Ahora que la ventana está abierta y que tengo más de veinte años volando, resulta que a veces me canso de volar, porque presiento que algo se nos muere aquí entre las nubes. Aún así volamos por que es divertido, no porque sea fácil, porque andamos por ahí con las alas un poco rasgadas, porque chocamos con quien no debimos, porque no había esa luz roja arriba de un edificio advirtiendo el golpe, la caída. Aún así nadie entiende por qué volamos y por qué vemos la vida desde una perspectiva diferente.

No imagino otra forma de volar que no sea esta vista liberadora y difícil que hemos escogido, reconociendo defectos, viendo lo miserable que resulta la vida abajo y aún con todo aterrizar, y luego despegar, con lo difícil que resulta. Pensar en nuestra vida como una piscucha no es sencillo, tratar de encumbrarse tampoco es fácil, pero se logra, porque volar puede ser aquello que nos deslumbra, aquello que realmente queremos.

1 comentarios:

El mal ejemplo dijo...

♫pájaros en la cabeza♫