No, no puedo hablar de volar. Volar me recuerda a vos. No necesariamente a esos vuelos de alto calibre entre tus piernas, no por tu voz llevándome de la tierra a las sensaciones más ligeras.

Volar se me hace complejo, una cosa es hacerlo en la mente -donde paso con inenarrable facilidad de la realidad a la locura y la poesía - y otra muy distinta es ir más allá de mi mismo y sentir como delicadamente pasa el viento entre mis dedos y se derriten mis barreras y pensamientos por una explosión en el cerebro.


Eras corriente que sustentaba,
llama que aligeraba el aire,
manos que formaban cesta
para un corazón, un globo
y yo y mis otros yo, a cuestas.

No, volar no es fácil. La cascada de neurotransmisores implicados requieren un disparador que me es ajeno. Vos, el último en cuenta, yace años, cientos de kilómetros atrás en mis recuerdos. Y hoy no hay quien mueva las aspas para que se encienda el motor de este mohoso y grueso aeroplano. No hay viento que valga para salir del hangar.

La forma más fácil de volar me es, por hoy, asomarme a la cornisa de una página en blanco. Sentir el vértigo de ese espacio vacío a la orilla de mis manos, y lanzarme a treinta palabras por minuto hasta estrellarme en sólido suelo de mi propio vacío.

1 comentarios:

Ligia dijo...

Último párrafo: particularly ósom.