De parte de Industrias La Vaquita y todos nosotros, deseamos pasen bonitas fiestas en compañía de los suyos. Nosotros la pasaremos con los nuestros.


Nos vemos en el 2010.

No bailo, no quemo pólvora, no me gustan los villancicos, no puedo cocinar pavo, no me gusta el rompope -es guaro de monja-, odio las películas de Navidad, no me gustan los dramas familiares ni el ruido demencial de las balas perdidas. No me gustan los niños quemados, los pasillos llenos de golpeados, la gente que me arrastra a abrazar a entes que no conozco. No me gusta el 24-25 de diciembre. Aparte, soy atea.


Ah, pero el 31. Las cumbias, los brindis, los recuentos, las vueltas de página. Las llamadas a medianoche. Los pasos adelante. Viva año nuevo.

Pero usted que sí le hace al bailongo y comprar metralletas de dos cuadras y cantar Los Peces en el Río y cocina Chompipollo y le gusta el rompope y es una persona de familia, dele. Feliz Navidad, Saturnalia, Solsticio de Invierno. Pasadla bonito.

Diciembre tienes muchas cosas que no me gustan, tiene demasiada ausencia, se desprenden recuerdos y la nostalgia sucede. Diciembre suele ser la conclusión no sólo del año, sino de muchas más cosas, por lo mismo no es mi mes favorito, no me gusta, no lo quiero. Pero diciembre existe y está acá haciéndonos creer que es algo especial. Vuelve, siempre vuelve, pero el tiempo es otro y nosotros seguimos siendo tan distintos. Muy pronto todo esto sólo serán recuerdos, entonces imaginemos el futuro lo mejor que podamos.


Diciembre es para mi el mejor mes del año. Me pone nostálgico. Me acuerdo de esas mañanas sin oficio en las que me ponía a ver televisión con mis hermanos. Veíamos "Supervacaciones". Por la tarde jugábamos fútbol o cualquier otra tontera para acabarnos el tiempo. A veces comprábamos cuetes de 5¢ y los metíamos a botellas o cualquier otro recipiente. También experimentamos con los silbadores. Además invertíamos nuestro tiempo en el Nintendo con Mario, Street Fighter 2010 o cualquier juego que nos prestaran. Y claro, el día más esperado era "el 24". Nos íbamos a la casa de mis abuelos y pasábamos ahí toda la noche. Regresábamos con el baúl del carro lleno de regalos. Por la mañana la cosa cambiaba: teníamos que barrer la calle llena de basura de la pólvora. Para "el 31" la historia era similar sólo que no habían regalos y se podía escuchar la famosa ♪faltan cinco pa' las doce♪
Es curioso como pasa el tiempo. Tengo la certeza que esas navidades regresarán cuando, eventualmente, me toque cuidar a mis hijos. Claro, serán un tanto diferentes precisamente porque tendré que cuidarlos: que no peleen, que coman, que tengan cuidado en al calle y, por supuesto, que no anden metiendo cuetes en recipientes de vidrio ...

[No voy a pensar en aquello de ♫ llega navidad y yo sin ti, en esta soledad...♫ Lo tarareo ahorita para que ya no vuelva a salir. Solo le voy a dedicar este par de líneas.]

Emigramos por una noche a la cálida morada donde solía jugar días eneros en mi niñez, comemos y hacemos las bromas de siempre. Una alegría repetida con cada vez menos sillas a la mesa y con más nombres que mencionar como presencias en el corazón que no comerán chumpe, tamales o lo que se haya podido juntar para comer juntos. Oramos y brindamos, nos regalamos un par de abrazos más. Volvemos a reir aunque sepamos que somos cada vez menos los que nos juntamos a cenar en una mesa larga.

Al centro de todo mi presencia llena de sensaciones. Estoy solo en medio de todo. Cada quien a lo suyo y yo a encerrarme en un libro, en intentar que caiga una llamada que intenta suplir una visita que quisiera haber hecho para dar los abrazos que no puedo. Estoy solo en medio de todo y pienso en lo bonito que fuera no tener q pensar q entiendo eso de llega navidad y yo sin ti en esta soledad.

Vale verga.


[Disculpe usted el tono de no celebración y de más catársis que otra cosa. En mi corazón queda la satisfacción que este año ha iniciado este proyecto hermoso que me fuerza a sacar de dentro cosas que no siempre me atrevo a decir. Ha sido un año lleno de retos y el año que viene seguira siendo así, con la agravante que yo tengo el deseo que sea mejor que este que ya se acaba. El deseo va para mi y para usted. Hagámoslo posible. Un abrazo. Victor]

¡Qué tema más complicado para esta semana!, porque como muchos saben, la navidad no es para mí. Claro, lo único que les puedo decir es que no es necesario que sea navidad para hacer nada de lo que en ella hay, como beber rompope, dar regalos o hacer galletas. Mucho menos para hablar con sus amigos y familia, o decirles que los quiere. Hágalo durante todo el año, no busque excusas ni viva su vida de modo aburrido.

