Excelente idea para un post, Trace.

Manejar es una de las actividades que más desprecio en el mundo. Para mí, aunque las distancias se acortan, más parecería que los tiempos de uso se extienden; ya saben, como sucede con los teléfonos. Ir a no-sé-dónde, regresar por no-sé-quién, pasar días y noches enteros en la calle. Pero peor aún, y creo que es la razón principal por la que siempre desprecio estar frente al volante, es soportar la naturaleza salvaje del conductor común y silvestre. Parecería que todos sus instintos asesinos salen a la luz en el justo momento de girar la llave del vehículo, y se preparan para atentar contra la vida de los otros.

Lo peor de todo, es que es una ira bastante incoherente. Digo, viene el típico bebedor que acaba de gastar demasiado dinero en cervezas para sus amigos, pero es incapaz de regalarle dos segundos al carro que quiere entrar a su carril. O esos que viven las épocas festivas: "¡Feliz navidad, maldito perro!". Mi temor es un día despertarme, tomar las llaves de mi auto, y darme cuenta de que cuando manejo, no soy yo mismo. O quizá ese es quien realmente soy, en el fondo. Es preocupante. ¿Será que toda mi felicidad es una ilusión, y que en el fondo, estoy listo para agredir a cualquier viejita cruzando la calle? "No le digás nada, podría ser un loco con una pistola", dicen algunas personas. En el fondo, todos los que manejan parecen estar locos.

Detesto manejar.

IRA

La historia del hombre que reía en lugar de llorar no se puede escribir en este espacio dedicado a la ira.(*) Así se leía el manuscrito encontrado en el asteroide, donde alguien pequeñito(**) se plantea una crítica voraz a las teorías tradicionales sobre los escribidores ira-nicos -no irónicos, confusión muy dada. Los escribidores de historias sobre ira -ocuparemos este término más adecuado (Escoto, 2007; 23)- suelen ser tranquilos y casi inexpresivos. Los estudios demuestran cierta proclividad a no ser corrompidos por la misma ira de la que tanto escriben. Porque los iracundos que escriben sobre ira quiebran lápices y rompen teclados -en ese orden de costos- y con esa evidencia física y fáctica los tradicionales han sido el paradigma hegemónico que explica la personalidad de tales seres. Pero el manuscrito encontrado en el asteroide explica:

"La tranquilidad que se le adjudica a los escribidores de historias llenas de ira no es tal ¿La tranquilidad se traduce en frases cortas y excesos de signos de puntuación? Por favor, dígame, si, eso, es realmente, coherente!!!!!".

Ambos puntos son tan válidos como las dos caras de la luna. Y es que ni el pequeñito del asteroide ni los tradicionales entes valoradores de costos -usualmente llamados administradores, contadores, economistas, mercadologos, editores, bursátiles, burócratas, escritores- tomaron en cuenta al hombre-lobo, al pez-sierra- al Dr. Jeckyll and Mr Hyde. Olvidaron la duplicidad -y algunos infieren una multiplicidad-que en el mundo de las letras es posible y que haga que este escrito, como muchos tantos se cite en un futuro con la locución latina et al.

________________________
(*)El mal manejo de las emociones ha llevado a que el estudio de las mismas no se lleve de acuerdo al orden que fisiológicamente es más adecuado. Por lo cual se han separado los sentimientos en este análisis. Ver supra, Tellado, 1992.
(**) Vallejo (1937), recuerda ante estos indicios: "y mirando con lentes aquel certificado que prueba que nació muy pequeñito...", como prueba que las pertenencias de los seres dan cuenta de su tamaño.










Nota adicional: Me causa mucha Ira lo de Honduras.

La mismísima prueba que la ira domina el mundo es que no puedo escribir nada ahorita. A lo mejor más tarde.

Una vez me asignaron la frustrante tarea de escribir sobre un caracter. Me senté a la mesa con una hoja de papel en blanco frente a mí, y lo único que hice con el portaminas fue la unidad dimensional más mínima.

"Vas a ser un cero a la izquierda", la sentencié, para compensar mi ego herido.
Para mi sorpresa, me respondió: "prefiero ser una X a la derecha que un 0 a la izquierda".
"¿Una X querés ser?"
"No sólo una X. Una X exquisita, extravagante, exhuberante".
"¿Así como sex symbol?"
"No, nada explícito. Como dijo Marilyn Monroe 'una sex symbol es una cosa. Detesto ser una cosa'".
"¿Y vos qué sabés de Marilyn Monroe?"
"Yo sé todo lo que vos sabés".
"Pero yo no sé lo que vos querés".
"Quiero ser algo explosivo....¡quiero ser atleta!"
Me quedé en silencio 5 segundos. "Pero yo no sé nada de deportes...sé algo de axones, ¿qué tal ser un axón? También sé algo de gramática y ortografía, podrías ser un signo de exclamación".
"¡No, ni excremento!. Exijo ser atleta".

Una X atleta...a ver....de la unidad dimensional más mínima salieron cuatro líneas, cada una en ángulo de 45 grados con respecto a cada punto cardinal, cuidando la equidistancia. Bajo la presencia de X en la hoja de papel, comencé a escribir la excitante narración de un torneo de equis y ceros enfrentándose dentro de un enorme símbolo de número, expresado gráficamente por #. Exagerando algunos hechos, llevé a X a ganar cada encuentro; pero cómo no, si siempre el primer turno le correspondía a ella e iniciaba el juego colocándose en el centro del símbolo. La historia terminaba con el montaje de una exhibición permanente de todos los logros de X, paralela a una exhaltación pública de su figura. Examiné lo escrito, y aunque sus excesos egocentristas me exasperaron, me enorgullecí de esta X, que al final fue la excepción a la regla.

Le leí la historia, en exclusiva.

"¿Es una historia suficientemente exhaustiva?".
"No me importa la exhaustividad, siempre y cuando culmine en mi éxito".
"Y así es. El éxito es la razón de tu existencia. Te exigís mucho, no hay excusas".
"Me doy por satisfecha con esta experiencia. Y si ya cumpliste con tu tarea, puedo expirar en paz...pero, un último favor...si hay algo que he aprendido de esta historia, es que delante de toda gran X, hay una gran E".
"Excelente. Te doy tu E. Ciertamente, no podés conformarte con nada que sea menos que extraordinario".

¿Te acordás de nosotros? Existía el nosotros, éramos vos y yo. Todo mundo queriendo ser parte tuyo y mio, pero estábamos ensimismados, vos en mí, yo en vos y así nos gustaba. No sabíamos que era obvio, no sé cómo lo descubrimos, supongo que fue un poco mirar para afuera, un poco mirar el mundo, pensar lo que hacíamos, pensar dos, tres y hasta cuatro veces nuestro siguiente párrafo de vida y tal vez nos ganaron las preocupaciones, ya no fuimos impulsivos, ya no fuiste lo que eras, quisiste guardar distancia. Un día supe que algo había cambiado en vos y en mí y en la forma del nosotros, así que yo también cambié. Ahora sos vos pensando en vos y soy yo pensando un poco en mí, ahora somos dos, vos en tu tiempo, en tu espacio, en tu contexto y ahora soy yo bastante lejos de vos.

Entonces X equivale a los días del calendario, a los días sin vos, a los días que sólo puedo recordar como una fotografía instantánea (polaroid). Así que X equivale a las promesas de verdadero o falso, a las cosas que no tuvieron importancia, al tiempo que nunca recuperaremos, a la canción que odiamos, a esa película que escogimos para ver y resultó ser el peor dolor de cabeza. X es ese libro que terminamos de leer por obligación, esos lugares con los que no tenemos ninguna conexión emocional y al final, al final de todo, sólo somos vos y yo marcados.

Estoy harta de las diásporas. Esta Tierra necesita una limpieza de ellas. Pero, ¿quién se hará cargo de eso? ¿quién levantará la mano? No queda de otra, seré yo. Sólo quien vivió la muerte de la guerra puede hacerlo.
Seré yo quien salve esta Tierra de las infidelidades. De los que no entienden. Alzaré mi pluma y les mostraré cómo se hace. Atrás quedará tu recuerdo, diáspora. Tu participación fue efímera, sin importancia alguna para la eternidad.
En mis puertas quedará tu... ¡Rayos! Debo callarme, se acerca el doctor Caligari con mi medicina.

