se le empieza a ir la paciencia. Dependiendo de la agresividad del asunto, uno puede llegar a los vergazos. Aparece la sangre, que nunca es justa, por mucho que se llore. Y la falsa ilusión de morir para vivir. 

Finalmente, como en todo matrimonio donde las cosas se ponen turbias, uno puede hacerse el loco y eventualmente agarrar sus tiliches. Uno puede salir corriendo, dando portazos y jurando nunca regresar. Puede putear, alto y con las ventanas abiertas, que todo mundo sepa la mierda de casa en la que le tocó parar. Esa es una opción. Otros eligen, por el bienestar de ambos, ir a trabajar a otro lado, porque no pueden estar juntos más, porque el otro te está haciendo la vida imposible, uno puede elegir irse provisionalmente y volver más fuerte, más sabio o menos pobre. Y la patria, que es una mujercita victoriana, lo recibe siempre contento a uno.

Existe una opción que poca gente toma, viendo a la patria-cónyuge toda hecha mierda como está, con el hedor a sangre seca y caca y las moscas volando. Hay quien se prepara con escobas, guacales y cal. Hay quien elige socarla. Y la patria-cónyuge sonríe.


* Fragmento de "Por qué escribimos", de Roque Dalton. Encontrado en "La ventana en el rostro".

I.
Lo que más quiero es lo que me da más miedo. Pero hace algunos días tomé la decisión. Lloro al pensar en cruzar el charco y dejar toda mi vida en otro continente. Pero todo tiene un precio y el que yo debo pagar es el desarraigo. Temo mi última mañana aquí, temo las despedidas, temo dejar cosas/personas y no encontrarlas cuando regrese. Cuando reciba la noticia, voy a decirle a mi mamá que tengo miedo, y ella estallará en lágrimas y me dirá que no hay nada qué temer. Y tendrá razón.

II.
Por el miedo, perdimos muchos libros; el miedo nos obligó a romperlos, quemarlos o enterrarlos, en caso de que catearan la casa.
Por el miedo, mis papás y nuestros vecinos salieron a medianoche, hasta un riachuelo a varias cuadras de la colonia; ahí fueron a tirar las armas que alguien dejó en nuestra casa.
Por el miedo, mi familia se fue exiliada a Panamá. El tío de un poco ilustre ex presidente de la República amenazó de muerte a mi papá, acusándolo de comunista, alcarabán chuzudo, traicionista y rectil.
Por miedo, me leían cuentos. No entendía por qué los colchones en las ventanas, pero eran señal de que se venía una historia interesante, amenizada por el ruido blanco de las balas.

III.

"¡Es irritante no saberlo todo! ¡En todo el mundo se habla del miedo! ¡Los pueblos más débiles conocen el miedo, y nosotros no! ¡Nosotros que lo conocemos todo, nosotros que lo sabemos todo! [...] Parece ser que el miedo da alas, por Odín...¡el miedo nos permitiría volar como pajaritos! Propongo que partamos hoy mismo hacia los lugares en los que se conoce el miedo. Sembraremos la destrucción, si es preciso, pero descubriremos el secreto. Y os prometo que el mundo entero podrá decir con admiración: ¡los normandos saben lo que es el miedo! ¡Los normandos son los más miedosos de todos!"
Olaf Grosenbaf - Asterix y Los Normandos.

IV.

Tengo miedo a ser olvidada y a hundirme en este pantano. Pero el miedo existe por una razón, el miedo sirve para algo. Y de repente tengo toda esta energía para salir corriendo, en dirección contraria al peligro, en dirección contraria a vos y a tu pantanoso olvido de mí. Luego de todas estas millas recorridas, hoy soy una persona más consistente, una persona de quien muy esporádicamente recibirás tarjetas postales. Y entonces tu único consuelo será adjudicarte el crédito por haber sido el protagonista de mis pesadillas.

