Aún mis manos huelen a sangre pero no me arrepiento de lo que hice. Siempre te perdoné todo hijueputa, hasta las vergueadas que me dabas, hasta cuando me llamabas pendeja enfrente de toda la gente. Pero es que de veras me hirvió la sangre cuando te escuché decir vos sos un puta... siempre te dejaste dominar por tus celos cabrones. Pero al final no fueron ellos los que me hartaron. Fue ese sos tan despectivo. Porque siempre me trataste de usted y yo me sentía como una reina. Aún en tus borracheras, me hablabas de usted y con eso yo te perdonaba todo.
Pero tenía que hacer algo, ponerle fin al asunto, porque cuando ya te empiezan a tratar de vos... ¡es que ya te están perdiendo el respeto!

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