Decía Einstein que el tiempo es relativo (“Pon tu mano en una estufa durante un minuto y te parecerá una hora. Siéntate junto a una chica bonita durante una hora y te parecerá un minuto.”). Cosa cierta, sobre todo cuando se comparte de forma exquisita con campopagadistas. Para cuando la sesión se levantó, yo tenía que llegar a mi clase de las cuatro y treinta. De inmediato, encendí el carro y con el Snipe de copiloto, emprendimos el camino para la UES. Dimos la vuelta por el redondel cercano y regresamos casi por el mismo camino por donde habíamos llegado un par de horas antes. Mi objetivo, para ese momento, era llegar e incorporarme a la "75", cosa que logramos después de una par de vueltas, bajadas y subidas, y uno que otro acelerado que quizá estrenaba pito. Ya en la 75, afortunadamente, no encontramos ninguna 44. Si, como no podían faltar, con esos lentos: cada vez que los veo me parece que si van un poco más lento, irían en reversa. Pasamos uno, otro. Nos pitaron. También se nos atravesaron. El reloj avanzaba. Tranquilo, me decía el Snipe, si yo la pase. Se refería a la materia de la cuál tenía clase. Para variar, los semaforos en rojo. En uno de ellos, el que esta por el Bloom, se bajo el Snipe. Confieso, que es el copiloto más tranquilo que he tenido.
Por fin entro a la U, pago en la entrada y parqueo en el primer puesto vacío que encuentro más cercano a mi aula. Busco mis cosas en el mini universo del asiento trasero, trato de llevar la mayor cantidad en las manos. No olvidó tomar un afiche y enrollarlo, quiero que parezca un plano. Camino al aula y, unos metros antes de llegar apuro el paso y pongo cara preocupación. Seguro de haberme creado una imagen de alguien que lograba llegar después de mil infortunios, entro al aula. Ya están todos. Trato de no hacer ruido, pero fallo: desde adelante el ingeniero me pregunta si me había perdido...

Ahora, con la mente fría, me doy cuanta de porqué llegué tarde a pesar de tantos esfuerzos: la clase era a las cuatro y treinta y salí del Maya a las cinco pasadas... además no tengo habilidades para jugar con el espacio-tiempo, aún. Igual valió la pena.