Que no tuviera miedo me dijiste, pero siempre lo tuve, te tenía miedo a vos y a tu mirada inquisidora, a tu castigo, a tus palabras, a tu llegada. Ahora es mi cumpleaños número veintitrés y ya no le tengo miedo a las luces apagadas, duermo tranquilamente, camino por las calles de madrugada y no le tengo miedo a la ciudad, y mirá que aquí debería tenerle miedo a todo, y además no le tengo miedo a dios porque ya no creo en él y ahora tampoco tengo miedo de decirte estas cosas. Pero al final yo siempre he tenido miedo, miedo a no decir las cosas a tiempo, a hacerle daño a alguien, miedo a las noticias de mañana, miedo a no obtener mi licenciatura, a no tener una maestría y un doctorado, miedo a perder mi trabajo, miedo a no cumplir mis propias expectativas, miedo a no volar, a no ser yo, a eso si le tengo miedo, mucho miedo.

Cuando a mi mamá le dijeron, allá en aquel octubre de 1986 que estaba embarazada de este engendro que en este instante digita, entró en pánico. Mi mamá, asumo, no quería tener una hija, supongo que no quiso repetir  la historia en su mente: A una la crían cruzando las piernitas, sentándose como las señoritas. La hacen caminar por la sombra para no derretirse. Le enseñan a dar los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches. La enseñan a coser, incluso los jesuitas la sientan a una a hacer sobrefundas en cadenilla con hilito azul cielo. La llevan a misa, bien devota ella. "Bien sedita la niña", la comparan a una con un pedazo de tela, habrase visto.

Después una crece. No sale a la calle, eso no lo hacen las señoritas de su casa. Del colegio a la casa, de la casa al colegio. Del cuarto a la cocina. De la mano del padre a la mano del marido. Se convierte en d'esas criaturitas que se suben a la silla del comedor ante la roedora presencia gris que corre debajo de la mesa, que llora cuando se posan mariposas negras en las puertas. Que ignora los moretones en sus mejillas porque son un arranque y él me quiere.

Y sigue el círculo.

Optó, entonces, mi madre, por dejar que mi papá me criara. Ahora, cuando mi yo-rosadito dice "mamá, tengo miedo", mi yo-aliancista dice "soque*, que ya alcanza el timbre", me muerdo la trenza y me hago la maje. O no. 


* Sé que es "zocar", pero es completamente contranatura.

Mi mamá me dijo que me dejara de babosadas, que enfrentando mis miedos me iba a liberar de ellos. No sabía ella del miedo informado, de ese alimentado por la realidad, por la evidencia. Que yo tuviera miedo de él y que él no tuviera en absoluto miedo de mi y de las consecuencias de lo que fuera que pudiera hacerme, que el fuera tres años mayor, tres veces más fuerte, tres tallas más grande. Que él hubiera mandado tres compañeros a la enfermería la semana pasada, que nadie entrara al baño cuando él estaba adentro, que nadie se atravesara cuando le pegaba a la pelota, que nadie le negara el refrigerio o invitarle a una paleta de coca. No, ella no sabía de la evidencia, de los dos que aparecieron con yesos los intramuros pasados, de los que le dejaban el asiento de atrás del microbús para él solo. Ella no sabía de la autoridad de sus puños, de la represión a pura patada.

Y como no sabía, heme aquí, un viernes que hay reunión de profesores. Tiene dos horas para decidir donde hacer realidad mi miedo, al nomás toque la campana.

Franklin tiene apenas ocho años, y vive a la orilla del mar, junto con su familia. Siendo el mayor de tres hermanos, y con uno más en camino, pasa su día entre ir al colegio y ayudar a pescar a su papá y cuidar a sus hermanos menores. Una vida relativamente tranquila, siempre y cuando su mamá trabaje lo suficiente para que todos puedan comer. Doña Marta, su mamá, trabaja todo el día en prepararse para echar tortillas, mientras que Don José se va la mayoría de días a pescar al mar.

Los días pasan en la vida de Franklin sin mayor complicación, excepto esas ocasiones en las que su papá suele llegar ebrio a su casa. Quien más, pues, que el hermano mayor para llamar a sus hermanos dentro de la choza de paja que llaman casa, y esconderse un rato mientras su madre intenta calmar a José. Muchas veces esas discusiones solo duran un par de horas, durante las cuales los hermanos pasan juntos, con miedo, mientras esperan con ansias que su madre entre y les diga "ya pasó, ya pasó" con esa voz quebrada que imprimiría tanto dolor a cualquiera. Claro que para ellos, es una sensación de alivio, y más para Franklin, quien se la ha pasado el último par de horas evitando que sus hermanos lloren todo el rato.