Otros usos de la Equis
En estos tiempos de diversidad, la gente usa la a Equis para todo. Por ejemplo, para referirse a una cosa cualquiera dicen "agarré una camisa equis, me la puse y me vine". La niñas fresas la usan a menudo para quitarle la importancia a algo: "pase y los ví de la mano, pero equis, me da igual". Otro uso común es en matemática, para representar una incógnita, la usan algo así: 3X+9=30. Todo lo anterior me lleva a una sola pregunta: ¿cuál es nuestra manía de designar a la Equis como nuestra letra multiusos?
¡Ah! Y se me olvidaba, hasta en este mundo virtual la Equis tiene un uso: ¡el de cerrar algo!

Nunca volteas
nunca me miras
ya no sabes quien anda
detras de ti...

(Caifanes)

Uno más soy. De las doscientas personas que te encontrás a diario entre ese cuarto lleno de papeles y esa biblioteca llena de otros papeles con más o menos polvo. Caminás los mismos trescientos diecisiete pasos desde tu casa a la parada de buses y los mismos cuatrocientos veintiocho pasos de la parada de buses a la puerta de la biblioteca. Desde hace veintitrés días dejás una estela de olor a splash de miel y coco cuando pasás, la sensación pasa a los seis segundos de haberlo sentido. En mi memoria permanecés todas las trece horas y veinte minutos en promedio que no te veo, en que estoy tras una computadora escribiendo en una especie de lenguaje que talvéz hayas visto entre tantos libros que hay allí donde entrás casi siempre siete minutos antes de las ocho. Dedico dieciocho de mis cuarentaicinco minutos de almuerzo a escribir sobre vos en un espacio virtual que tiene hasta hoy cuatro megabytes de palabras que te tienen por causa y fin. Tengo dos mil ochocientos veintiocho días de haberte descubierto. Y dos mil ochocientos veintisiete de haber descubierto que para vos soy un ladrillo en cualquiera de los muros que te rodean a tu paso por la ciudad.

Pero sos tan bella, cuando caminás desesperada porque vas tarde a la biblioteca, o te regresás corriendo a casa porque dejaste los lentes. Sos hermosa cuando venís un poco encogida por ese mensual dolor de vientre que te tortura y hace que se te hinchen los pies, cuando comprás los veinticinco centavos de pan - mitad de orilla, mitad del centro -, cuando te agachás a recoger las cartas que te dejan cada cuatro semanas. Sos hermosa, lo has sido aún durante esos quinientos sesenta y cinco días que tu cara se iluminaba a la par de ese que debía ser yo y los noventa y seis días que te veías apagada por esa ausencia... No puedo enojarme con vos. No puedo odiarte. No puedo. Siendo uno más de los casi siete mil ladrillos en los muros de la humanidad de los que huís encerrándote en esa biblioteca, das motivos a mi vida.

Toda la vida me la pasé engañado. Siempre me imaginé que el mejor modo de ganarse el interés de los demás tenía que ver con ser interesante. Claro, todos generalmente llegamos a los patines eventos sociales con los ánimos de llamar la atención de las demás personas, y lo hacemos con los comentarios más graciosos, las mejores historias; y todo esto de llamar la atención hacia nosotros lo probamos hasta el punto de hablar más fuerte y reír lo más posible. ¿Y funciona? Bueno, a veces. Especialmente si lo que se dice es realmente interesante para comenzar. A pesar de esto, llamar la atención hacia nosotros implica, sin a veces saberlo, que nosotros alejamos la atención de los demás.

Y eso es algo que nadie aprecia. Eso es bastante evidente, porque los humanos pareceríamos ser egocéntricos por naturaleza. El niño llora por la pacha, mamá va a traerla. El niño se cae, papá lo recoge... El niño cuenta un chiste, los amiguitos se ríen. Pero en la vida adulta, parecería haber un límite a la atención que cada persona tiene como derecho, especialmente cuando todos se pelean por ella. Por eso, a mi parecer, el mejor modo de ganarse el interés de cualquiera tiene que ver con darle toda la atención que quiera.

Parecería que ceder un poco de la atención propia y dársela a alguien funciona de maravilla con ellos. Vale más preguntarles sus historias graciosas que contar las nuestras; preguntarles sus gustos que comentar los nuestros. Y no hablo de ser hipócrita con la gente: interésese geniunamente por los demás, aunque sea una vez en la vida. Felicítelos por su cumpleaños, acuérdese de sus chistes, y dígales que caen bien.

Porque nadie quiere ser un equis en la vida, recuérdenlo.

Uno se levanta con un notorio sabor a gram-positivas en la boca, estira el dedo gordo, maldice al reloj, se le va la mano con el azúcar sobre el cereal nuestro de cada día.

Uno procura la mueca más parecida a una sonrisa que es dable encontrar en el -reducido- arsenal de entusiasmos para saludar al jefe, este a su vez contorsionará al rostro en muecas semejantes, ya para la suegra, ya para su propio jefe, y así, de contorsión en contorsión, nos vamos cuidando amablemente las espaldas y las frentes para no rompernos la madre, o cualquier otra cosa susceptible a ser rota.

Luego X.

Y la pequeña mirada furtiva, la pequeña lavadora, la pequeña limosna, la pequeña palmada en la espalda, la pequeña licuadora, la pequeña granputa, la pequeña graduación, la pequeña palabra de Roma o de Bizancio (luego X),
la pequeña hasta que la muerte los separe, la pequeña LCD, la pequeña mentira, la pequeña Madre Teresa de Calcuta, la pequeña flor en la solapa, la pequeña virtud posible, la pequeña rabia, la pequeña pecera (siete dorados y un pez payaso autoreferencial), pequeño récord crediticio, las pequeñas elecciones, pequeños cambios, pequeños orgasmos, pequeños recuerdos, todas las pequeñas cosas le van asegurando a uno que vale la pena seguir, porque sí, porque la calidad contundente de la frase little things in life queda comprobada (luego X),
resarcimientos pequeños, compensaciones diminutivas para que uno no siga neciamente esperando Grandes Cosas de la humanidad en general, ni de la vida en particular, de la pequeña vida de hombre pequeño, homónculo*, versí-culo, divertí-culo, amór-culo, salarió-culo (luego X),
cerebró-culo, y también (hay que ser consecuentes) sólo el -culo, (la jubilación a patadas en el culo, cuarenta años de fruncir el baste pare que duela menos, pero lo mismo duele, lo mismo la punta del zapato entra cada vez un poco mas, a cada patada desfonda un momentito más el pobre culo del cajero o del subteniente o del profesor de literatura o de la enfermera). Y luego, claro, X, y X, y X, y X.

Y los [pequeños] gusanos tendrán su [pequeño] agosto.

Yxxtxoxdxoxxvxaxlxixóxxlxaxxpxexnxa

*Observe que, según la posición del signo diacrítico, digo, de la tilde, todas estas son palabras esdrújulas: homOnculo, amOrculo, salariOculo, etc. Hago la aclaración para que no se incurra en pronunciaciones groseras. XD

**Las negritas son, en esta plantilla particular, vínculos.

Para Tavo, por supuesto.

Una buena mañana de 2000, nuestro profesor de matemáticas, un tipo con cuerpo de luchador a quien tuvimos a bien apodar Black'nDecker y famoso por haber quebrado una pizarra, decidió que ya estábamos en edad de merecer radicalización y potenciación. Entró al salón y, sin haber saludado, escribió esta barrabasada fatídica en la pizarra-aún-no-quebrada:

x²= 4
No hay cosa más triste que tener clase de matemáticas a las 7am


Siendo pollitos imberbes que teníamos tapizado el cielo falso del salón con trozos de gelatina, nuestra incredulidad ante la imagen era inaudita ¿Qué demonios es eso de x²? ¿Por qué es igual a cuatro? ¿Qué planea hacer con nuestro cerebro? En el aire se podía respirar el miedo, el dolor y los Doritos que Fher se comía en ese instante. Era una situación complicada: creo que nadie, excepto dos niñas que iban a clases en la UES, había visto cosa semejate anteriormente. Black'nDecker trataba infructuosamente de enseñarnos que x era una variable, que tenía el valor que nosotros quisiéramos darle, pero nosotros sabíamos que nos mentía, que en realidad se trataba de la vigésima séptima letra del abecedario, que por algún motivo tenía un dos arribita. Nadie comprendió al primer intento, pero quien más perdido andaba era Gustavo.

