Pasearse por el patio a medio recreo es el equivalente adulto a pasar un rato en cualquier Duicentro. Es un relajo. Esa mezcolanza de niños entre cinco y quince años hace del lugar un pandemonio, de vez en cuando. Qué sería de los recreos sin profesores cuidando los pasillos mientras los de sexto le pegan a los de quinto, los de octavo toman el control de la cancha de fútbol, los de primero se quedan relegados en algún pasillo... y los de noveno, pues están por ahí. Como toda la vida en algún lugar, sentados y sintiéndose dueños del patio, y siendo feliz mientras rechazan a cualquier otro niño que no pertenezca al grupo. Sin embargo, no es poco común ver a uno de los más pequeños que se aventure de forma imprudente a la zona de los más grandes. Así, para este pequeño se avecinan dos opciones: o aviva, o le toca aguantarse.

"¡Hey vos, vení para acá!" le dijo uno del grupo, mientras los de noveno hacían lo de siempre cerca del cafetín: nada. Así, "Hey vos" se les pegó un buen rato, de principio al fin del recreo, acutando recio y bravito con los animales esos. Los de noveno, sabiendo que nada les va a hacer un bichito de primero, se pusieron a hacerle bromas pesadas, mientras el pequeño idiota parecía no entender su función en el grupo. El pequeño "Hey vos" no se sintió lo suficientemente ofendido por todo lo que pasó, hasta que su mamá pegó el alarido en el cielo cuando lo vio al llegar a su casa y verlo con el pelo chachajiado, una camisa quemada, y uno que otro moretón. "Vos, vení para acá--como le decía amorosamente su madre--ya te dije que no te metás con esos niños", mientras le daba su par de cinchazos al muy imbécil.

El día siguiente era último día de clases. Mientras "Hey vos" parecía olvidar lo que la mamá le dejó marcado en su conciencia, aprovechó el recreo para ir a darse una vuelta y salir de machito con los de noveno... otra vez. Aquellos lo recibieron alegremente. Después de que lo agarraron de juguete por un rato y le dieran su par de coshcos, el bichito se dio al zafe, para nunca volverlo a ver. "Hey vos, venite, no seás maricón" se oía desde las bancas, justo antes de sonar el timbre para entrar a las aulas. Entran, se sientan. Después de un rato se oye a uno de ellos gritar: "¡POR LA GRAN PUTA, ME GANARON EL PSP!"

Y así, suena el timbre de salida para que todos los niños salgan libres, excepto los de noveno. Se quedan castigados, revisan bolsones. Frente al salón pasan los pequeños, y el ex dueño del juguetito solo ve a la ratilla del recreo, sonriendo mientras pasa corriendo. "HEY VOS, HEEEY, VOSS, VENÍ" le gritaba, a lo cual el niño hace caso omiso. Un poco más, y llega a la puerta: "Salú, Marquitos" le dijo la señorita, mientras la pequeña sabandija se iba para su casa con el botín. El anonimato resultó ser una gran cosa, después de todo.

2 comentarios:

Gero dijo...

Ese es un viejo truco...

EL SUM dijo...

El desquite... asi tenia q ser (aunq no hay que negar q bien pasmado le gustaba que lo agarraran de pato!)