Así, la vida se le pasan de forma rutinaria. Algunos episodios de ebriedad de su papá son más difíciles que otros, pero no parecen pasar a más. El miedo es algo cotidiano, supone, y por esto, él reunía a sus hermanos cerca de la casa en caso que comenzara a anochecer y su papá no hubiera llegado. Al principio Franklin sentía ciertas ganas de ponerse a llorar, más cuando su papá le pegaba a su mamá, pero con el tiempo, aprendió a asimilarlo sin sentir el nudo en la garganta. Claro que esa sensación de vacío en su estómago nunca se fue, más al tratar de callar a sus hermanos quienes nunca dejaron de asustarse. Por suerte, su mamá religiosamente los tranquilizaba y los ponía a dormir cuando todo hubiera pasado, y su papá se quedaba dormido en alguna hamaca, afuera.

Un día, finalmente la rutina llegó a su fin. Mientras Franklin notó que su papá llegó botando un par de sillas cerca de la entrada de la casa, y pegándole a su mamá con más energía que lo normal, él se fue con sus hermanos adentro, y se acurrucaron en el piso, como siempre. Pero esta vez, los gritos de desesperación de su mamá se volvían insoportables. Franklin dejó la seguridad para salir a auxiliar a su madre, recibiendo un golpe de recompensa: su papá le dejó ir uno a su hijo por metido. Esta vez su papá no estaba enojado porque no le dejaron tortillas, o porque la mamá se gastara algún pisto, sino porque según él, lo estaba engañando. Algún vecino con mala intención le comentó sobre el encuestador que llegó y pasó media hora sentado en la casa mientras la señora echaba las tortillas. Ya no eran necesarias las explicaciones, le decía José mientras le pegaba a su mujer en la cabeza con la hoja del machete, y la botaba desde la esquina de la mesa, al suelo. El señor, al ver lo que había ocasionado, se dio la vuelta y se fue, caminando con dificultad, mientras Franklin le gritaba a su mamá para levantarla: "¡ya pasó, mamá, ya pasó!". Ahora lo último en lo que el pequeño piensa es en dormirse tranquilo.

María busca entre el bolso las llaves de su casa. Hay un silencio sepulcral que sólo se interrumpe por los ruidos entre todas la cosas que suele coleccionar en su bolso. Lápices, papeles, maquillaje, una engrapadora, un cenicero, una botella de coca cola light a la mitad, la billetera con sus documentos, el monedero, el celular, una pequeña libreta. Todo revuelto, con las ansias de escuchar las llaves contra alguno de los objetos. La mano en la cartera mientras se mira hacia arriba, como si de arriba viniera la señal de que ha encontrado las llaves.

No encuentra las llaves. Las ha dejado en algún lado. María se muerde el labio. Trata de tener calma. No sabe como entrará a su casa. Le dieron "ride". Y el que le hizo el favor de irla a dejar no es de esa gente semi-normal que espera a que las personas logren entrar a su casa. María no puede lograrlo. No sin las llaves. No a las tres de las mañana.

Los objetos van saliendo de la cartera. María se sienta junto a las macetas que están de adorno junto a la puerta.

Se queda profundamente dormida, porque el alcohol hace también parte de su trabajo para evitar sentir el "sereno" de la noche.


Amanece.




-¡¡¡Aquí estás!!!

-Sí

-¿Aquí dormiste?

-Sí

-¿Por qué?

-Tenía de miedo de tocar la puerta.

Qué miedo, en serio...

De que si la primera vez fueron los europeos, esta vez son las donas las que nos quiten la independencia. De que la profecía de la cadena se cumpla y esta noche se me aparezca la Martita y me jale los pies. Del chupacabras. De que el gatonejo se fusione con el cadejo y digievolucionen para crear el ser más espeluznante del que se ha oido. Del fantasma del chele Torres. De las pantallas azules, de morirme en este país y no volver a ver una 101 D (¡no, por favor, no!), de despertarme un día y ser Faitelson, de agarrar hongos en los pies en una piscina, de que la pupusa de ayote que pedí me la traigan de chicharrón, y de que se den cuenta que me río de la Luciana, pero que secretamente muero por ser igualita a ella. Y eso es solo el principio.