Ay, Gustavo. Si alguien me hubiese dicho que nueve años después lo amaría indómitamente le habría dado una patada en los huevos.

Tavo no era nerdo, pero era matado. Hubo un tiempo en que llamaba a mi casa cuando había laboratorios o trimestrales para estudiar. Hacía maquetas chivas. Ya casi casi es arquitecto, por eso me da risa acordarme de los días donde ahuevo no comprendía eso de equis-al-cuadrado-cubo-enésimapotencia. Eso de "enésima" le jodía la vida. Todas, TODAS las clases de matemáticas levantaba su enclenque y chele brazo para preguntar ¿Y cuánto vale equis?

A Black'nDecker le sacó canas verdes. Lo descontrolaba. Temíamos -en serio- que utilizara su fuerza de Arena Santa Anita en contra del cipotío. Suspiraba y suspiraba "ay, Gustavo, ay, Gustavo" cada vez que el susodicho preguntaba algo. Un día, cuando estuvimos listos para digievolucionar al complejo x = y, Gustavo no pudo contenerse y levantar la mano "si no sé qué puercas es el valor de equis, ¿Cómo hago con 'y'?". Monzón puso los ojos en blanco y gritó "o alguien le explica al pequeño Gus o yo me muero". Gustavo enrojeció y salió corriendo. En la siguiente hora se cambió de pupitre para decirle a mi mejor amigo que nunca nunca NUNCA iba a volver a entrar a matemáticas, pero el pobre pasó por alto que teníamos un coordinador de grado dispuesto a halarlo de la oreja para que entrara al salón.

El motecito fue de gran aceptación. Pequeño Gus esto, Pequeño Gus aquello.

- Pequeño Gus, ¿Trajiste tu álgebra?

- Pequeño Gus ¿A qué hora te agarraron en el colegio?
- En cuarto grado... ¿Me está preguntando o me está diciendo?

- Pequeño Gus, ¿Entendiste? Típico. Cambiá de puesto con Costa, a ver si la Virginia te explica.

Puta puta puta. Cómo odiaba al mono enclenque. Protesté. Como era imposible cambiar de pupitre sin que los maestros lo notaran, esperé a Ciencias. Si Monzón quería ponerlo ahí, Jovel se opondrá ¿Verdad?

- Pequeño Gus ¿Qué hacés hasta allá atrás? ¿Quién te movió?
- Es que el profe de Mate dice que a lo mejor a la Virginia le entiendo lo de equis.
- Ah, vaya.

Puso tal esperanza en sus palabras, que no tuve corazón para protestar. Nunca me entendió, pero no se cambió de pupitre, ni ese año, ni los cuatro que le siguieron. Es, creo, la primera persona a quien le dije "te quiero" y es mi amigo más longevo. Lo amo, aunque se siga trabando cuando le digo "ajaber, vos, un tipo equis". "¿Equis qué? ¿Cuánto vale, decís?"


Excuse la gran gran GRAN cantidad de nostalgia.

PD: ¿Que cómo entendió? Hasta el año siguiente, cuando vimos factoreo, la iluminación algebraica vino a él milagrosamente. Dios [y Baldor] obra de manera misteriosa.


Antes yo llevaba la cuenta de los días. Por varios meses, cuando ella entraba a abrir las ventanas para que se colara la luz del sol, yo agregaba una unidad al número del día anterior. Pero he ido perdiendo la cuenta, junto con la esperanza. Ella me saluda con una exquisita sonrisa cafeinada, y yo permanezco inmóvil en mi cama, con una serenidad engañosa.

Serenidad es lo que no tengo. Mi humor es pésimo, ella me lo repite constantemente. Ella, por el contrario, pareciera que tiene buen humor hasta para regalar. Después de la rutina de limpieza, se sienta en el borde de mi cama, con un cariño inapropiado que huele a favoritismo, y me habla amistosamente de cómo el pobre Curry pasó la noche encerrado en el estudio.

"El pobre Curry pasó la noche encerrado en el estudio. Es bastante tonto....o quizás malicioso. Sí, es pura malicia. Quiero decir, pudo haber maullado para despertarme. En lugar de eso, se ensañó con el sillón, la silla de la computadora, las cortinas....Abro la puerta del estudio a las cinco am y es una zona de desastre: un olor sumamente concentrado que da náuseas, y su correspondiente laguna amarilla justo en medio del cuarto; hizo falta un periódico entero para limpiar todo eso. Y ni te hablo de los muebles...hechos jirones, con la felpa por fuera...hasta las cortinas estaban rasgadas de la mitad hacia abajo. Pelos aún volando en el aire, y Curry como si nada, lamiéndose su patita en una esquina. Qué desastre, por Dios, ¡qué desastre! ¿Te imaginas?"

Y quiero gritarle, "¡Sí, me lo imagino! ¡Me lo imagino porque es la misma puta historia que me contás cada puta mañana!". Y mientras tanto, nunca me recupero, aunque ella entra todos los días a prometerme que ya pronto voy a mejorar. Y mira sospechosamente a los lados cuando prepara mis medicinas, como si éstas fueran una poción mágica que alguien quiere robar. Y la felicitan por su entrega desinteresada hacia mí, por dedicarme más horas de las que debe. Y yo, yo ni siquiera puedo hablar para mandarle a la mierda a Curry. No lo conozco, no sé si existe, pero lo detesto como detesto el cloruro de potasio. Y ahí está ella, como siempre, de espaldas a mí, preparando mi inyección de las ocho y treinta, y me dan escalofríos cuando la oigo afirmar dulcemente, "nadie te cuida como yo".

Recuerdo la primera vez que entendí lo que significaba ser un sospechoso.

Casi nunca iba al supermercado, al fin y al cabo un cipote mimado como fui, supone que la comida en su casa crece en la refrigeradora y que la alacena se reabastece sola, pero el supermercado estaba vendiendo una colección de libros de autores de la literatura universal: Cervantes, Shakaspeare, Moliere, Descartes, etc.
Cada semana vendían un nuevo libro, empastado con cubierta dura a la exagerada cantidad de 10 colones. Puntualmente, el día lunes, después de ahorrar de lo que me daban diariamente, iba al super a comprar mi libro. En una de esas idas estaba, cuando de repente sentí esa sensación extraña que alguien te está mirando. Y si, era cierto, un tipo me miraba solo para voltear la cara cuando levante la mirada. Me moví extrañado a otro pasillo a ver cosas que ni iba a comprar y de nuevo me topo con la mirada del mismo tipo que parecía hacer señales a otro tipo igual de siniestro diciéndole que me vigilara, que yo de seguro me traía algo entre manos . Me sentí mal, tanto, que me fui sin comprar el libro y jurando nunca volver a ese lugar, promesa que nunca cumplí, pero que por culpa del incidente, me quede sin el volumen 10 de los 15 que salieron. Del 11 al 15 los compro mi mamá a quien más de una vez le pedí que regresara a comprarlo porque se le había olvidado pasar por el.

Sentirse sospechoso sin ser culpable es quizás unas de las torturas no físicas más peores del mundo. Aun así, algunas personas que conozco lo viven diariamente con sus parejas, tipas celosas que revisan camisas, pantalones, celulares y carteras esperando encontrar el gato que imaginan encerrado listo para quitarles a su hombre. O tipos posesivos que no pueden soportar que ella sonría, salude, mire o viste de alguna manera particular, porque algo se trae entre manos con ese otro a quien sonrió, saludó o miró, porque si se vistió así es porque se lo está bajando o se lo quiere bajar.

Pero, sé muy bien que algunos por confiados y atenidos, los dejaron con la cara de tontos o tontas, preguntándose porque no percibieron las señales, porque no se dieron cuenta.

Conozco, por otra parte, el caso del empresario chino que odiaba/necesitaba a su gerente de operaciones. Lo odiaba, porque cuando este compro vehículo nuevo, lo acuso de traerse algo entre manos, de que había gato encerrado, que si le iba bien era porque le estaba robando de alguna manera que él no había descubierto. Pero, al mismo tiempo no lo despedía, porque era el gerente que mantenía las maquinas funcionando y la fabrica produciendo y cumpliendo metas.

Y de las misma manera, se del caso de la trabajadora a que se le confiaron las llaves y algunas responsabilidades y se aprovecho de ello para robar, primero a gotas y luego descaradamente y sin vergüenza, hasta ser descubierta.

