Cuando revisé mi correo hace unos días y leí que el tema para esta semana era fiesta, en lo único que pude pensar es en las personas que hacen de una reunión cualquiera una verdadera fiesta, un verdadero carnaval.

Las personas que a mi me encantan son aquellas que son una fiesta cuando hablan, cuando escriben, cuando miran, cuando aman. Sin esas personas yo no puedo vivir, son mi pequeña fiesta, mi propio carnaval, una verdadera apología a la felicidad y a veces a la tristeza también. Cuando ellos están no se les puede ignorar, no se puede evitar la alegría, querés mirarlos, sentís algo adentro, ahí en donde se siente la emoción, la felicidad o lo que creemos que es la felicidad. Ellos son una fiesta, la fiesta son ellos, las personas que realmente queremos.

Las reuniones entre amigos son geniales, casi siempre se sabe donde inician, pero cuando el alcohol hace lo que tiene que hacer sobre nuestras cabezas y la música alborota nuestras vidas, no sé sabe adónde se terminará o cómo se terminará. Hay tantas posibilidades de que algo realmente inesperado ocurra, no necesariamente malo, no necesariamente bueno, pero siempre habrá algo que recordar, algo que contar con el paso del tiempo, porque el alcohol no sólo sirve para olvidar, sino también para conservar la tristeza o la felicidad.

Pero si tengo que hablar de alguna fiesta recuerdo la de hace algunos días, cuando alguien me recordó lo que soy y esa fue la hora más feliz del día. Es extraño como es que puedo olvidarme con tanta facilidad de las cosa que importan, luego alguien viene y me recuerda lo que soy, y lo dice con tanta seguridad que de pronto el día es una fiesta.

2 comentarios:

Gero dijo...

Creo que el eslogan de cierta empresa es, o era, "la fiesta la pones tú". De volada es cierto.

QueithCita dijo...

Me gustó la parte en la que decís que no podés vivir sin los que te dan alegría porque son tu carnaval :]
¡Qué bonito eso Leslie! :D