Estoy harta de esta cultura de miedo. Es que hoy ya no puedo comerme un churrito Diana sin que uno que otro me salga con que:

a) El empaque no es biodegradable, y va a estar aquí millones de años

b) Tiene no sé cuántas toneladas de calorías, y otras tantas de colesterol, que van directo a tapar tus arterias

c) Los colorantes los fabricó un pobre niño del cantón La Chorrera (existe, existe - ¿quién elige los nombres de los cantones?) que trabajaba todo el día para mantener a sus dos hermanitos y a su hermana que se acaba de acompañar

d) Las toneladas de cancerígenos que no se van a mi cuerpo terminan matando a los camarones que habitan el Cuco

e) Por cada Quesito que te comés, una persona instala Windows Vista

f) Nadie en Twitter followea a los que comen quesitos

Y la lista podría continuar para siempre. Terrible.

Digo, no es que esté mal cuidarse, pero vamos que en lugar de sembrar una cultura de pánico alimenticio, mejor que todo sea orgánico, biodegradable, y barato y todos terminamos felices. Pues es que hoy si no querés que la m-u-e-r-t-e te agarre, tenés que gastar millones y millones de las invaluables moneditas para comprar orgánico, biodegradable, sans ácidos grasos trans, libre de crueldad, sin azúcar, sin grasa, sin calorías, prácticamente inexistente, etc. No solo en el campo de batalla gastronómico se ha esparcido el miedo, sino que en todas partes hay que temerle a algo: cuidado cuando sacás algo del microondas, no andés el celular en la bolsa, si andás dinero te asaltan y si no, pues te matan; y así sucesivamente. Todo para que al final: te murás. Y lamento esto, pero a la muerte no le va a importar si estabas en una dieta de 1,500 calorías orgánicas al día. Un día te puede dar un cáncer de pie fantasma y vos ni idea de dónde salió eso.

Que no está mal ver a los dos lados antes de cruzar la calle, ni evitar ponerte tu camisa que dice “ACABO DE IR A SACAR DINERO DEL CAJERO”. Tampoco digo que intentemos sobrevivir a base de Pollo Campero y boquitas Diana (hay más de algún ejemplo por ahí, de seguro) para fomentar la obesidad mórbida, pero pues, comámonos esa bolsa de quesitos al menos una vez al mes.

Total, si ya ni en tu propia casa podés estar sin tener miedo, al menos que cuando te lleguen a baliar estés con la barriguita llena de suaves, crujientes y deliciosas calorías vacías cubiertas por esa salsita de queso levemente picante y con un toque á la jardinesdelrecuerdoix. Al menos de morir con antojo de churritos no vas a tener miedo.

Jack Fitzgerald Malasuerte sacó su doctorado en alguna ciencia, y se negó a considerar la "mala suerte" como un factor causal de las desgracias que le ocurrieran a él o a terceras personas. "Tomen la película 'just my luck' con Lindsay Lohan", le decía a sus alumnos, quienes se reían bajito ante la mención de algo tan cultura pop. "Muchas de sus desgracias son producto no de la mala suerte, sino de errores evitables...quemarse al cambiar una lámpara no es mala suerte, es descuido si ustedes primero no apagan la fuente de corriente".

Y no es que Jack Fitzgerald Malasuerte cayera en el Error Fundamental de Atribución, es decir, una excesiva psicologización del quehacer humano. Estaba conciente de que muchas veces el entorno nos juega una mala pasada, pero afirmaba que esto era así por un efecto dominó fruto de las acciones de otros [véase "el ruido de un trueno" de Ray Bradbury, y el loable sitio web "fuckmylife"], y no porque haya un Gran Poder tratando de jodernos. El reforzamiento supersticioso, como llaman los conductistas a la ilusión de que un elemento dado es causa que produce un efecto, le era sumamente fascinante en tanto constituía un ejemplo de seres vivos con sistema nervioso central intentando controlar un entorno incierto (demostrado en el laboratorio con la rata que aparea la conducta de rascarse la oreja con recibir una bola de concentrado, el toco-madera, y el tómala-que-es-tuya de hacer la señal de la cruz antes de un examen).

Una mañana de su año sabático, el segundo que se tomaba desde haber adquirido su status de intelectual, Jack Fitzgerald Malasuerte escuchó sonar el teléfono y mientras se dirigía a contestarlo sonó el timbre, a la vez que su perro saltaba en dos patas para que le diera de comer. Si alguien se lo hubiera preguntado, él no lo hubiera definido como mala suerte, sino como tres entes haciendo demandas al mismo tiempo, cada uno sin saber de la existencia del otro; eso no era malo per se, sólo incómodo y frustrante para él.