También, reconozco que siento desconfianza, que huelo que “algo está podrido en Dinamarca” cuando leo los despilfarros del gobierno, esas enormes cantidades de dinero prestados no traducidos en cosas tangibles o de beneficio, como esas mega-carreteras medio terminar, con millones gastados en ellas, pero sin uso ni inauguración, el mismo sentimiento que me invade cuando leo sobre las plazas de una institución para pagar asesores que nunca hicieron nada tangible ni productivo, pero que siempre cobraron su cheque.

Pero, pienso también en los dirigentes burócratas, algunos de ellos quizás no tan inteligentes para resolver problemas, pero que efectúan su trabajo engorroso y lleno de papeles con honradez y dignidad.

¿Vale la pena ser confiado o es mejor vivir cuidándonos que el gato encerrado no nos salte cuando menos lo esperemos?

No puedo dar lecciones a nadie, no puedo decirle a otros que hacer, pero si puedo decirles lo que he decidido yo: PREFIERO CONFIAR. Prefiero rodearme de gente con quien pueda construir relaciones de confianza.

Sé que la gente confiada será engañada seguramente, más de alguna vez, justo como me paso a mí con una tipa que me rompió el corazón, pero también sé que es la única manera de vivir bien, de estar en paz, de sentir calma.

El desconfiado no vive, sospecha, no disfruta, sino que duda, no tiene felicidades, tiene temores, no ama, más bien recela. Seguro, nunca será engañado, pero nunca tendrá paz esperando siempre lo peor, y lo que es más grave, nunca transmitirá esa paz a los que le rodeen. Si le quieren sentirán que es su deber calmándolo proclamándoles a los mil vientos que le aman, que le son leales, reclamos que nunca le satisfarán y que a los demás terminaran cansando y agotando. Y los que no le quieren, fingirán, mientras eso les sea ventajoso y necesario.

Prefiero mil veces vivir confiado y tener 500 decepciones, a vivir por siempre desconfiado, quizás nunca ser engañado, pero también nunca ser feliz.

No me gustan los gatos, los odio. A diferencia de los perros, que suelen ser más cálidos, los gatos son demasiado independientes y misteriosos. Pero, siendo sincero, quizás el odio se deba a que yo soy igual. Al menos una vez por semana alguien pregunta: que qué ando haciendo, que qué me he hecho, que en qué vueltas ando. Y no es que mi vida sea interesante, no, para nada. Vivo, respiro, hablo, pienso y escribo. Soy tan único como todo el mundo.
Pero volviendo, creo que es mi dificultad para expresarme y, además, mi facilidad para hablar sin decir nada, lo que llama la atención de la gente.
Recuerdo que, hace como dos años, intenté cambiar eso. Razones, sólo una: que por qué yo nunca le decía nada. Y eso me dolió. Vos sos incógnita, me dijo también un amigo. Y eso me puso a pensar. Así que hice el intento, me lo propuse, razoné bien mis palabras, mis acciones... y nada. Así que no me quedo más remedio que aceptar que así soy yo.
Cosa curiosa es que algunas personas tienden a confiar en mi, me confían sus secretos, sus historias, sus problemas, sus lagrimas. Tal vez le gusta que las escuche. Como es de esperarse, también hay personas que desconfían de mi de entrada, pero son las menos.
Así que, qué no te engañen las apariencias: vivo, respiro, hablo, pienso y escribo. Soy tan único como todo el mundo. Miau.

Pequeños signos, imperceptibles señales; esa tendencia a hacer gestalt, la sensación de un todo: intuición. Un nombre mal dicho, un tono de voz, una caricia negada, una llamada no atendida, esa forma de verse, de mencionar.

Todo se configura al ritmo de las pequeñas frases que vamos dejando caer al vacío entre nosotros, interjecciones con dejos de duda, expresiones faciales sobrehechas, de llamadas aleatorias, preguntas que se deslizan, palabras que se lanzan para provocar daños colaterales.

Todo se reúne en nuestra mente, el todo se hace más que la suma de sus partes. Los hechos encadenados a las imaginaciones, las inseguridades. Se elabora el guión.

El otro que te significa te empieza a hueler a gato encerrado.

Erase una vez un niño que jugaba a meter a los gatitos al microondas y al congelador (donde mientras no abriera, no sabía si estaban vivos o muertos), jugar boliche felino y cosas por el estilo. Es tan jebi, que incluso yo mismo pienso en mí mismo en aquella época, y no puedo evitar caerme mal y despreciarme. Pero por cosas de la vida, todo cambió desde el día en el que gracias a mi bendita ingenuidad, caí víctima, aunque de forma indirecta, de una de esas estúpidas cadenas tan viejas como el Internet mismo.

Hace unos doce años estaba con mi mamá y mi hermano platicando, como toda la vida, de cualquier cosa de la vida. De repente, mientras hablábamos de los gatos y nojequé, mi hermano comienza a comentar de forma dramática sobre cómo había leído en el Internet que había una empresa que se dedicaba a vender gatos metidos en botellas. ¡Botellas, BOTELLAS ñkajsdf!

"Los agarran chiquitos, les ponen pega loca, los meten en botellas y les dan de comer hasta que se hacen gordos y llenan la botella".
¿Puede imaginarse la impresión que tuvo en mí imaginarme a los benditos gatos obesos puestos inmóviles dentro de botellas, sin poder hacer más que mover la boca para comer? ¿Ver fotos? Ni loco. Creo que la imagen de la descripción de mi hermano era más que suficiente como para que yo estuviera seguro de que algo tan terrible era cierto. Después de todo, ¿quién bromea con cosas como esa? ¡Y si lo dicen en el Internet, debe ser verdad!

Durante la semana siguiente, me la pasaba en el colegio imaginándome a los gatos gordos y a sus dueños comprándolos en tiendas, llevándolos a su casa y poniéndolos de centros de mesa para enseñárselos a sus amigos. Y a los gatos moviendo los ojos cuando tenían hambre o frío. Día y noche pasé por un tiempo teniendo esos pensamientos recurrentes (y bastante estresantes, por cierto). Fue algo tan impactante, que incluso años después se me venían flashbacks de esa conversación, sin poder evitar sentir escalofríos y desprecio hacia la gente que hiciera cosas de ese tipo. Gracioso es, que pasé muchos años sin resolver mi duda, hasta que un día se me vino la curiosidad y terminé la duda de una vida gracias a Snopes. Aparte de resolver el estrés de una vida, algo bueno salió de eso: nunca más volví a maltratar a un gato, ni a creerle a ninguna cadena estúpida de internet... ni a mi hermano.

Y todo ahora tiene sentido en la vida. Porque sé que en algún lugar del Interwebz está 4chan y su policía felina lista para detener a cualquier imbécil que se aproveche de los gatos.
Newfags think it's funny to laugh at cats getting beat the fuck up. Oldfags know that cats are sacrosanct, hence CATURDAY and lolcats. Nonetheless, today, oldfags and newfags alike came together for win. And win was achieved. --/b/.

Que no abriera la cajita, me dijiste muy lejanamente, limpiándote las feas gafas de la farmacia.

¿La abro?

¿No la abro?

-Gracias a Dios no era una margarita, me la hubiera comido en la desesperación-.

¿La abro?

¿No la abro?


Te echaste las gotas (deshojé tres margaritas). Desayunaste (cené), dormiste (estudié), el trabajo (la universidad) Te levantaste (me fui a dormir), te llamaron (me ignoraron). Seguiste (seguí).

¿La abro?

¿No la abro?

“Un suceso imposible puede suceder”, me decías probabilísticamente.


¿La abro?

¿No la abro?

“Un suceso posible puede no suceder”, pensé incrédulamente.

¿La abro?

¿No la abro?

Un papel se extravía en el correo, diciendo y no diciendo:
“Querido, maté al gato”

Te ríes (me río).


Junio 2005
***


Prometo no volver a reciclar cuentos viejos.

Cuando dicen "Gato encerrado" me dan ganas de invocar a PETA o bien a Schrödinger, y la superposición... qué voy a hacer siempre he ansiado el don de la ubicuidad. Pinche gato -disculpen el mexicanismo- y su capacidad de estar vivo y muerto a la vez. Cómo lo envidio. Ganarle a la vida y a la muerte, es tan casi como ser inmortal y no haber nacido. Si alguien quiere quedar bien conmigo, me pueden comprar esta camisa, la pedí hace dos años en mi blog, hoy hago uso de mi campo pagado para solicitarla.