De parte del martes en CP, ojalá que todos los días que yo publique sean una excusa para vivir un buen 2010; salga y haga cosas buenas por los demás, háblele a las personas solo porque sí, dé regalos porque se acordó de ellos y dígales cuánto los aprecia. Si usted celebra el nacimiento de Dios, no lo haga una vez al año, porque se merece más. Claro, también evite las épocas de consumismo y administre su dinero del modo correcto. Por último:

- No compre ni reviente pólvora, por el bien de los niños y del medio ambiente;
- intente beber lo necesario, recuerde que el que sabe se divierte;
- sea amable al manejar, demuestre que pasar tiempo con su familia y amigos lo hace sentirse bien; y
- aproveche su tiempo libre.

Y así es como vamos a destruir la navidad de una vez por todas.

Nos pusimos a tono con las celebraciones, y sí, entenderán que este es mi último post en campopagado para el 2009.

Y pues sí, normalmente hago esto en mi blog, desde el 2006 -me siento blogueramente vieja- .Pero lo haremos acá para compartir la emoción de prometernos cosas para cambiar y desearnos lo mejor. Pero no serán los personales, esos seguirán manteniéndose por allá, cuando toque. Sino mis deseos comunales, por así decirlos, lo que siento que nos harían bien a todos.

Tons, voy a sacar a pasear la maleta, tirar sal a un ladito del hombro, preparar las uvas, levantar la copa y primero decir los 12 deseos de las uvas virtuales:

1. Que El Salvador tenga una política de mitigación de riesgos y que cada vez se muera menos gente cuando llueve -sería bueno llamar a nuestro presidente Funes y que me viniera a leer, nomás tantito.

2. Que el señor Saca devolviera el pistillo que se robó y lo invirtiera en salud y educación (este sí es un sueño guajiro).

3. Que haya justicia, que se reconozca a los mártires salvadoreños.

4. Que hayan más espacios públicos seguros en El Salvador.

5. Que disminuya la violencia, no quiero seguir enterrando gente que se pudo evitar morir.

6. Que la crisis de los gringos nos afectara menos, o sea, espero alguna diversificación de nuestros socios comerciales, sería como bueno. Pero bueno, el ALBA no va, no está en discusión, pero haber qué pasa.

7. Que el señor premio Nobel de la paz, haga algo de lo que prometió y los salvadoreños que viven en los yunai estén mejor.

8. Que el señor premio Nobel de la Paz, actue como merecedor de ese premio y deje de servir al imperio de la guerra y la violencia.

9. Que la gente tenga memoria. ¿Qué pasó con el caso de los diputados del Parlacen? Que alguien se acostumbre a dar respuestas.

10. Que hayan menos niños quemados :) . Tan bonitas que son las luces y me gustan más que el ruido de los cuetes.

11. Que el mundial de fútbol sea entretenido, limpio, no tan comercial y que la gente no se le olvide lo que pasa a su alrededor por un marcador.

12. Y luego, salud, dinero y amor, para todos.

Y ahí acabo mi carta al niño Dios!




Mis propósitos blogueros:

1. Seguir con este ejercicio virtual de lo que es el proyecto Campopagado.
2. Escribir más en mi blog de economía para mover la ardilla económica que tengo en la cabeza.
3. Tuitear menos, bloguear más.
4. Chismosear menos en el facebook.
5. Ser más crítica y compartir la crítica, se me ha quedado tanto por decir en el tintero a veces de las coyunturas nacionales e internacionales, que me parece que la opinión de una hormiga es al final una opinión, pero el ejercicio de decir lo que uno piensa de manera estructurada es un acto ciudadano que debería ejercer con más frecuencia.

Son poquitos, pero los intentaré. Ahora les deseo lo mejor. Levanto la copita, la alzo, aclaro la garganta y les digo:

FELICES FIESTAS

Y que se oigan los cuetes!

Nos leemos en lo que será el 2010.

Hace exactamente 17 años mis padres empezaban su última misión como papas. Y si hacemos caso a la tradición salvadoreña inventada "no-se-por-quien" de que la responsabilidad de criar a un hijo (o de "sacarlo adelante dándole estudio") termina cuando se gradúa de bachiller, entonces esa misión termino exactamente ayer.

Lo curioso de la fecha es que hace también 17 años graduaban ellos a su hijo primero. Largos años de una tarea no siempre agradable (supongo yo) van terminando en estos días, entonces.

Y creo que puedo hablar por todos sus descendientes y decir que no sé cómo le hicieron, pero a juzgar por los resultados creo que no lo hicieron tan mal. Y no, no es gana de alardear. Porque no medimos el éxito de la tarea realizada en la cantidad de bienes o logros académicos que hemos llegado a tener sus descendientes, sino en lo orgullosos que ellos se sienten de lo que SOMOS.

Quizás, parte de ello, se deba a que nunca nos mintieron. Nunca nos dijeron que un personaje gordo vestido de rojo, nos traía regalos por ser buenos o un personaje invisible llamado "niño-dios".

