No hay peor adiós que el que se le dice a una persona que tenés que ver todos los días, en cualquier momento, en cualquier lugar, de cualquier forma, con su sonrisa adornada de camanances, con sus ojos filipinos... y con él, siempre con él. Necesitaba olvidarme de ella. Intenté primero alejarme, y funcionó en un primer momento. Pero a los días, su recuerdo volvió, clavándose en mi pecho. Decidí buscar otra (un clavo saca otro clavo), pero nadie se acercaba ni siquiera un poco, nadie con esa mirada. No sabía qué hacer. Me encerré en mi mismo y dejé pasar los días, como una película que se mira sin ver. Grises, llenos de nubes y medias lluvias, así fueron varios.
Una noche se subió un tipo a vender en el autobús en el que viajaba hacia mi casa. Comenzó con la verborrea típica de los vendedores ambulantes: que buenas tardes, que disculpáramos la bulla la molestia, que no era su intención venir a ofender a nadie... lo escuché un rato y, justo cuando volvía a mi pensamientos anestésicos, el hombre dijo ser un vendedor de olvido y mostró su producto: unas milagrosas pastillas. Sólo se debía tomar una antes de dormir durante dos semanas para olvidar cualquier cosa. El tratamiento completo por el módico precio de un dólar. La gente comenzó a comprarle como loca. Unos para olvidar el martirio de su trabajo, otros para dejar a un lado su infeliz vida familiar y los menos, como yo, para dejar enterrado un amor que no podía ser.

Esa misma noche me tomé la primera pastilla sin siquiera leer las indicaciones. Y fue la primera vez, en mucho tiempo, que logré dormir en paz.
Al cuarto día del tratamiento me encontré con ella, estaba llorando. Me acerqué y me senté a su lado. La escuché. Después de cinco minutos supe que nunca más la volvería a ver con él...

Esa misma noche, al llegar a mi casa, no me sentía feliz. De hecho, no sentía nada. Busqué la caja de las pastillas y leí las indicaciones. Me llamó la atención el único efecto secundario, del que advertían, pero igual seguí tomando las pastillas del mercader de olvido.

4 comentarios:

Raquel dijo...

Me encanta! Una sutil referencia a "Eternal sunshine of the spotless mind", pero cuántos de nosotros no hemos necesitado esas pastillas en algún momento de amor no correspondido, o peor aún, MAL correspondido. Otra excelente historia de Gero =)

DeaR dijo...

Un post muy bien elaborado, con un tema muy bien matizado.

Te felicito.

Folósofo dijo...

Q buen relato, creo que necesito tomar de esas pastillas urgentemente.
Solo espero q algún dia se suba al bus en que viajo

SK Mario dijo...

Llamame ignorante pero no entendí cual era el efecto secundario! :(