Y el video del gato encerrado:

- ....ajaber, vos. Yo digo que a los diputados esos los mandaron a matar.

- Shh, callate, cerote. Dios los tenga en Gloria, si se los llevó, por algo fue.

- Si serás pendejo, maje. Te digo que hay mierdas que no son así por así.

- ¿Cómo así?

- Por ejemplo, mirá ¿Te has fijado en la calle qué revergo de culeros se han soltado? N'omb papá ¿Vos creés que es así nomás? Tanta pipianada nues de choto. Dicen que es un plan, un plan pa que las mujeres dejen de parir como cuyas, 'pa poner eso que le dicen control natal.

- Ma

- Ahuevo, maje

- Pero ¿Eso empezó aquí? ¿Fue Saca el d'eso?

- No, papito. Aquí nos faltan cinco p'al peso, los que inventaron esa mierda son los gringos y ya lleva tiempo, dizque empezó con ese culero que parecía bicha... ¿Cómo es que se llamaba, vos?

- ¿Quién?

- Aquel, vos ¿Me vas a decir que no te acordás?

- Aaaaah, cómo no, aquel. Tu madre, cerote, si no me decís quién es ¿Cómo putas querés que miacuerde?

- Un bicho diojos azules y labios de bicha, pero muñequita parecía el hijuesunana

- Aaah, vos decís el Boy George que le mientan.

- Ese mero. Como ya no van a quedar machos, puej que así ya no va a haber tanto mono chorreado por todos lados.

- Mirá, pero si eso quieren ¿No creés que es más fácil ponerse un gorro?

- Vos tu madre, eso nues diombres, si no se siente igual.


* Plática escuchada en una 101- D hace como dos meses.

"Some of the most successful relationships are based on lies and deceit...".
Yuri Orlov - Lord of War.

¿Te acordás del momento en que escuchamos esta frase? Nos volteamos a ver y nos reímos. Algunas de las relaciones más exitosas se basan en mentiras y engaños. Cuando nos encontramos por primera vez, lo que vimos fueron nuestras finas máscaras venecianas. El primer contacto es una ilusión; hacés el esfuerzo de mostrarte como mejor persona de lo que en realidad sos. Yo lo hice, vos lo hiciste. Y valió la pena el esfuerzo.

El tiempo desgasta tu fachada. A veces por pedazos, a veces de un solo golpe. De cualquier manera, cuando se rompe la máscara, se rompe el corazón. Nos vimos tan feos, tan humanos. Vimos el rostro, vimos la verdad, y se nos vino el mundo encima. Aún así, vos y yo tuvimos éxito. Tuvimos éxito, no gracias a la verdad, sino a pesar de ella. Vos sabés.

Después te cansaste de vernos sin adornos, y con toda honestidad, me avisaste que te irías por el mundo a encontrar nuevas caras que desenmascarar. Te hago saber que yo seguí tu ejemplo; pero bajo cada máscara busco tu rostro, tan feo, tan humano. No lo encuentro, nunca lo haré. Pero eso no me quita el sueño. Lo que me asusta es que quienes han venido después de vos, terminan en su punto de partida. Levanto el engaño y bajo él encuentro otro.

"Some of the most successful relationships are based on lies and deceit. Since that's where they usually end up anyway, it's a logical place to start".

--Veo el dibujo en la página amarilla y no soy yo (no te olvidés de quien sos). Pero ese dibujo tengo que ser yo, dentro de un mes y por una semana no seré yo.

-No parece tan grave.

--Pero no soy yo.

-Algún día tenés que cambiar.

--Sí, pero no hoy... Aunque vivir es ser otro u otra.

-¡Vaya!

--Pero no.


"Vivir es ser otro" escribió el hombre de los heterónimos, Fernando Pessoa. Al mismo tiempo se me viene a la mente eso que dice Eduardo Galeano: "La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día." No somos de ninguna manera seres estáticos, sino ese collage de emociones y de acciones. Pero yo "sé lo que soy porque estoy exactamente sabiendo lo que no soy (eso que ignoraré luego astutamente)." Ocultarse resulta quizás necesario y quizás terrible, a lo mejor las máscaras son un accesorio más cotidiano del que imaginamos.


Ha llegado el día, este es el final.

Lo sé, he visto el arma bajo tu almohada. Sin embargo, no creo que tengas el valor de hacerlo.
Estoy harto, no viviré más bajo tu miedo.
¿Mi miedo? ¿Qué me dices de vivir bajo tu sombra, no es eso peor?
No hay nada más terrible que despertar cada noche, sabiendo que tú estás ahí, siempre al acecho, esperando el momento perfecto para dar el golpe final...
¡Estúpido! Nuestro destinos están amarrados, mi muerte supondría la tuya también. ¡Lo sabes muy bien!
Eso ya no me importa. Si para destruirte debo morir, moriré.
Pero eres un cobarde, un estúpido cobarde: tu mano tiembla y el sudor escurre en tu frente mientras apuntas... ¡no lo harás!
La vida es una mierda, la tuya, la mía...
¡Detente! ¡Suelta esa arma!
No quiero sufrir más, reír, sentir... lo único que deseo es morir.
¡Bum!
La policía encontró, horas más tarde, a un hombre desnudo frente a un enorme espejo. Estaba rodeado por un charco de sangre, aún con gotas de sudo en su cuerpo y se había pegado un tiro por la boca.


Nadie puede vivir de cara a la verdad
sin caer enfermo o dolerse hasta los huesos.


Jaime Sabines


Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.


Julio Cortázar

¿La máscara hace al hombre o el hombre hace a la máscara? ¿el que anda con máscaras alguna se le pega? ¿cuál fue antes, la máscara o la faz? ¿por sus máscaras les conoceréis? De las máscaras mansas líbrame, Señor...

¿Cometer el craso error de pedir caras al árbol de máscaras.? De todos modos, más vale máscara en mano que cien en rostro, dado los terribles problemas logísticos que representan cien antifaces simultáneos. ¿Qué hombre habría de soportar semejantes contradicciones?

Y luego, ¿si una máscara cae en una reunión de ministros, y nadie quiere verla, produce sonido? ¿Amor de máscaras, felices los cuatro? ¿De la máscara al hueso hay mucho trecho? ¿el libre mercado implica la eficiencia de las máscaras? ¿Máscara, luego existo?

En verdad os digo, bienaventuradas las máscaras, porque ellas heredarán la Tierra [y la Bolsa, aunque las hereden ya muy venidas a menos].

Ser una identidad en el internet es una cosa absurda... Y peligrosa. Imagínese a toda la gente que viene a leer este blog. Peor aún, la gente que entra todos los martes. Es horrible. A veces siento que temo por mi vida. La gente entra, lee, me analiza, busca mi perfil; me buscan en Google, mi lastefeeme, y de repente aparecen en mi Facebook. La gente está encima mío, por Dios. Sé que algo quieren de mí. Esa gente absurdamente desocupada, que se la pasa leyendo chistes en internet y hablando por Latinchat. Generalmente hacen búsquedas estúpidas y terminan leyendo lo que yo hago. ¡Mi vida, mi vida privada!

La gente absurdamente desocupada es la que se la pasa metida en él. Y no se diga los que leen blogs. Gente que adora alimentarse de la vida ajena, que deben pasársela viendo telenovelas toda la tarde y hablando mal de sus amigos todo el día, ahora vienen y quieren saber lo que yo hice esta semana. Y la siguiente... Esos ociosos y perniciosos lectores que buscan cualquier excusa para estar frente a su computadora y leer blogs. Blogs aburridos. Especialmente esos con posts imbéciles de tres líneas y sin ningún contenido.

No confio en esa gente con esos sus blogs, ociosos, perniciosos... Parecería que adoran cuando la demás gente lee esas porquerías que dicen escribir, con tal que los demás lo lean, y comenten "¡Oh, lo que tú has escrito es tan cierto!" Son unos hipócritas. Esos blogueros, los detesto. Siempre se creen tan especiales, especialmente cuando escriben lo mismo que los otros... pero mejor.

Te digo, Moya. Detesto Los blogs.