Quizás también se deba porque recibimos sus muestras de cariños, palabras animosas, abrazos y besos, sin llegar a los extremos de la cursilería, todo el tiempo, no solo en determinadas fechas del calendario.

Puede ser que también en parte, se deba a que no tuvimos siempre mucho en abundancia, y cuando se tuvo fue como resultado del trabajo duro realizado y de la honradez ante todo.

En estos días, que mis papas empiezan a cerrar algunos capítulos de su vida y abrir otros, me siento como en una fiesta. Feliz de ser quien soy, rodeado de ellos y de mis hermanos, listo a afrontar lo que venga el en futuro, sea bueno o malo. Esa es la clase de espíritu festivo que le deseo a todos los que forman parte de una familia.

Papas, hoy se merecen una gran celebración, una gran fiesta, es para ustedes.

Prefiero el sol de invierno. El que todavía no ha terminado de levantarse, el que me lanza rayos tibios a través de la ventana, el que no le gana al frío pero le hace buena compañía. Ese es el sol que quiero regalarte, el sol que le ofrecí a muchos pero nadie quiso. Y no entiendo por qué, si es tan....cuestión de gustos, supongo.

Ese es el sol que sigo, y es otra vez esa época del año, ese sol me llama. Me voy, me voy sola, tal vez algún día vengás conmigo. Podemos salir de la casa con abrigos, cruzar el parque y meternos al coffeehouse y a la librería. Yo creo que te gustaría. Y encima de nuestras cabezas, todos esos colores que manchan el cielo, como témperas derramadas. El sol antes de que entre a trabajar y su posición marque las 8 en el cielo; el sol al final de sus horas hábiles, deslizándose lentamente en el horizonte. Y el frío, sobre todo el frío.

Quién sabe cómo estaríamos si muchas más estrellas estuvieran igual de cerca a la Tierra que el Sol. Me basta con una. Y si vos me decís que sí, te aseguro, me basta con vos.

Te he oído llamarlo por las mañanas en medio de canciones dulces, en medio de las frescas horas, y finalmente los días soleados vienen y se tropiezan con las cortinas, con los despertadores, con tus pupilas. Los días soleados se cuelgan de los arboles, de las puertas, de las palabras.

Los días soleados sos vos y tu mirada de las cuatro de la tarde, vos y esa sensación de brisa y nubes que pasan arriba nuestro, vos y las canciones melancólicas y dulces. Pero te encanta la lluvia, para eso estoy yo. Y a mi me gusta el sol con vos.

Cuando la oscuridad de la noche iluminó por todas partes, el Sol se asomó por mi ventana.
Me preguntó por la Luna. No supe responder. Ni las Estrellas sabían de ella, sólo yo. Pero no podía decir nada, no debía decir nada. El Sol se puso rojo de la cólera, sabía muy bien que algo escondía. Traté de calmarlo. Le dije que quizás hoy le tocaba ser Luna Nueva y su rostro nos ocultaba. El Sol se quedó callado, incrédulo. Las Estrellas a su espalda comenzaron a temblar. Y yo también. El Silencio se apareció de pronto y se quedó largo rato.
Finalmente, el Sol decidió irse, más triste que enojado. Las Estrellas, ya más tranquilas, se escondieron tras el telón del Cielo. Y el Silencio, cómplice de todo el mundo y de nadie al mismo tiempo, se quedó mudo y reinó. Sólo entonces salió la Luna de su escondite. La abracé, la besé y la amé.
Pero se abreviaron las horas en segundos, el Cielo se pintaba de naranja: la Luna debía irse. No queríamos separarnos pero teníamos que hacerlo. Así que nos despedimos con al esperanza de aquella noche, en la que de nuevo nos tendríamos que esconder del Sol nocturno.

Vas a necesitar ojos polarizados para verme a los ojos.
Y una cubierta cósmica para abrazarme.

Acostumbrate:
cuando no te alumbre vas a sentir congelarse hasta un kilómetro dentro de vos
cuando te toque de nuevo vas a arder casi sin rastros húmedos.


Aunque escondás dentro de vos tus semillas, van a crecer hacia mi
te voy a germinar jardines que olerás desde sus raíces.


Eso, claro, cuando ya no estés en la materia oscura
y giremos centrífuga y centripetamente
expandiéndonos con el universo.

Vení, antes de volverme agujero negro.

Vienen y van días en los que me levanto con la emoción de sentir el día mientras que hay otros en los que espero a que anochezca para sentirme lleno. Pero toda la vida llego a la pregunta: ¿Qué sería mejor, tener solo días, o solo noches? La respuesta es más que obvia.

Porque a pesar de todas las cosas que en el mundo se nos niegan, hay una que cualquiera puede tener y disfrutar, aunque no siempre somos conscientes de ello. La luz que sana nuestra tristeza, nos mantiene vivos, nos deja ver.

Y que mientras la tecnología no exista, probablemente no sea privatizada.