Jack Fitzgerald Malasuerte se paró a la mitad de su casa para jerarquizar las tres demandas de su entorno, pero su lóbulo prefrontal se inhibió ante la presencia de una araña en su brazo, que acababa de brincar desde un pintoresco cuadro aledaño. Él era alérgico a los arácnidos, no por mala suerte si no por una condición genética heredada del lado de su madre. Se puso a brincar como su perro para zafarse del agente que le cerraba las vías respiratorias, cosa que le daba histeria, pero se desmayó al cuarto brinco -por la histeria y no por la hipoxia- y al caer se golpeó la cabeza con una mesa. Su perro llamó al 911 y la ambulancia llegó a los dos minutos, porque el personal de la misma estaba a una cuadra de su casa (¡qué buena suerte!), comprando queso crema en la tienda de la esquina.

Cuando Jack Fitzgerald Malasuerte ya estaba siendo cargado en la camilla, uno de los paramédicos se deslizó y la volteó, y el paciente cayó al suelo. Por suerte...más bien, por causalidad estructural, el paciente estaba inconsciente y no se dio cuenta. El daño, aunque considerable, no fue mortal y sólo requeriría un par de meses de ejercicios terapéuticos. Lo que casi le cuesta la vida fue el dengue hemorrágico que le dio en el hospital, por un pequeño grupo de zancudos gitanos que anidaban en un charquito en uno de los patios del nosocomio. Con todo, sobreviviría alegremente sin secuelas. Después de que su doctora le diera esta buena noticia, ella salió de la habitación y se acercó a un par de enfermeras, diciendo en voz baja: "¿ya vieron el nombre de este señor? Jack Fitzgerald, casi como el presidente aquel".

No, él nunca ha querido firmar el divorcio, aún viven juntos por la depresión económica y otras malas suertes. Esa mañana después del café, ella le dijo que no se olvidara de firmar los papeles, que era absurdo no hacerlo, que no le iba a costar más que cinco minutos. Él dejó el café a la mitad y se fue, la dejó hablando sola, no quería firmar, sabía que ahí se acabaría la esperanza y qué iba a hacer él después con toda la vida, ahora estaba amargado, se sentía enfermo, en su mente le llamaba puta vacía, sí, eso es lo que es una puta vacía, se lo repetía y le dolía y caminaba y le volvía a doler, de pronto sólo escuchó el sonido de un carro y el de su cabeza contra el asfalto, le dolían hasta los ojos, no podía moverse, creyó escuchar gritos, voces quejándose de su tragedia, no podía moverse, ya no podía nada.

El cigarro esta apunto de terminarse. Es el último que me queda, no tengo necesidad de ver la cajetilla para saberlo. En el cuarto, medio a oscuras, gris, era la última luz que quedaba y ahora se extingue. Le doy el jalón final y lo tiro al suelo. Hay un silencio fúnebre en la toda la casa. Y es que la Lola se fue esta mañana, iba perra, con todas sus cosas y algunas mías. Sé que se hubiera llevado el carro si no fuera porque lo choqué ayer y quedo hecho una mierda. No me da cólera que se fuera, era muy gritona. Lo que si me encabrona es que dejo la puerta y se salió el perro...
Tengo hambre pero la cocina esta vacía, no hay nada, a excepción de un queso apestoso que esta en la refrigeradora desde el día en que nos mudamos al apartamento.
Me aflojo la corbata. Aún tengo en el bolsillo de la camisa el cheque de mi liquidación, una miseria. Miro el pedazo de papel y lo coloco sobre la mesa, justo sobre la aún humeante colilla del cigarro.
La Mala Suerte ha llegado y esta esperando a que la oscuridad sea completa... Sé lo que tengo que hacer, no hay otro camino. Me acerco a la ventana, despacio, sin prisa. Veo la calle medianamente iluminada, con matices grises. Decir adiós siempre es triste. Pero la Mala Suerte esta ahí, rondando, tengo que elegir a alguien para cambiar vidas...
(¿Continuará?)


La administración pasa a felicitar al joven Víctor, cuyo natalicio se conmemora el día de hoy.