Estando acá en México, la máscara tiene otra dimensión. Pero vamos por parte dijo Jack el destripador. A veces me pasa que tengo imágenes mentales de los objetos. En este caso cuando me dicen máscara, no sé porqué se me viene a la mente esa imagen del teatro... y que  se ve algo así -y además se puede encontrar en la Fuente webdings del word, Ay dios santo padre! Gates me arruinaste la vida!-:


Y uno tiene en la cabeza esa imagen de las oposiciones. Que hay una máscara triste y una contenta. Y uno piensa que la máscara es la antitesis. Y uno piensa que quizás la máscara tiene algo que ver con entonces la emoción. ¿Serán las emociones máscaras?  ¿Será que el llorar y el reír se lo permitimos a una máscara que nos cubre quienes somos? Y entonces cuando veo esa imagen me da por pensar en tragicomedias y luego pienso en la multimencionada cita de William Shakespeare: "El mundo es un teatro y nosotros sus actores". ¿Será que hay un guión? ¿Qué procesos internos tenemos para actuar? -Creo que leer del habitus de Bourdieu me pone un poco sociológica-. Y quizás nos enseñan las máscaras todos los días. Cómo hay que ponérselas. Qué si te equivocaste de máscara... (Por ejemplo reír en un entierro, llorar en un cumpleaños, esas cosas que a veces suceden, a lo mejor es sólo un distracción interna y un pequeño error de escoger la máscara de al lado y no la que tocaba).

Pero retomando el tema mexicano -uy cómo les ganamos!- la máscara no es más bien la antítesis. Es la identidad. El Santo, Blue Demon y los actuales -que no soy fan del Místico desde que sale en los anuncios del PAN-. No son nada sin sus máscaras. La máscara es el luchador. Un luchador sin máscara ha perdido todo, deja de serlo. ¿Será menos personaje Blue Demon, el Santo que nosotros sin nuestros trajes oficina? ¿Qué tanto la máscara es más bien la expresión de nosotros mismos? ¿Qué tanto nos cubrimos de acuerdo a quién somos? Por ejemplo, fíjese ud. en sus maneras hablar ¿Se esconde tras un falso acento? ¿Utiliza vocablos que nadie conoce para alejarse de la gente?  No lo sé.

¿Qué tanto de nosotros tienen nuestras máscaras?


Y voy con las mías:

1. Mi máscara de salvadoreña - la más orgullosa -
2. Mi máscara de economista -esta va con lentes y tiene el pelo despeinado-
3. Mi máscara de feminista - se la da de vergona y que no llora-
4. Mi máscara de blogger - esta es abstracta, porque verán que no pongo mis fotos, aquí no tengo apariencia física o la minimizo-
5. Mi máscara de hija -esta se porta re-bien-

Y tantas tantas qué tenemos. ¿Si las quitamos todas, qué queda? Y me siento ya como en la insoportable levedad del ser o algo así. O al borde de la esquizofrenia. Y ud. qué dice.. ¿nos echamos una pelea máscara contra cabellera? ¿Se atreve?

*¡Me mentiste!

- ¿Y quién no miente?

* ¡En mi cara!

- ¿De qué otra manera podría?

* ¡Cínico!

- ¡Ingenua, a ver si así aprendés a no confiar en la gente! ¿En realidad creés que toda la gente es honesta? ¿Tan estúpida sos? Jajaja ¿En realidad querés verme como soy? ¿En realidad creés que aguantás?

* ¡Sí!

- Me tomó años construír lo que ves ¿Sabés?

* ¡No me importa!

- Pero a mí, sí. No es fácil, tonta ¿Sabés lo que cuesta hacerle creer a incauto tras incauto que soy de fiar, que soy leal? ¡Es un trabajo de años, de repetición, de insistencia!

* ¡Es que no podés mentirme a mí!

- Bueno ¿Y vos quién sos?

Era la segunda vez que iba a subirme a un tren y me estaba impacientando en el andén. En ese momento se me vino a la mente una canción, y repentinamente pensé que le debía mucho a la banda que la tocaba. Le debía, dije, mi vida. “¿La vida? ¿Qué podría enseñarte una banda de rock sobre la vida...?”

Lección #1: comprá el disco.
Nuestro primer contacto fue amor a primera vista, pero no fuimos presentados formalmente hasta tres años después. Desde ahí no tomó mucho tiempo para que corriera a comprar el cassette (!), cuyo exquisito artwork hizo que mis estructuras cerebrales maduraran un par de años en segundos. Aún hoy, cuando puedo bajar la música de Internet, las tiendas de discos tienen un lugar especial en mi corazón. Todavía hay bandas a las que les dedico el ritual de hojear el librito mientras gira el CD.

Lección#2: la tecnología te acerca al objeto de tu afecto.
La primera palabra que escribí en un buscador de Internet fue su nombre. Para entonces llevaba dos años coleccionando recortes de periódico, buscando infructuosamente personas que compartieran mi obsesión, grabando especiales de radio y televisión y armando un rompecabezas que me parecía inmenso. Cuando descubrí Internet, me asombré por todas las décadas que me había perdido. En esos días estaba conociendo Nueva York y tomé un tren a Manhattan, a la Virgin Records Store. Regresé en el tren de la noche, con un hot dog en la mano y babeando sobre el "Toys In The Attic" y su disco homónimo. Regresé al país con tooooda la discografía en CD, cuando ni siquiera tenía tocador de CDs. Días después, para mi cumpleaños número quince, pedí una computadora con Internet y juré ser Blue Army for life. Incluso, una vez, recibí un correo de Jack Douglas. ¡Vieja, Jack Douglas! Él trabajó con John Lennon en sus últimos días. Me agradeció por agradecerle por hacer un gran trabajo como su productor.

Lección #3: hablá su idioma.
La gente me pregunta dónde aprendí a hablar inglés y dice que lo manejo bien. Fui a clases, pero ellos fueron mi mejor escuela, sobre todo sus documentales. Para segundo año, iba tan bien en inglés que me daba el lujo de no ir a clase, con la venia de la teacher y del coordinador. El slang y las puteadas no te las enseñan en los salones de clases.

Lección #4: orden, disciplina y minuciosidad.
Vas a organizar sus discos por año en orden ascendente, y si el rerun de Saturday Night Live con el sketch de Wayne’s World es a las 2 am, te levantás a la 1:50 para asegurarte de que la cinta esté en la posición adecuada: que no corte el video anterior ni que quede un momento en blanco entre videos.

Lección #5: visión a futuro.
Desde 1997, comencé a ahorrar para verlos en concierto algún día. Ahorrar se me hizo un hábito que mantengo hasta la fecha.

Lección #6: roles de género.
El rock no está exento de la tradición: con excepciones, los hombres son músicos y las mujeres, musas. No descarto que haya algo de feminismo en mentes tan abiertas, pero la socialización pesa, por muy dios del rock que seás.

Lección #7: que las drogas no te consuman.
Sex, drugs, and rock n' roll! Take out the drugs and there's a lot more room for the other two”.

Lección #8: si es tan valioso para vos, tatuátelo.

Lección #9: "remember: music is the weapon".
Mi air guitar no le hacía justicia a sus canciones, así que aprendí algo de piano, guitarra y armónica, aún cuando mis niveles son francamente mediocres. Por otro lado, gracias a ellos conocí a otros grupos, ya fuera porque tocaban covers de sus canciones, porque uno fue telonero del otro, o porque los enfrentaban en Celebrity Deathmatch.

Lección #10: cultivá la amistad.
Eran mis cheros. Yo casi los saludaba cuando los veía por televisión. Los felicitaba en su cumpleaños, aplaudía sus premios y los tenía en mis pensamientos cuando sufrían tragedias personales. Una vez pasó algo que sacudió los cimientos de mi persona en su totalidad y que tendría repercusiones por muchos años. Ellos siempre estaban ahí y se echaban el rollo; siempre había una canción, una frase, una imagen, una anécdota que me alegraba o que me hacía sentir comprendida (aunque más me exprimiera la sal de los ojos).

Lección #11: profesá amor incondicional al conocimiento.
Nadie volvió a atreverse a preguntarme "¿sabías que...?" sobre ellos. Yo lo sabía todo. Topé 13 cintas de VHS, desde conciertos enteros hasta incoherencias como la parodia de los periquitos. Mi librera engordó con libros, revistas y folders llenos de letras de canciones, mensajes escritos por ellos, fotos y cualquier otro material de interés que flotara en Internet (ver lección #2).