Ofendeme, abrí las cortinas

de todas maneras nunca vas a poder asociarme con la luz
tan prístina
tan clara
tan no-yo.

¿Te ofendo? ¿Puedo? Abro las persianas
Que entre el sol
que me golpee el rostro
que el resplandor ataque mis conos
y mis bastones
que se lleve tu negro
morado
violeta
lila
celeste
y me deje el rojo
naranja
amarillo
blanco
luz
tan no-vos
[la gente oscura tiende a juntarse]

Que se lleve la noche
los truenos
el llanto
no fue nada
y vos lo sabés

Que entre, dale, ofendeme, abrí la ventana
corré las cortinas
subí las persianas
que entre el sol
que entre la luz
que entre la vida
y a la mierda con vos.

Quien hable conmigo un ratito de música, se enterara rápidamente de lo siguiente sobre mis gustos musicales: que me gusta la música romántica y la de Luis Miguel.

A los que detestan al tipo, les digo que mi gusto por la música que el interpreta (no escribe, no compone, si, ya lo sé) no se debe a simpatía hacia su estilo de vida, opiniones o actitudes, sino a que me pone de buen humor.

Y cuando supe que el tema de esta sema seria “Sol”, no pude dejar de pensar en la canción “Cuando calienta el sol”, cancion compuesta por Rafael Gastón Perez, un musico nicaraguense que tocó en 1948 en un grupo musical de El Salvador, entre otras cosas, segun Wikipedia.

Pues esa cancion que el tipo en cuestión (a quien paradójicamente le llaman “El Sol”, tonteras de la gente) interpreta en un video, tiene cosas que me hacen feliz: estar en la playa, ver aves marinas, chicas en bikini :-D, comida y fregazón.
Así que les dejo el video, cortesía de Youtube.com para que lo vean.



Para ser honesto, escuche esta misma canción interpretada por la orquesta de Ray Coniff que me gustó mucho más que la de Luis Miguel. Lástima que no iba acompañada de un video de playa y sol.

Se me disculpará el refrito. Pero la confusión persiste.

Mirá, sobre esa calle emergen los muertos, si te vas más al sur no volvés nunca, ahí ni la autoridad llega, yo sólo tengo recuerdos de esa calle cuando jugábamos capirucho con el Chele y el Goyo, ahora ellos no se acuerdan cómo se asustaban cuando yo les aplaudía en la cara y parpadeaban los majes y les metía su patada por maricones, eso sí, después de darles la patada salía corriendo porque yo maje no soy, y vos sabés que esos quietos no se quedan. Pero ahora junto al letrero de 'alto' ya no quedan vestigios de infancia, tampoco hay niños jugando a darse verga, ahí sólo quedan muertos, la calle del Tata, que es una calle fingiendo ser matadero, que es un matadero fingiendo ser calle, donde ya no hay niños jugando a saber si tenían o no miedo. Mirá, es que sobre esta calle emergen los recuerdos, si te vas más al sur no volvés nunca.

No recuerdo mi infancia con mayor detalle. Quizás alguna que otra cosa relevante, detalles. Por ejemplo, la época que me tocó vivir fue entre la transición de los juegos tradicionales y el Nintendo. Pasé muchas tardes jugando mica o escondelero mezcladas con Mario Bros. Los juegos de aventura ruleaban, a pesar de que uno tenía que echarse de un sólo tirón el juego porque no había forma de guardar los avances. Por otra parte, confieso que nunca fui muy bueno para ningún tipo de juego: en mica siempre era de los que les costaba pasarla, en ladrón librado y en "policías y ladrones" parecía 'un penece' en pleno Centro de San Salvador, en escondelero me costaba encontrar a los otros y me costaba demasiado esconderme, en el serio no soportaba la risa y jamás entendí eso de mató tunco tu tata. Pero igual, como disfrutaba esas tardes, sobre todo de diciembre, con ese vientecito. Hablando de viento, se me viene a la mente algo que no tuve la oportunidad de realizar las suficientes veces y que encantaba: elevar piscuchas. De alguna forma las envidiaba, verlas tan alto, tan libres, sin preocupaciones. Me veo ahora, atado hasta enero para un respiro y luego otro rollo para ser profesional, y después el trabajo y más tarde.... De veras extraño aquellos días.

Mato tunco tu tata fue uno de tantos inicios en los rituales probatorios. Esos que -de ser superados satisfactoriamente- irian proclamándole a nuestros congéneres que no carecíamos del valor que ellos mismos nos cucaban, que pregonarían lo machos que somos, lo vergones que podíamos ser. Así aprendimos a reaccionar rápido, a no cerrar los ojos, a demostrar la valía, los huevos. Así aprendimos a ponerle otro rostro a los sentimientos. 

No hay que confiar en quien juega con vos, hay que poner cara de vivo. Vivo como sinónimo de desconfiado y de aprovechado, vivo como buen macho. Hay que responder que no le tuvimos miedo a la muerte del tunco, a los alaridos, a la sangre o a lo que sea que fuera que podría darnos miedo en la muerte de un cerdo.

