Un final triste es un buen comienzo. De no ser por el infortunio que arrastraba mi futura heroina, no hubiera pagado la entrada para entrar a ver la obra de su vida. La encontré en el momento en que ella observaba descender un ataúd, en un entierro en el que no conocía a nadie más que al muerto. Mucho después, sabría que sus sollozos no tenían que ver con las palabras del cura.

Apenas me acomodé en mi butaca, me di cuenta que en este final triste no había justicia, ni más de dos horas de sueño cada noche. No había reconocimiento a sus heridas de guerra ni testigos que reclamasen por el pacto roto, porque el pacto era un secreto. No había boda ni puesta de sol hacia la cual correr. Había palmadas en la espalda, "estarás bien con el tiempo". Había cambios de tema en la conversación, de lo más deprimente a lo más light. Había personas que aparecían como salvadoras, y que al fallarle como es costumbre, le recordaron que en efecto eran personas, no analgésicos. Las madrugadas en vigilia le regalaron ojeras y la hicieron sentir invisible. Invisilibilidad es islamiento es soledad. "Se acabó", dijo sin voz. Ya sin vos. Se acabó.

Llegué cuando la gente estaba saliendo del teatro, conmovida por el final, el funeral, el se-acabó. El lugar quedó vacío. Mientras tanto, en la soledad, ella encontró un inicio. Yo llegué a tiempo: un final triste es un buen comienzo.

6 comentarios:

El mal ejemplo dijo...

Sublime!

Conozco los finales tristes.
Quiero decir, conozco los finales.

Lust for life dijo...

Al aceptar un inicio también aceptamos el final, que triste!

Snipe dijo...

Uh, qué genial. (:

Victor dijo...

Uh, qué genial #2

Virginia dijo...

Esto no se hace en sábado: Intentan hackearme y vos me hacés chillar ¿Qué te he hecho?

T_T

DeaR dijo...

No todo final es un comienzo. Algunos finales son simplemente eso: finales.

Tu texto, sin embargo, plantea algunas cosas muy interesantes. Escribes muy bien.