Lección #12: superate cada día.
Mis procesos de almacenamiento y procesamiento de información mejoraron considerablemente, de tanto ingresarle datos. Superé mi temor y pena de hablar por teléfono y enviar telegramas por la necesidad de participar en promociones de radio o televisión, tratando de ganarme camisas (¡funcionó una vez!), discos y hasta entradas para sus conciertos. Con todo y lo tóxicos que fueron en algún momento, eran personas (¿personas?) agradables, creativas, graciosas, talentosas; yo también quería serlo. Intento serlo. Espero ser, algún día, una sesentona de 19 años.

Lección #13 (también la aprendí de mi papá): habrá un buen samaritano en tu camino.
a. Mi hermano, previendo que la naturaleza de este encule no era mero arrancón de chucho viejo, me dio un cassette regrabado etiquetado "Big Ones". Otro hermano le sacó copia a todo el librito del “Get A Grip”. Una Navidad, ambos me regalaron una caja enorme que contenía una caja que contenía una caja que contenía una caja que contenía “Pandora’s Box”. Aaawww. Samaritanos y bayuncos.
b. En clases de inglés conocí a mi primera colega, con quien defendíamos el honor de nuestra banda ante el boom de las Spice Girls, de quienes predecíamos -correctamente- que jamás llegarían a la longevidad de nuestros héroes. Ella me prestó mi primer video original y ese fue uno de los días más felices de mi vida.
c. Gracias a mis compañeros de colegio, estuve a punto de ir a verlos en concierto, por medio de un concurso radial. La promoción fue suspendida por el 11 de septiembre, pero sé que hubiera ganado. Me quedé con un fajo de alrededor de 240 cupones en la mano, todos llenos con mis datos personales, y yo sé que hubiera ganado.

Lección # 14: seguí tu moda.
Vestite como pocos. Si te joden por eso, respondé: “you have no idea how much it costs to look this cheap”.

Lección #15: aprendé lo básico sobre psicología del comportamiento anormal.
Mi relación con ellos se describe en términos clínicos como trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de ansiedad, alucinaciones, episodios psicóticos, síndrome de Asperger, delirios de grandeza, codependencia, adicción, trastorno bipolar I y trastorno de estrés postraumático…sobre este último, quizás sea de los pocos casos en la historia referidos a un evento felizmente traumático.

Lección #16: apreciá la memoria histórica.
Las camisas, posters, discos (de estudio, bootlegs, demos) en cassette, CD o LP, libros, entrevistas y mis folders desde el '97 hasta el '06 son un pedazo de su inmortalidad, de lecciones aprendidas, de leche derramada. El pasado te trajo a lo que sos ahora. Immortality...it's not much to ask for, is it?

Lección #17: culturizate.
Tené una amplia gama de temas de conversación: la falla de San Andrés, el incesto, los disturbios por conflictos raciales, los Beatles, la India, la burguesía, la neumonía, tu gran diez-pulgadas, etc.

Lección #18: aceptá el caos.
Un amigo me dijo la semana pasada que al menos no me podía quejar de que, en este punto, mi vida es aburrida. Su biografía está llena de demonios internos, guerras fraticidas y vasos de leche derramados por cónyuges. Pero el título de uno de sus libros, "the fall and raise", no es gratuito. Como ser humano, la vas a cagar y la gente se va a pasear en vos. Aceptá el caos, line up, y remitite a la lección 16.

Lección #19: nunca podés saber suficiente sobre el amor y el sexo.
El amor está en todas partes, aún en los elevadores; te enloquece y te deja llorando. Su cover de “I love trash” de Plaza Sésamo es una obra maestra. Conocí todo el espectro de semejante sentimiento/comportamiento/actitud a través de sus canciones y sus historias de vida. Y novoy a hablar del honoris causa en sexualidad humana que obtuve gracias a ellos (y a espaldas de mis progenitores). Puede que sea escandaloso para algunos sectores de la opinión pública, pero también era sumamente informativo. Excepto por las historias de ficción escritas por fans, esas sí eran...perturbadoras.

Todo esto lo pensaba mientras esperaba mi tren. Y finalmente llegó. Se me encogió el estómago. Adelantemos un par de horas, hasta llegar al momento en que vi que la sección frente a la mía estaba vacía y me salté la baranda, transgresión que tuvo como recompensa que el telonero, un tal Lenny, me sonriera (y que no pudiera grabar el recuerdo como debía, porque me temblaba todo…todo, vieja, todo):


Me devolvieron a mi asiento. En la grabación del concierto (porque guépiles que no iba a grabarlo), se escucha mi hermano diciéndome “dale…¡DALE!”. Que me colara otra vez. Y lo hice. Y ahí me quedé todo el concierto, como Rose aferrada a la baranda del Titanic.


Por la misma naturaleza de su trabajo, me vió sin verme. Pero no me importó tanto como había temido por más de una década. Además, su compañero de banda fue mucho más generoso conmigo, y si me hubiera roto la nariz, hubiera sido la fan más feliz de este mundo:


Lección #20: Dream on. Dream until your dreams come true.

Existen ciertas canciones que me causan algo grande a un nivel mental y emocional que no podría explicar, me ha pasado con algunas bandas y debo decir que he pasado meses despertándome con la misma canción o con el mismo disco, porque cuando una canción me gusta no puedo dejar de escucharla, ahí está repitiéndose una y otra vez.

Cada quien tendrá su historia con la música, y quizás yo no sea una persona de discos, soy más bien de canciones, aunque han habido discos que los he escuchado una y otra vez como por ejemplo el You are the quarry de Morrissey o el Oh, inverted world de The Shins, entre otros. Es increíble todo lo que una buena canción te puede hacer sentir. A veces he escuchado una canción sólo dieciocho segundos y ya me gusta, justamente porque me provoca una combustión emocional que no se puede describir.

Definitivamente no tengo una banda favorita, pero puedo hablar de personas que son canciones y viceversa, es así, a veces cuando escucho una canción suelo recordar como en un video a una persona y es deliciosamente genial. Lo mejor de la vida es esa música que nos hace sentir un carnaval de hormiguitas por dentro, la euforia de descubrir una canción, caminar a través de ella y pensar en por qué no la habíamos escuchado antes.

Alguien dijo por ahí que una buena canción siempre te va a recordar un buen lugar, y eso es completamente cierto. Si tengo que mencionar canciones les diría que me gusta There is a light that never goes out de The Smiths,
I like you de Morrissey, Closer de Travis, Letter to Hermione de David Bowie, De la ausencia y de ti de Silvio Rodriguez, La distancia adecuada de Christina Rosenvinge y etcétera.

Hay canciones que nos encuentran, que se agarran a nosotros, que nos llaman y no podemos estar bien hasta que las escuchamos, y aunque no conozco muchas canciones soy feliz con las que he vivido a todo volumen.


Tendría, a lo sumo, unos 13 años. Me puse los audífonos y comencé a pasar las estaciones: nada de interés. En eso, los acordes de una guitarra me hicieron detener. Luego la letra ♫ sólo así, yo te veré, a través de mi persiana americana ♫ No hubo necesidad de más. Ni siquiera sabía lo que era una persiana americana. Pero no había necesidad tampoco. Menos aún sabía quién era Soda (si, quién). Y de eso si había necesidad, pues, en los años siguientes escuché, siempre invitado por la casualidad y hasta el cansancio, Claroscuro y Ella usó mi cabeza como un revolver. Fui, además, un Prófugo. Y también, lo confieso, le pedí a alguien que me Tratara Suavemente. Pero faltaba una, que ya ni recuerdo la primera vez que la escuché, aunque que ha sido por demás significativa: muestra lo selectivo que soy hasta en eso del amor pues, a pesar de lo dedicable que es, solamente lo he hecho en una ocasión. Pero la casualidad no deja nada al azar...
Sucedió, años después, que conseguí el Chau, Soda. Y lo escuché, ya no hasta el cansancio, no. Se convirtió, literalmente, en un Disco Eterno. Y, en la última canción, siempre me volvía Cerati... ¡A volar todos! ♫ De aquel amor, de música ligera, nada nos libra, nada más queda... ♫ Mi voz enérgica, el Zeta con su bajo infinito y el Charly con su bateria imparable.... ♫ nada más queda
Y el final, inolvidable: qué mejor forma de terminar algo... ¡gracias totales!