Aún hoy pienso en qué símbolo habría detrás de un padre matando un puerco. Lo único que me queda claro es que aprendí a no cerrar los ojos y a demostrar cuan macho soy, haciendo caso de cualquier sinsentido.

Esta es la triste historia
de aquel tipo y su novia
La mina es tan fea
que cuando hacen el recuento
lagartija para arriba
ya no la toman en la cuenta

Al tipo le vale, sin duda
aunque sí le parece raro
que los niños les huyan
cuando anda junto a ella
comprando en sus idas al mall

a comer crepas y cinnabon

Así de fea es su vida
porque si el amor es ciego
como la justicia es
el tipo debe ser el diablo
o ella cotiza su amor;
los ciegos no tienen de otra.


P.D. Este tema sí está complicado.

Para llegar a El Ocotal hay que caminar casi dos horas montaña arriba. El fiscal Pérez se queja, nadie le dijo que había que adentrarse tanto en el monte sólo para ir a levantar un cuerpo. A regañadientes comenta que si de caminar se trataba hubiese preferido estudiar una vaina menos pomposa, como ser maestro, pero no, el licenciado debe ir chaineado. Le apretan los Caterpillar que compró la semana pasada. El sargento de la Policía Rural le escucha y se ríe, talvéz no del fiscal, sino de toda la gente que llega de Jan Jalvador. "Supiera que más camina mi nana arriando agua todos los días", piensa para sí, mientras los senderitos polvosos parecen no tener fin. Es mediodía. No hay esperanzas de regresar a tiempo para ver el partido.


A medio camino se respira un olor penetrante a hojas de eucalipto quemadas. El fiscal apura el paso, temiendo la destrucción de la evidencia. Le siguen apretando los zapatos. Intenta caminar, casi trotar, pero todo lo que alcanza a ver a través del vidrio de los lentes es una explanada verde donde no se distingue nada. El sargento, sin embargo, sabe hacia adónde va, es más, se imagina lo que va a encontrar. Le cuenta al fiscal que alacito de la vaguada vive la Marla, una bichistilla escuálida, sola con el tata. Se hablan cosas, veá, pero él no garantiza nada: dicen que el tata la cargó y jue a matar al cipotío a la quebrada cuando nació. Pueden ser chambres, doitor, pero es lo que dice la gente del caserío. Puesí, como viven tan apartados ¿Quién más va a subir tan arriba sólo para hacerle el daño a la cipota? La cara del sargento enrojece y el fiscal nota el escapulario en su pecho. El policía tiene cara de buena gente, el fiscal agradece el marco descriptivo, pero la montaña parece infinita y los pulmones no le van a dar para mucho. Es la una de la tarde y Messi seguramente ya metió un gol, si es que Guardiola lo puso de titular.

El abogadito lleva hora y media caminando bajo el sol y descubre que odia ejercer. Odia Civil. Odia Penal. Odia Mercantil. Odia ejercer. Cuando regrese a la capital se va a poner a buscar otra cosa qué hacer. A lo mejor decide... ♫ Vamos a la huerta de toro-toronjil♫ ¿Qué? Empieza a correr hacia la voz. El sargento llega antes de él y siente náusea. Hay un fuerte olor a muerto. Hay un muerto. Hombre, entre 45 y 50 años, con múltiples heridas de arma blanca. Sujeto capturado in fraganti, menor entre 11 y 13 años, que responde al nombre de Marla T., tez morena y ojos negros, no señas particulares. Encontrósele con el arma del delito, un colín lleno de sangre, presuntamente de la víctima. Procedo al interrogatorio in situ:

- ¿Hija, vos sabés qué pasó?
- ♫ Doña Ana no está aquí, estará en su vergel
- ¿Vos hiciste esto?
- El tata malo, el tata malo.
- ¿Él era tu tata malo?
- ♫ ...abriendo la rosa y cerrando el clavel ♫
- Marla ¿Vos le hiciste eso a tu tata malo?
- ¿Mató tunco tu tata?
- Sargento, mire esta mona pende... vaya, pues, Marla ¿Mató tunco tu tata?
- Jejejeje, sí
- ¿Y le tuviste miedo?
- No, ya no.

Pérez renunció después de remitirla. El sargento levantó un rosario por ella.
El Barça ganó.

Cuando escucho la expresión sin sentido “¿mata tunco tu tata?” siempre recuerdo a mi papa jugando con nosotros mientras esperábamos que la comida fuera servida el cualquiera delos lugares que nos gustaba ir. Comida china,”El Delfin”, pupusas o la pizza Toto’s. Quizás una o dos veces al año, el “Doña Mercedes”.

Recuerdo que siempre le pedíamos jugar a algo mientras la espera de la comida la sentíamos larga, especialmente porque en aquellos tiempos no había sección de juegos de niños.

