Si su habitación no se ha convertido en una tumba por completo es porque las ventanas de vez en cuando dejan entrar algún brillo de sol, es porque quizás la lluvia aún entra junto con el viento, y las hojas que se ven a través de la ventana han crecido tanto que se le olvida que a veces estar ahí es imaginarse o sentirse muerto.

Han pasado tantos años y él no sabe qué es la vida, y quizás no quiera saber. "...la casa se nutre de la vida del hombre, mientras que la tumba se nutre de la muerte del hombre. Por eso la primera está de pie, mientras que la segunda está tendida." Pero tal vez todo este tiempo él ha estado tendido tres metros bajo tierra y no se ha dado cuenta, y no sé si quiera darse cuenta ahora, a lo mejor no, porque aún sigue mirando los intersticios de la pared, o quizás sólo está aprendiendo a morir.

La de él no será una tumba con atracción turística, una tumba de la gloria, ahí nadie llegará por fotografías para ganar concursos de una recién inaugurada galería de arte, ni se leerán epitafios ingeniosos o bienintencionados; la de él será una tumba sin nombre, donde nadie abrirá una botella de whisky en su honor.

1 comentarios:

Genius... dijo...

Me recordó esta frase:

También las almas —como los ríos y las plantas— necesitaban un tipo diferente de lluvia: esperanza, fe, razón de vivir. Cuando esto no sucedía, todo en aquella alma moría, aun cuando el cuerpo continuase vivo; y las personas podían decir que «aquí, en este cuerpo, hubo un hombre». (Paulo Coelho)