Lo que nos acompaña desde siempre, como pegados a nosotros a veces es lo más difícil de explicar. Se que mi amor por la música viene desde que mi papá tuvo la feliz idea de ponerme música mientras yo me enredaba y desenredaba con el cordón umbilical y hacía burbujas con el líquido amniótico. Dice mi mamá que me ponían de toda música, pero yo rockeaba desde entonces, creo.

También se que para cuando me convierta en material para dar de comer a los gusanos, tengo preparado el set de canciones con que habrá de acompañarse el rito de tenerme en standby mientras deciden que hacer con mis restos. Ya he dicho antes que idealmente quiero que me quemen y que las cenizas las echen en un reloj de arena. Desde adolescente tengo esa idea y la del soundtrack de mi velorio. La primera canción que se me ocurrió que debería ir alli es Bohemian Rhapsody, de Queen, luego vendría casi todo el Nevermind y un par más del Bleach de Nirvana. Conforme he ido cambiando de etapa de mi vida, he ido añadiendo géneros a mis gustos musicales. Y con cada uno de ellos, con cada etapa, muchas canciones y muchos discos. Caifanes, Soda, Pink Floyd, Héroes del Silencio, The Doors, Jimi Hendrix, Riverside, Pearl Jam, Stevie Ray Vaughan, Chuck Berry...

Tantos nombres, tantos discos, tantas canciones. El mejor camino para intentar anudar mis recuerdos - si alguna vez perdiera la memoria - son las canciones que los han amenizado. Quizás por eso es tan difícil escribirles hoy de mi apasionamiento con el rock, con los subgéneros de este que me resuenan tanto. Porque cuando pienso en esa lista de canciones, es difícil no señalar con cada canción, Who wants to live forever, por ejemplo, los recuerdos que me trae: el episodio aquel de Highlander, lo que yo pensé en aquel entonces, lo que significo después del primer amor esa canción, lo que quizás llegue a significar cuando uno de mis mejores amigos fallezca.

Es difícil escribir sobre esa luctuosa y rockera banda musical del dia de mi muerte, sin mencionar  las veces que lloré al compas del Great gig in the sky o con Creep de Radiohead, o cuantas veces el intro del I don't care if monday is blue... me dio esperanzas, cuantas veces he tarareado It's a long way to the top if you wanna rock 'n' roll; mientras luchaba conmigo mismo y con el aeróbico elíptico. No es fácil recapitular cuantas  veces canté deseoso de tener a quien gritarle  Que quiero saltar planetas hasta ver uno vacío, que quiero irme a vivir pero que sea contigo... o porque me es tan significativo aquello de no quiero nada mas que calor, algo en qué creer... y porqué en los tiempos que corren me canto a mi mismo aquello de you may say i'm a dreamer, but I'm not the only one..

Es demasiado difícil hablarles del rock que me corre por las venas sin dejar demasiado de mi expuesto en el camino. Ojalá me entiendan.

Larga vida al rock.
Victor

No one looks as foolish as the excitable ones // but then again there's no one who has as much fun

Durante el transcurso de nuestras vidas, ocurren experiencias que marcan el modo en el que la vivimos. Y tan similar a la idea de John Money, de que nuestra capacidad para sentir atracción física y enamorarnos de otros estaba íntimamente relacionada a experiencias que vivimos en nuestra etapa de desarrollo infantil, es el hecho de que nuestra adolescencia estará marcada por siempre por la banda con la que nos identificamos a medida que crecimos para descubrimos a nosotros mismos, y se vuelve un verdadero inicio a nuestra vida, porque de repente todo comienza a tener sentido.

Para aquellos que tuvimos una adolescencia llena de conflictos existenciales y momentos de contemplación a las vicisitudes de la vida, es justificable cómo encontramos en la música un medio para escaparnos del mundo, junto a aquellos que parece comprendernos, y que en lugar de sermonearnos sobre cómo vivimos nuestra vida y sobre nuestras acciones, nos muestran un poco de la suya de forma sincera. Así, reconocemos en sus experiencias una parte de lo que estamos viviendo. Al proyectar nuestra vida en las experiencias de aquellos que parecen compartir nuestras inseguridades y dificultades, ocurre por primera vez un fenómeno tan curioso, que está destinado a suceder únicamente dos veces en toda nuestra vida. De repente, descubrimos que no somos tan especiales como creíamos; irónicamente, es una de las sensaciones más reconfortantes de nuestra vida, porque en aquellos momentos sin dirección ni sentido, identificarnos con otros iguales a nosotros logra darle un poco de razón a nuestra vida. La segunda vez ocurre al enamorarnos seriamente de alguien.

Esa experiencia catalizadora de nuestra crisis existencial hace que seamos capaces de reconocer a nuestra "mejor banda en el universo". Así es como la música se convierte en un hito de nuestra filosofía, de nuestra imagen, y de nuestro gusto personal. Y al hablar de mi mejor banda en el universo no es como si a tantos años de escucharlos siento que no hay otros mejores. Incluso, sé lo suficiente de música como para reconocer que existen mil grupos mucho mejores que este. Igual, parecería no importarme. Es como para muchos esa novia feíta: era buena onda, y para ella, podríamos vestirnos completamente de terciopelo sin que realmente le importe (el que reconozca la referencia, se gana el internet).

Mi banda favorita es genial. No recuerdo cómo comencé a escucharlos, pero después de tantos años, cada vez que pongo uno de sus discos me transporta con un déjà senti, tan especial como las torrejas de mi mamá, el olor a cuadernos recién forrados, las tablas Santa Cruz y los borradores Rotring. Para el récord, sí creo que es una de las mejores bandas que jamás he escuchado. 311 rulea.

A sudden slap in the right place //In my face, I thank you // You always came through for me // It's how it's meant to be

Paco tenía una banda. Una muy mala. Además, su cantautor –él- era tan pésimo que no podía más que cantar sobre cómo Julia lo dejó, y los demás odiaban a Julia. Parece que el lío en la banda estaba peor que el caso de los Beatles con Yoko Ono. La diferencia: ni un puto éxito. La solución para su problema de dinero (una vez establecida y aceptada la mediocridad de la banda y su estancamiento en el mundo primaveral-amistoso-municipal-lastimoso) era cantar música de U2. Y es que a su país jamás llegaría una banda como U2. Especiales acá, tributos allá, con una banda como ésa sus problemas económicos de adulto con complejo de adolescente estaban saldados. Donde ciegos, el tuerto es rey. Nunca falta quien quiera oír a U2, sino como segunda opción (no por deslegitimidad musical, sino por comercialización y difusión) un Pearl Jam, más repertorio por aprender. El underground famoso, pero lleno de árboles que caen sin que nadie los escuche ¿realmente existieron? Terrible el anonimato. Como Paco. Como sus canciones por Julia.

Julia valía más bien todas las de Joshua’s tree, o bien engomarse el pelo tipo Bono. Julia valía que él no fuera Paco. Para Julia, era Bono y,  para él, Julia era Julia. It’s a beautiful day y una Electrical Storm. El soundtrack de unos sueños en medio de un sin pan y un poco de cabellos en la cama, una calle menos atroz, más menos salvadoreña y menos más triste.

Julia se borró del underground. Paco siguió con los lentes oscuros y esperando tener una nariz más pronunciada. Esperando ser Bono o Eddie Vedder. Deseando el over-under-ground de su under-under-ground. Mientras, con su cigarro y su bebida saldada, el anonimato sentaba mal. Julia ahora era de alguna secta ultraconservadora. Jamás volvió a oír música pagana. Jamás volvió. ¿Cómo se va más abajo del suelo? ¿Cómo se hace un agujero más profundo? Le dio por escribir sus pensamientos en jueves santo cuando el “Perdón, señor mío, Dios mío perdón” a Paco le sabían a un Sunday Bloody Sunday.

Entonces, Bono conoció a Matea, Matea era una Julia y para Matea, Bono era Paco. Y con lentes o sin ellos, Paco divisaba algún árbol en medio de los muchos asistentes, mientras el sonido al destapar la cerveza cortesía del bar le decía que -en efecto- el árbol había caído.



San Salvador, 2004.






No tengo UNA banda favorita, tengo demasiadas... me declaro incompetente en este tema.