Ahora, que lo pienso mejor, percibo que el objetivo de ese juego es demostrar que se es valiente. Que pese al soplo o la amenaza de golpe que venga a la cara, no nos vamos a asustar y cerrar los ojos. Que no nos dio miedo.

Y cuando sigo pensando en eso, es cuando descubro, de que quiero hablar exactamente en este post. Note que empiezo a saberlo después de haber robado minutos largos de su atención. Disculpas por ello.

Decía, pues, que de lo que quiero hablar es de ser valientes o de al menos demostrar serlo. Y pienso entonces que la valentía, según lo me enseñaron, no es, la ausencia de miedo, sino actuar aunque se tenga temor. En otras palabras no tener miedo de tener miedo.

Con frecuencia, las opiniones o posturas en la vida de algunos están condicionadas al ambiente y las personas que los rodean. Actúan, no porque tengan la certeza de que su actuar y pensar es el correcto, sino porque ese actuar o pensar es el aceptado. El que otros dicen que es el “correcto” el "normal".

No soy un rebelde sin causa, ni un anarquista lleno de contradicciones solo porque si, pero siento que algunas opiniones y puntos de vista que tengo no son aceptados por algunos. Ni mi forma de actuar ante determinados eventos. A veces, los expreso, a veces no. A veces algunos expresan su desacuerdo conmigo, a veces no, pero siento que no tengo miedo de eso. Se que a veces,eso me pone en la situación de ir contracorriente, y no siempre se tienen buenos resultados, pero no me arrepiento. He perdido oportunidades y estimas, pero he sido fiel a mis valores y convicciones.

Y sin embargo, en ocasiones como esta, cuando se trata un tema como el de esta semana, es cuando me pregunto: ¿Qué tan lejos iría para ser leal conmigo mismo o con mis valores? ¿La muerte?, preguntas que sustituyen a estas ¿Mata tunco tu tata? ¿Le tuvistes miedo?

Por una vez, quisiera pasar entre ellos sin que cuchichearan y se rieran. Sin que me siguieran con los ojos o intentaran acercarse más de lo socialmente aceptado. Quisiera pasar desapercibida.

Y no es que yo sea la gran cosa. Paradójicamente, su supuesta apreciación por mí -o las partes visibles de mí- convive con el desdén: soy igual que todas, todas son igual que yo. No soy nadie, podría ser cualquier otra y para ellos da lo mismo. Entonces me resigno a la saliencia de mi anatomía, y, al menos para distraerme de lo que pasa a mi alrededor, me imagino invisible. Invisible, libre.

"Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo."

Jaime Sabines

Me decís las cosas que ignoro de mí, las que no me creo, las que no pretendo saber, las que he aprendido a ignorar cuando es necesario o porque es más fácil, y las cosas que no he podido retener. Ignoro y a veces tengo razones para hacerlo y otras estoy sin justificación para no saber, para haber olvidado.

A veces ignorar no es tan malo, tampoco es que me olvide. A veces ignorar es de alguna manera ser un poco feliz, o quizás no. A nadie le gusta ser ignorado, y sin embargo pasa. A nadie le gusta ignorar, y sin embargo ignoramos. Ojalá pudiésemos elegir, pero la vida funciona distinto.

Al abrir los ojos aquella fría mañana, se sintió un poco más ligero de lo normal. El sol no había salido del todo. Se levantó y, como todas las mañanas, se puso su traje de hombre invisible. Tomó un pequeña bolsa negra, salió a la calle y, después de caminar varias cuadras, se quedó parado frente una banca en una desolada acera. Al poco rato pasó un autobus y se subió. Estaba lleno. Sacó algunas cosillas de la bolsa negra y las ofreció a los pasajeros por una pequeña cantidad de dinero. La gente siguió en su mundo, ni una mirada hacía él. Camino hasta el final del autobus y nada. Sintió, entonces, una enorme tristeza. De pronto despertó. De nuevo estaba en su cama y el sol no había salido del todo. Todo había sido un sueño. Entonces, se levantó. 
Curiosamente, se repitieron cada una de las situaciones de su sueño, de hecho, eran las mismas de todos los días, a excepción de la de ponerse el traje de hombre invisible.



Roger Waters escribió este pequeño himno. Deliciosa canción que me estremece el alma nota a nota como muchas otras de Pink Floyd. ¿Qué la hace distinta? ¿Porqué apuro las teclas mientras suena al fondo ♫ Open your hearth... I'm coming home.. ♫? No sé, pero aproximémonos.

Mi vida es una especie de prolongación de diversas etapas anteriores. En cierto modo yo y usted vivimos etapas extendidas de nuestra niñez, o nuestra adolescencia. Yo por ejemplo vivo una niñez extendida cuando llueve, y puedo salir a empaparme el alma. Vivo una adolescencia extendida cuando sopla el viento a través de los pinos que están en la acera del frente de mi casa y me siento íngrimo.

