El más largo viaje siempre inicia con un paso, ¿verdad? Dentro de una visión sistémica de nuestra realidad, hablar de inicios y finales es como hallarle tres pies al gato. Hablar de espacios, lugares, líneas, puntos, demuestra nuestra necesidad de referenciarnos dentro de la vastedad del mundo en el que vivimos; de nuestra facilidad para perdernos dentro de nuestras acciones, nuestras palabras, o nuestros pensamientos. Porque sin un punto de partida, no existirían metas adónde llegar, ni logros por alcanzar. No tendríamos objetivos por cumplir, expectativas por llenar, necesidades por satisfacer; sueños por cumplir, vida por vivir.

Sin embargo, por muy loable que sea la idea de referenciar nuestras vidas dentro de un campo de acción finito, muchas veces es esa misma la mayor limitación que nos aqueja. Limita nuestra imaginación, nuestra visión, nuestra acción. Especialmente cuando sabemos que dentro de sistemas abiertos al medio, referirse al final de un sistema da igual que referirse al inicio de otro. Conocer los límites de nuestras capacidades es un equivalente a rendirnos frente a aquellos mejores a nosotros, mientras que delimitar nuestros roles es cuestión de reconocer no solamente que nuestras acciones afectan a los demás, sino que necesitamos de insumos por parte de otros para iniciar nuestro camino.

Pensar en límites a nuestra acción significa medirnos, y restringirnos a un campo de acción dentro de un universo dinámico, del cual somos parte y dentro del cual participamos sin haberlo planificado ni pedido. Por tanto, referenciarnos dentro de un punto de la realidad indica que somos conscientes de nosotros mismos, de nuestras capacidades, nuestros deseos y nuestros objetivos. Somos testigos de las necesidades del mundo, por tanto de las nuestras, y mientras nos convencemos a nosotros mismos sobre nuestra capacidad para cumplir con la satisfacción de ellas, nos desplazamos imaginariamente por el camino que nos llevará a lograrlo.

Es por eso que el inicio, más que un punto de partida, es un estado con un punto básico que describe nuestra posición, una dirección específica hacia un objetivo bien definido, y una magnitud medida en nuestra motivación y capacidad para la conclusión de nuestra empresa. Claro está, que este vector más parece estar relacionado con su componente de raízcuadradademenosuno. Es por eso que el viaje más largo, para aquel que está destinado a llegar a su fin, inicia con su mente cruzando la meta incluso antes de iniciar la marcha.

4 comentarios:

DeaR dijo...

No puedo estar más de acuerdo con lo que dices (escribes).

Eso de 'inicio' y 'fin' son concepto pequeñisimos, aunue parezcan infinitos.

EL SUM dijo...

Creo que es necesario tener una referencia para 'medir nuestros logros' o en todo caso para saber cuanto nos faltó para cumplir la meta. Las metas personales cambian durante el tiempo, bien dices q terminando una carrera, inicia otra.
Creo que pensar en nuestros limites no necesariamente debe ser para estancarnos y colocar un muro como frontera de lo que podemos y lo que no, al contrario, debería ser un reto personal el buscar la manera de sobrepasar esa barrera y expandirte...

JC dijo...

¡Vaya! ya extrañaba artículos tuyos de más de tres líneas...

Bueno. Muy bueno

Minino dijo...

Tomando el dicho "Todos los caminos llevan a roma" (que se definiría como el destino final) Entonces el punto de partida es practicamente irrelevante y carece de importancia.

Lo que al final importa es el objetivo. Y si no tenés ninguno (que divertido) caminas aleatoriamente viviendo cada experiencia como interesante.