A vos:
Estoy consciente de que la cruz que me dejaste no es de tu incumbencia desde el momento en que te bajaste con prisa sospechosa, en el que sería uno de los días más importantes de mi vida. Acepto los argumentos y respeto tu decisión, pero la cola de cinismo que ella arrastra todavía hace que algunos días la vida me parezca cuesta arriba. Y encima veo continuamente su nombre en geografías y en vinos. Maldito intocable, maldita tu semántica, malditos tus reclamos infantiles. Maldigo tu fantasma que me sigue, todavía parece que me estoy peleando con mi sombra.

A quien interese:
La depresión, escribía una persona con depresión atípica, es la ira al revés, como cuando se le da vuelta a un calcetín. En retrospectiva, al estudiar mis factores etiológicos ("no, no; esto no puede ser hueva"), encontré que estuve al borde del abismo, y por un momento -años- me balanceé sobre él con satisfacción autodestructiva, con los brazos y las piernas laceradas por la rabia. Pura tristeza con esteroides.

A vos:
Cómo insististe en voltear la culpa, para que fuera toda mía. Qué pendejada, llorándome tus cicatrices mientras vos me abrías la misma herida. No es el mismo contexto, pero es el mismo valeverguismo. Aún nos veo: a vos, justificándote como si yo fuera un juguete hueco; a mí, cortándote las palabras mientras te agarro del cuello y te empujo contra la pared. Te digo, apretando mis mandíbulas, "¡tené algo de empatía, grandísimo perro!". Mi temor se materializa: vos sólo observás al frente como si yo fuera transparente.

A vos:
Cuántos años de decir "esta es la gota que colmó el vaso", de no saber cómo parar este infierno. Estás enferma, lo entiendo, aunque ellos insistan en evitarse el diagnóstico y por ende en negarte tratamiento. Tu entorno está enfermo. Yo, miles de veces te he visto en mis libros de psicopatología, saludándome desde los recuadros de estudios de casos. Sos desgastante. Tus amigos, asumo, nunca te han dado un "no" como respuesta. "¿Por qué, si es tan buena persona?" Por tus abusos, por tu intolerancia, por tu crueldad. Por sangre te quiero un chingo, pero que coman mierda tus gritos, tus insultos, tus desapariciones de días, tus patadas, tus portazos, tus teléfonos voladores, tus arañazos en la cara. Y sabés, yo soy como vos. Más bien, vos sos como yo (porque yo vine antes). Y ayer quería brincarte encima y sacarte la vida a golpes. Porque vos y yo, además del mismo físico, tenemos la misma ira sociópata. Sólo que vos sucumbiste a ella. Yo la domestiqué y la dejé atrapada en mi dermis.

Al teléfono:
Ya dejá de sonar, por la gran puta.

4 comentarios:

DeaR dijo...

epa! esto me dejo mudo! menos mal que aprendí a escribir sino no podríadecirte que tu post me parece muy adecuado al tema, diferente, pero adecuadisimo.

Si, si, si.

Genius dijo...

cuando escribis no puedo comentarte simplemente porque no puedo agregar algo constructivo,y no quiero empezar con mis sentimentalismos y decir que he pasado por esto bla bla bla,....Pero sabés que mis respetos a vos, algún día escribime algo para mi blog (abuso del comentario y te hago una petición)... te reitero mi cariño..bendiciones ;)

Virginia dijo...

[comentario que pensaba escribir ayer] A mí me da cosa venir acá a leer los sábados: sé que vas a escribir algo que vale la pena leer, pero vengo y siempre es algo que me dan ganas de llorar.

Snipe dijo...

Juela.

En fin, nos vale verga, Ligia.