Cada vez que mi alma se rebela ante la sensación de estar siendo apartado por el mundo al que creo pertenecer, escribo. Hablo para sentir que me noto, después de todo*. El papel aguanta con mis inseguridades mejor de lo que las toleran quienes me conocen o creen conocerme. Escribo regularmente desde la adolescencia, extendiendo desde entonces ese mecanismo de adaptación al mundo. Lo seguire usando hasta la muerte, creo. Y es que cuando escribo siento que alguien no me ignora: yo mismo.





* Uno termina escribiendo cosas descriptivas, como saberse fantasma en cualquier parte, pese a saber que ocupa un espacio superior al que ocupan dos personas abrazadas.

Imaginate gritar toda una vida y no ser escuchado. Vivir atrapado en un espacio confinado en el cual ninguna señal puede ser enviada al exterior, sin importar cuánto se desee. Con el cuerpo atrapado en una posición fija en un mismo lugar, no seamos capaz de escapar a observar más de lo que se encuentre frente a nosotros.


Claro, con esa figura en mente, ahora dejame explicarte cómo un hombre puede llegar a perder toda la iluminación en su vida. Mientras se encuentra en su estado de cautividad, muy probablemente comience a recordar todo lo que su vida ha sido hasta el momento en el cual fue puesto ahí. Quizá, después de gritar y llamar desesperadamente al mundo que le rodee, sin obtener respuesta alguna, comience a asumir que probablemente nunca va a regresar al mundo donde cree que pertenece. Tarde o temprano llegará a resignar su destino a vivir atrapado en tal lugar, sin ninguna escapatoria.

Si sus ojos vieran sombras y figuras frente a él, sonidos y palabras hacia él; el hombre las reconocería de su experiencia en el mundo donde ha vivido; sin embargo, es posible, que se adormezca a tales estímulos, y con el tiempo olvide el significado de la comunicación en su vida. Quizá el modo en el que se expone a sus recuerdos parciales sea como ver solamente la sombra de estos; quizá olvide el nombre de las cosas, y en un esfuerzo por afianzar aquellos recuerdos y sensaciones comience a equivocarse; buscar nombres totalmente nuevos e ideas parciales que le permitan mantener su salud mental. Esta es su nueva realidad.

Ahora, pensemos un poco en el momento en el cual este hombre es liberado. ¿No será una sensación extraña, el poder ser parte de un mundo de nuevo? Ser observado, reconocido y comprendido como soñó en alguna ocasión que sucedería, y poder ser capaz de vivirlo conforme a su realidad aprendida durante todo el tiempo confinado a su vida de cautiverio. Quizá descubra, al escucharse a sí mismo y a los demás, ese fuego que mueve las emociones y que nos hace decir lo que decimos. Este proceso, el cual no es tan radical como darle vuelta a una tortilla, ¿no será por tanto el paso del día de un hombre, el cual es peor que la noche misma, a un día verdadero en el ser, la ascensión desde el fondo, lo cual afirmamos ser la verdadera filosofía?

Suelo no ignorar muchas cosas.

Soy salvadoreña. O más bien comparto esa idiosincracia de meterme donde no me llaman. Y no sé si será único de El Salvador, pero creo que en México eso está en cantidades tantito más diluidas, por lo menos aquí en el Distrito Federal.

Hago cosas tremendamente notables para El Salvador, y aquí soy sumamente ignorada:


  • Ir en pijama al Walmart
  • Ir en la pijama horrible al Oxxo - puya cuánta publicidad gratuita que estoy dando.
  • No peinarme
  • No maquillarme
  • Ponerme el mismo suéter toda la semana
  • Vestirme de colores como me gusta sin llamar (tanto) la atención - la gente que me conoce si ya me hace burla.
Sin embargo hay cosas que no me gustan que me ignoren:

  • Decir "buenas" y que no respondan.
  • Hacer algún chiste tonto y que no respondan.
Pero no siempre es así.

Vivo en esta esquizofrenia en que quiero ser ignorada/ser notada. Y quizás todos somos así. Un día nos levantamos con ánimo de protagonista de reality show, otro día queremos ser tan ignorados -si digo hormigas será muy cliché?- como un pequeño moco -uy! eso salió peor  insecto.

¿Y qué puedo decir? A veces yo ignoro cosas que son tremendamente (inserte un mejor sinónimo aquí) importantes:


  • Que soy privilegiada por tener lo que tengo
  • Que hay belleza en el mundo (inserte clip de una bolsa volando y un tipo demente diciendo que hay tanta belleza en el mundo... y ya saben todo lo demás).
  • Que tengo suerte de tener mucha gente que me quiere
  • Que también hay muchas horribles en el mundo
  • Que hay pasados que nos inmovilizan pero que inspiran
  • Que somos fugaces, porque no se puede andar viviendo pensando en la muerte (es como demasiado contradictorio)
Y quizás ignoro muchísimas cosas que no sé que ignoro. Pero digamos que reconocer la ignorancia, es algo que no se debe ignorar; porque todos hemos sido ignorantes (ignoramos a algo o alguien) e ignorados.

Saludos y feliz semana.

