Esto puedo decir de Jimmy: él sabe cómo hacer fiestas. Las mañanas en las que llega a la cocina zapateando y silbando alguna canción particularmente virulenta, me hago la idea de que me iré de la casa y volveré hasta el día siguiente. "¿Rumba esta noche?", me pregunta haciendo un paso de baile, y paso mi vista del cereal a sus ojos; no contesto nada porque estoy masticando. Crunch, crunch, crunch -hasta el nombre del cereal advierte de esta onomatopeya-. Ya sabe la respuesta, porque siempre es la misma. Se encoge de hombros.

Sé que sabe hacer fiestas porque cuando regreso a la casa parece que fue asaltada por una tropa de enanitos en pleno brote psicótico. Esta vez lo encuentro desmayado en el sofá. Su camisa está rasgada pero su peinado sigue casi impecable...invariablemente se me escapa un "¿qué putas...?" cuando me encuentro con esa escena tan pintoresca. Alguien le dio la vuelta a uno de los sofás y del ventilador de techo están colgando una, dos, tres, cinco, siete corbatas. Ninguna es mía. Un bote de mayonesa se volcó en el pasillo, y nosotros no compramos mayonesa. Alguien se manchó las palmas de las manos con las témperas de mi hermanito y las plasmó en cinco paredes, de arriba hacia abajo. Pareciera que las paredes me saludan.

Sé que fue una fiesta monstruosa porque hay al menos tres juegos de cuerdas de guitarra y bajo reventadas, y me llevará al menos una semana encontrarlas todas. Hay manchas de sangre sobre el estéreo porque uno de sus amiguitos idiotas se acercó a los parlantes a todo volumen y se le reventó un tímpano. Hay un...¿agujero en el techo de la sala? Hay un agujero en el techo de la sala. Ni idea. Parece que tiraron a alguien hacia arriba, asumo, con alguna de las sábanas sobre las que me estoy parando. CDs fuera de sus cajas, el teléfono desconectado y mi bote de jarabe Vacaolinita para la tos, vacío.

Un post-it en la refrigeradora: GRACIAS VIEJO POR EL TRIP!!! El post-it está en blanco, el mensaje está escrito en la puerta de la refri. Las botellas de agua sin agua, el tambo de gas en el techo, las sillas del comedor sobre la mesa del comedor, las libreras intactas. Una hilera de hormigas desde el jardín hasta el baño, conquistando una pequeña montaña de dulces de menta sin envoltorio. Todos los basureros de la casa uno encima de otro, llenos hasta el tope de vasos rojos, y tres focos rotos. Pero alguien tuvo la cortesía de recoger los residuos con páginas del periódico y dejarlos sobre las hornillas de la cocina. Hay un castillo de naipes sobre el televisor. Pienso, mis respetos a quien lo hizo, pero cuando trato de deshacerlo, descubro que los naipes están pegados.

"Te la perdiste", dice a mis espaldas, con una voz destrozadísima. "Tal vez esté presente la próxima", le respondo, haciendo énfasis en el tal vez para que no suene a promesa. "Deberías. Es tu casa, después de todo". Hace un paso de baile que nunca le había visto y comienza a bajar las corbatas del ventilador de techo. Se ríe solo cada vez que llega a un nuevo núcleo de desastre. Cuando termina de limpiar lo más visible de la calamidad, se va a su casa y no lo vuelvo a ver hasta muchos días después.

2 comentarios:

Gero dijo...

Conocí a alguien similar en Guatemala. Para resumir la cosa sólo diré que de día su sudor olía a alcohol.

JazZ dijo...

que tripiazon! me tenés que presentar a ese tu chero para que me organice una fiestesilla... en casa ajena! jaaja