:)

A I.V.,para volverla a rozar aun solo con mis palabras


Anoche hacía un silogismo en un cuaderno verde. Aparecía tu nombre, tu floral nombre, tu multicolor nombre, tu punzante nombre que recuerdo desde mis temerosos seis años. Aparecía bordado con mis feas puntadas de tinta azul junto a una flecha que apuntaba a Cortázar. Un click, un fuerte y delicioso click repetido en algunos momentos, nunca una lectura sostenida, nunca una plática que se extendiera tarde a tarde. Pequeños cortos vinieron a mi mente, desvelándome:


Yo, huyendo de los más grandes y vos rehuyendo del griterío general de esa casa convertida en colegio.
Vos y yo, tomados de la mano de camino a la escuelita con el mural de Pinocho.
Vos, recibiendo flores de un romántico de seis años.
Yo, buscando mi identidad de grupo con los vándalos que teníamos por vecinos.
Yo, jugando a ser malo esa vacación.
Vos, viendo de reojo mis adolescentes poses.
Yo, esbozando un atisbo de sonrisa.
Yo, pasando frente a tu casa apagando un cigarro con cuatro o cinco libros bajo el brazo cada viernes. 
Vos y yo, platicando, con la sensación dulce de lo que podíamos ser.
Vos, leyendo mis poemas, traduciendo mis garabatos y mis intenciones. 
Yo, queriendo encontrar un espacio en tu tiempo.
Vos, sorprendida de verme tomado de otra femenina mano.
Yo, diciéndote que deberíamos recuperar el tiempo que no invertimos en nosotros.
Vos y la sonrisa de tu familia, viéndome sentado a tu lado en la acera de tu casa.
Yo y las heridas que veías en mis ojos y que yo negaba.
Vos, intentando explicarme tu horario complicado.
Yo, viendo mi ausencia en tus fotos en internet, fotos de fechas en que pude y quise estar a tu lado.
Vos, como una sombra que pasaba frente a mi casa.
Vos, en otra foto, y un epígrafe de amor en ciernes.
Vos, en una foto con otro en otro desarrollado mundo.
Yo y mi incredulidad abriéndole paso a la miseria.

Pinches silogismos para buscar el sueño o la claridad de la memoria reconciliada. Tu nombre, ese que me puedo de memoria y que hoy se interrumpe con un apellido ajeno a nuestra lengua materna. Tu nombre y la mala suerte que construimos con desencuentros inintencionados. Tu nombre y la mala suerte de no haber trascendido los pasados a tiempo, de no haber seguido asistiendo a tu puerta. Tu nombre apuntando más que a Cortázar, al vacío de una página que iniciaba a ser llama.

La malasuerte es como la weba: no se crea, ni se destruye. Solo parece moverse de un cuerpo a otro. Esa es la manera en la que funciona, sin duda alguna: si alguien se cae, habrá alguien junto a él para reírse; si alguien pierde dinero, alguien lo encuentra; te asaltan en la calle, alguien va a cumplir sus sueños con tu tarjeta de crédito. Esta relación causal en la que existe un ganador y un perdedor puede limitarse también dentro de la misma persona, especialmente cuando se relaciona con mujeres, alcohol y póker, e.g. "Hoy me dejó mi mujer pero los voy a dejar chulones en la pokariada, cabrones".

Sin embargo, a diferencia de la lógica que la termodinámica nos dicta, más parecería que la malasuerte tiene un modo injusto de vagar por la vida. Porque si lo piensan detenidamente, la dinámica gana-pierde nunca parece contener transacciones justas. Digo, Nokia no se alegra de forma equivalente a mí perdiendo mi celular en el inodoro, y no tiene sentido hacer algo tonto como botar mi comida al piso cuando nadie está para verlo. Tampoco parece responder a la lógica del karma, porque más parecería que más gente tiene mala que buena suerte.

Claro, si todos pensamos que la buenasuerte consiste en obtener una de las millones de posibles respuestas a nuestras acciones, y especialmente cuando otros esperan la misma posible respuesta a las suyas, no es de extrañarse que la suerte hoy en día tenga algo que ver con esa maldita economía que jode a todo el mundo. Y sí, parece que también ya fue privatizada desde hace largo tiempo. Pregúntenle a los casinos, manden un mensajito al 4745 para saber su horóscopo, o abran su galleta de la fortuna en el Facebook si no me creen.