Aunque tú me olvides,
Te pondré en un altar de veladoras
Y en cada una pondré tu nombre...


Caifanes

Una vez caida del pedestal donde te alzaba, me costó tirarte el primer puñado de tierra con el azadón. Y con el tiempo fué fácil hacerte sobresalir como obstáculo en el camino.

ChemaTe volviste una de esas obsoletas tumbas de tierra, de esas que alzadas unos 30 centímetros por encima del suelo perviven en los pueblos, esas que ya no están de moda en los cementerios citadinos, los llenos de albos nichos hermosos con ángeles llorones y epitafios metálicos de 30x20 que apenas se descubren al nivel de la grama.

Como buena tumba de esas que los dos de noviembre y los aniversarios hay que "tumbar" con azadón, causaste tropiezos. Ha habido que ponerte flores, adornitos de plástico, festones de papel crespón y papel encerado. Ha sido incómodo pasar por sobre vos, especialmente mientras aprendía a caminar junto a otra mujer o la vez que fui daño colateral de alguna mujer-bomba racimo y me arrastraba por mis recuerdos.

Eso hasta hace un tiempo. Es que te bajé de ese postrero pedestal de tierra sin mi azadón. A mano desnuda he deshecho tu tumba, dejando mis uñas en el intento. Y te he puesto a nivel del suelo esta vez, y un día he de sembrar un jardín nuevo sobre tus huesos.

Pero por hoy le vuelvo a poner flores y festones a tu recuerdo.

1 comentarios:

Genius dijo...

Alphonse de Lamartine dice que:

A menudo el sepulcro encierra; sin saberlo, dos corazones en un mismo ataud...*"

Bendiciones...