A: La Morsa, El Car'e paila, El Aborto de Chucho, La Merra, El Chumpe, La Cabra, Taxideral, Chicote, Calambres, Mweeeehhh, Artillero, El Chori, El Espectro, Zanate, Cromagnon, La Barbie (a.k.a. el Eunuco), El Pony, Oddie, El grencho, El Jiote, El Serrucho, El Güana (a.k.a. El Chacal de la Trompeta, El Trofeo), La Pupusita, La Poly Pocket, El Bolo, Tiburcio o La Zorra, Bimbo, El-Hecho, Gargamel, El Engendro, El Llort, El Mariachi, Sisi, El Gato o Sobaco, La Vampirrata, Chorejas, Fissshhhh, Macario, El Ese, El Camello, El Ostrero, Saurio, Solomo o Mr. Popo, Pirulo, El Sr. Picoro, Aguas Negras, El Macaco, La Chichuiza o El Chupacabras, El Indio, El Siguanabo o el Engendro, Hemorroides, El Hisopo, Cerebro, El Choco, Saurio, Zuko, La Rana y todo el resto que o no tenían apodo y/o no recuerdo.

Ese grupo de trastornados adolescentes que fuimos hace diez años que componen el conjunto de mis compañeros de jaula durante el bachillerato técnico vocacional en electrónica. Ese grupo de 90 cuasidelincuentes que aventaba basureros con papeles quemándose a los cumpleañeros, los mismos que eran lo mejor en notas y lo peor en conducta, los que hicieron una campaña de listones amarillos para que no echaran a los dibujantes del cuaderno con las mas variopintas perversiones imaginables, los que sin ponerse de acuerdo no llegaron un día de clases, los que quemaban ratones tiernos del basurero del taller con 220V AC y Percloruro de Sodio, los que descargaban capacitores en la nuca sudada de los compañeros, los que hacían colectas para comprarle un desodorante a uno de los arriba citados (ubique el olor-apodo característico), el conjunto de cumbias más ruidoso de todo el Instituto, el que le gritó sin querer queriendo "Chacal" al padre director (conocedor de que su indumentaria negra era idéntica al personaje de Sábado Gigante llamado el Chacal de la Trompeta, a la sazón apodo de uno de nuestros más morenos compañeros), los descubridores del talco y la pasta de dientes como sustitutos del papel raspado para alterar fechas de permisos de salida originalmente paternales, los falsificadores de firmas más habilidosos, los que usaron código morse para responder preguntas de examen en conjunto; ese grupo de atletas conquistadores de hielocos (salvadoreñísimas féminas de tez oscura, baja estatura y fealdad notoria), esos bolos zumberos, vergueadores en vaca de mañosos entre otras habilidades, está condenado a reunirse a verse las panzas crecidas, los cachetes inflados, las canas apareciendo o el cabello desapareciendo tempranamente, los músculos retorneados, los títulos alcanzados y los que se han dejado ir en el transcurso de una década para prodigios y tragedias.

Y mi ánimo respecto a la posibilidad de reunirme nuevamente para tales fines etílicos es casi equivalente a la emoción que he sentido al enviar un curriculum que responda a una solicitud de asistente de reclutamiento y selección de personal. Exceptuando por algunos pocos casos, claro; y es que como es sabido, no todos los delincuentes juveniles ya crecidos carecen de cierto encanto convocatorio.

4 comentarios:

notlikeitmatters dijo...

Me gusta mucho el post. Ya quisiera yo tener tan buenos recuerdos de mi bachillerato (o al menos de las personas en el).

@Nochez

Victor dijo...

@Nochez: No es de todos que tengo buenos recuerdos, pero si fue una época totalmente reseñable por lo bueno y lo malo en ella.

Gracias por comentar

Saludos

Victor

Virginia dijo...

Se protesta tanto en esos años, que uno no se da cuenta de lo maravillosamente bellos que en realidad son.

PD: Qué paloma ser chero y que te digan Polly Pocket.

Victor dijo...

No lo pude haber dicho mejor, cipota.

Y si, el problema era que la Poly Pocket y su gemelo eran pequeños de estatura, de ahí el mote.