Lo que nos acompaña desde siempre, como pegados a nosotros a veces es lo más difícil de explicar. Se que mi amor por la música viene desde que mi papá tuvo la feliz idea de ponerme música mientras yo me enredaba y desenredaba con el cordón umbilical y hacía burbujas con el líquido amniótico. Dice mi mamá que me ponían de toda música, pero yo rockeaba desde entonces, creo.

También se que para cuando me convierta en material para dar de comer a los gusanos, tengo preparado el set de canciones con que habrá de acompañarse el rito de tenerme en standby mientras deciden que hacer con mis restos. Ya he dicho antes que idealmente quiero que me quemen y que las cenizas las echen en un reloj de arena. Desde adolescente tengo esa idea y la del soundtrack de mi velorio. La primera canción que se me ocurrió que debería ir alli es Bohemian Rhapsody, de Queen, luego vendría casi todo el Nevermind y un par más del Bleach de Nirvana. Conforme he ido cambiando de etapa de mi vida, he ido añadiendo géneros a mis gustos musicales. Y con cada uno de ellos, con cada etapa, muchas canciones y muchos discos. Caifanes, Soda, Pink Floyd, Héroes del Silencio, The Doors, Jimi Hendrix, Riverside, Pearl Jam, Stevie Ray Vaughan, Chuck Berry...

Tantos nombres, tantos discos, tantas canciones. El mejor camino para intentar anudar mis recuerdos - si alguna vez perdiera la memoria - son las canciones que los han amenizado. Quizás por eso es tan difícil escribirles hoy de mi apasionamiento con el rock, con los subgéneros de este que me resuenan tanto. Porque cuando pienso en esa lista de canciones, es difícil no señalar con cada canción, Who wants to live forever, por ejemplo, los recuerdos que me trae: el episodio aquel de Highlander, lo que yo pensé en aquel entonces, lo que significo después del primer amor esa canción, lo que quizás llegue a significar cuando uno de mis mejores amigos fallezca.

Es difícil escribir sobre esa luctuosa y rockera banda musical del dia de mi muerte, sin mencionar  las veces que lloré al compas del Great gig in the sky o con Creep de Radiohead, o cuantas veces el intro del I don't care if monday is blue... me dio esperanzas, cuantas veces he tarareado It's a long way to the top if you wanna rock 'n' roll; mientras luchaba conmigo mismo y con el aeróbico elíptico. No es fácil recapitular cuantas  veces canté deseoso de tener a quien gritarle  Que quiero saltar planetas hasta ver uno vacío, que quiero irme a vivir pero que sea contigo... o porque me es tan significativo aquello de no quiero nada mas que calor, algo en qué creer... y porqué en los tiempos que corren me canto a mi mismo aquello de you may say i'm a dreamer, but I'm not the only one..

Es demasiado difícil hablarles del rock que me corre por las venas sin dejar demasiado de mi expuesto en el camino. Ojalá me entiendan.

Larga vida al rock.
Victor

4 comentarios:

Gero dijo...

Para mi muerte, sólo una canción. El resto que sean en vida.
Curioso como las canciones nos pueden definir y mostrar tanto de nosotros mismos.

Victor dijo...

Gero En mi caso si son varias rolas, me es inevitable.

Lo de la identificación creo que viene por la capacidad nuestra de poner algo de nosotros mismos en eso que nos gusta. Demuestra que referidas desde los humanos las cosas siempre son más de lo que parecen.

Saludos

Victor

DeaR dijo...

Se entiende, y se te entiende.

Clau dijo...

no es raro que te guste tanto...por alguna razón en nuestra generación las mujeres somos más dadas a las baladas y canciones en español y los hombres al rockon en inglés...bueno, vos sabrás cómo son tus pacientes ja ja ja ja