¿Realmente queremos olvidar? ¿Y qué quieren olvidar los que quieren olvidar? El olvido a veces es una necesidad urgente que es difícil de conseguir, la memoria y su fragilidad, la forma en que olvidamos lo que no deberíamos y todo lo que quisiéramos olvidar sin poder conseguirlo.

El olvido es esa salida de emergencia, esa forma de tratar de parar lo que no es opcional: el dolor. No me he salvado ni de olvidar, ni del olvido, no se salven, hay que vivirlo aunque a veces lleguemos a parecer lugares devastados.

"No te puedo pedir
que te acuerdes de mí como yo era
–una cara, unos ojos, unas lágrimas–
sólo que me recuerdes como a algo
que uno recuerda que se le ha olvidado
y sin saber qué es..."
Pedro Salinas.

No puedo olvidar a las personas, o situaciones que me hacen ser quien soy, en todo caso es injusto recordar las cosas que duelen, pero al menos sé que estoy viviendo.

Y ahora pienso en todas las ocasiones en que le doy vueltas a mi cerebro buscando aquellas palabras, buscando lo que soñé hace algunas horas, repasando los lugares en donde estuvimos, en donde reímos, en donde nos despedimos (¿Es la espalda el olvido?). Pero mejor no digamos nada, dejemos que los días hagan lo suyo, al final voy a fingir que se me olvidó, o tal vez no.

1 comentarios:

DeaR dijo...

Bueno, uno no siempre olvida el dolor y muchas veces no olvidamos de cosas que nunca quisieramos haber olvidado, aunque no nos damos cuenta de que eran importantes, y olvidamos que olvidar es un ejercicio, más que una salida de emergencia, y olvidamos y recordamos que olvidamos algo que no recordamos y así, sucesivamente, también a nosotros nos olvidan.