Nunca volteas
nunca me miras
ya no sabes quien anda
detras de ti...

(Caifanes)

Uno más soy. De las doscientas personas que te encontrás a diario entre ese cuarto lleno de papeles y esa biblioteca llena de otros papeles con más o menos polvo. Caminás los mismos trescientos diecisiete pasos desde tu casa a la parada de buses y los mismos cuatrocientos veintiocho pasos de la parada de buses a la puerta de la biblioteca. Desde hace veintitrés días dejás una estela de olor a splash de miel y coco cuando pasás, la sensación pasa a los seis segundos de haberlo sentido. En mi memoria permanecés todas las trece horas y veinte minutos en promedio que no te veo, en que estoy tras una computadora escribiendo en una especie de lenguaje que talvéz hayas visto entre tantos libros que hay allí donde entrás casi siempre siete minutos antes de las ocho. Dedico dieciocho de mis cuarentaicinco minutos de almuerzo a escribir sobre vos en un espacio virtual que tiene hasta hoy cuatro megabytes de palabras que te tienen por causa y fin. Tengo dos mil ochocientos veintiocho días de haberte descubierto. Y dos mil ochocientos veintisiete de haber descubierto que para vos soy un ladrillo en cualquiera de los muros que te rodean a tu paso por la ciudad.

Pero sos tan bella, cuando caminás desesperada porque vas tarde a la biblioteca, o te regresás corriendo a casa porque dejaste los lentes. Sos hermosa cuando venís un poco encogida por ese mensual dolor de vientre que te tortura y hace que se te hinchen los pies, cuando comprás los veinticinco centavos de pan - mitad de orilla, mitad del centro -, cuando te agachás a recoger las cartas que te dejan cada cuatro semanas. Sos hermosa, lo has sido aún durante esos quinientos sesenta y cinco días que tu cara se iluminaba a la par de ese que debía ser yo y los noventa y seis días que te veías apagada por esa ausencia... No puedo enojarme con vos. No puedo odiarte. No puedo. Siendo uno más de los casi siete mil ladrillos en los muros de la humanidad de los que huís encerrándote en esa biblioteca, das motivos a mi vida.

6 comentarios:

Virginia dijo...

Ay, me enamoré.

Gero dijo...

Es rico leer algo con lo que uno se identifica: para ella sólo soy uno más de industrial. Tal vez me diferencie del resto porque siempre me siento por el mismo lado del salón o porque siempre me ando riendo. Pero tal vez. Y, si es así el caso, no soy más que eso. Pero, mientras, ella en la niña de ojitos expresivos, con nombre raro, pero bonito. ¡Qué escándalo este silencio!

Victor dijo...

Yo no sé, creo o quiero creer que este post tiene de mi y de todos y todas un poco; a la mayoría nos pasará algo asi una vez en la vida; hasta que algo nos hace caernos del muro o volvernos repentinamente visibles.

Saludos a ambos y gracias por comentar.

Victor

El mal ejemplo dijo...

Hasta ganas de enamorarme me dan. XD

Snipe dijo...

Argh, qué estrés me causa. :(

Te comprendo, Víctor. Te comprendo.

Genius dijo...

Sí tenés razón es bueno leer aquello que nos refleja...

bendiciones!:)