No one looks as foolish as the excitable ones // but then again there's no one who has as much fun

Durante el transcurso de nuestras vidas, ocurren experiencias que marcan el modo en el que la vivimos. Y tan similar a la idea de John Money, de que nuestra capacidad para sentir atracción física y enamorarnos de otros estaba íntimamente relacionada a experiencias que vivimos en nuestra etapa de desarrollo infantil, es el hecho de que nuestra adolescencia estará marcada por siempre por la banda con la que nos identificamos a medida que crecimos para descubrimos a nosotros mismos, y se vuelve un verdadero inicio a nuestra vida, porque de repente todo comienza a tener sentido.

Para aquellos que tuvimos una adolescencia llena de conflictos existenciales y momentos de contemplación a las vicisitudes de la vida, es justificable cómo encontramos en la música un medio para escaparnos del mundo, junto a aquellos que parece comprendernos, y que en lugar de sermonearnos sobre cómo vivimos nuestra vida y sobre nuestras acciones, nos muestran un poco de la suya de forma sincera. Así, reconocemos en sus experiencias una parte de lo que estamos viviendo. Al proyectar nuestra vida en las experiencias de aquellos que parecen compartir nuestras inseguridades y dificultades, ocurre por primera vez un fenómeno tan curioso, que está destinado a suceder únicamente dos veces en toda nuestra vida. De repente, descubrimos que no somos tan especiales como creíamos; irónicamente, es una de las sensaciones más reconfortantes de nuestra vida, porque en aquellos momentos sin dirección ni sentido, identificarnos con otros iguales a nosotros logra darle un poco de razón a nuestra vida. La segunda vez ocurre al enamorarnos seriamente de alguien.

Esa experiencia catalizadora de nuestra crisis existencial hace que seamos capaces de reconocer a nuestra "mejor banda en el universo". Así es como la música se convierte en un hito de nuestra filosofía, de nuestra imagen, y de nuestro gusto personal. Y al hablar de mi mejor banda en el universo no es como si a tantos años de escucharlos siento que no hay otros mejores. Incluso, sé lo suficiente de música como para reconocer que existen mil grupos mucho mejores que este. Igual, parecería no importarme. Es como para muchos esa novia feíta: era buena onda, y para ella, podríamos vestirnos completamente de terciopelo sin que realmente le importe (el que reconozca la referencia, se gana el internet).

Mi banda favorita es genial. No recuerdo cómo comencé a escucharlos, pero después de tantos años, cada vez que pongo uno de sus discos me transporta con un déjà senti, tan especial como las torrejas de mi mamá, el olor a cuadernos recién forrados, las tablas Santa Cruz y los borradores Rotring. Para el récord, sí creo que es una de las mejores bandas que jamás he escuchado. 311 rulea.

A sudden slap in the right place //In my face, I thank you // You always came through for me // It's how it's meant to be

4 comentarios:

Luli dijo...

Buu, nunca puedo escojer a una banda favorita, y la que digo que es mi favorita lo es por extrañas razones (todos los integrantes son vegetarianos y canadienses). Adolescencia extraña. xD

Gero dijo...

Cierto. Cosa curiosa es, sin embargo, que mi banda toca una canción sobre un amor de música ligera y pocos de enamoramientos han sido así.

Lust for life dijo...

No puedo seguir viviendo sin decir que 311, me causa nauseas.

Snipe dijo...

Y te comprendo. Pero he escuchado de todo lo que suena en este mundo, desde Qawwali hasta 2-Beat, DnB, Shoegaze o Cool Jazz, y aún así los disfruto.