Y no ignoren esto:



Liniers del 20 de noviembre

Ignorar. Es curioso que cuando se sombrea en Microsoft Word esa palabra y se combina Shift + F7 y aparecen los sinónimos sugeridos, aparece los siguientes:

No dirigir la palabra (frase) ---
Ley del hielo
No tomar en cuenta
Desconocer (Verbo) ---
Desconocer
Rebuznar
No comprender
No entender
Rechazar (Verbo) ---
Repudiar
Excluir

¿Por qué curioso? Porque eso es justamente lo que hace las entidades gubernamentales cuando se les escribe ¿Lo ha hecho usted alguna vez? ¿Ha escrito alguna vez para pedir / solicitar / gestionar / felicitar a alguna entidad gubernamental?

Yo sí. Hace unos años envié un libro a un grupo de diputados de diferentes partidos políticos de nuestra Asamblea Legislativa (¿Entendió, por lo que acabó de escribir, que en ese grupo estaban también diputadas? Para los que critican como superfluo el lenguaje “incluyente” de “diputados y diputadas”)

Continuando, el relato, les envie el libro a los diputados, acompañado de una carta explicativa. La carta no les solicitaba fondos, obras, favorecimiento, no. No les pedia nada. Lo único que les decía es que esperaba que disfrutaran la lectura de ese libro y que entendía que eran personas ocupadas, pero que pensé buena idea enviárselo.

¿De cuantos cree que recibi respuestas?
De 0. Cero. Ninguno. Nadie.

Y asi, otras veces he escrito para felicitar por una gestión que vi expedita y muy amable del burócrata en turno. Y lo hice, solo para mostrar que los ciudadanos no solo somos quejas. De nuevo, respuestas, ninguna.

Creo, entonces, que el único mensaje escrito que podemos esperar del gobierno, es que tenemos que pagar un impuesto, o si no consecuencias, o que tenemos que ceder un terreno en tal fecha o si no consecuencias, o que no se nos concede algo, porque no presentamos la partida de nacimiento de nuestro abuelo notariada con un abogado nacido en Sociedad, Morazán.

Pero ¿Por qué esto es asi? Puede ser porque el papel y los costos de envío son caros y para eso no esta el gobierno. Quizás porque no es costumbre salvadoreña escribir y enviar cartas, aunque algo esta cambiando con el correo, digo algo, porque creo que algunos piensan en su “Hotmail” o “yahoo” como el medio donde reciben vayuncadas en powerpoint que deben re-enviar a quien no pueden escribir para saludar o preguntar por su bienestar pero estará super-content@ de recibir la clásica historia de la niña rumana que nos enseña porque es tan bello vivir y “debes re-enviar el mensaje a todos tus conocidos”.

¿O será simplemente porque alguien piensa que redacción de una carta no es algo necesario en el pensum escolar? O más grave, aún, ¿será porque el agradecimiento escrito es algo que esta fuera de nuestros valores salvadoreños?

No responda estás preguntas, por favor. Solo ignórelas.

"Todo es una fotocopia de una fotocopia de una fotocopia". Recuerdo esas líneas mientras saco fotocopias en el trabajo. En esos momentos, extraño las horas de sueño que no tuve la noche anterior. Todo a mi alrededor me es lejano, y mis párpados gritan como obreros descontentos, "¡queremos nuestras ocho horas!". Ya no duermo ocho horas* y la sensación de pesadez en mi cabeza da fe de ello.

Mis ojeras no son del todo académicas. Son genéticas, dicen, pero también autoinflingidas. Cuentan historias que son sumamente dolorosas, como las que están atrás de la compulsión de jugar Nintendo a las 3:30 am, o de escribir página tras página con discursos lacrimógenos que terminaron en la basura; y es que a veces -hoy mucho menos que antes- mis diálogos internos me traicionan. Pero también, estas ojeras cuentan historias en las que opté por ignorar mi ritmo circadiano y mantener una conversación prometedora o al menos emocionante; en las que opté por ver el mundo bajo la luz del alumbrado eléctrico y la sobreestimulación sensorial de la vida nocturna.

Valoro las ocho horas de sueño, queridos párpados. Pero hay cosas que no ocurren en horas hábiles, y no quiero perdérrmelas. Mis desvelos valen la pena, sobre todo cuando tienen un nombre propio. Lo valen, aunque al día siguiente quiera excavar un hoyo a media calle y enterrarme en él para echarme a dormir.


I'm so tired...

* Juraría que esto no era así antes de Internet.

Sigue arrastrando el sueño, se resiste, a veces no lo encuentra, a veces lo ignora, lo olvida, como todo. El desvelo descubre cosas maravillosas, detalles exquisitos, descubre la vida en una canción, en una conversación, en unas palabras que no se hubieran dicho de no ser por las altas horas de la noche, por la madrugada, por el insomnio. Quizás es porque no cree que el sueño te va a traer, porque vos nunca vas a sus sueños, a vos te trae el desvelo y su temporada fascinante, eso lo respeta. Por que dormir es perder el tiempo, siempre lo ha sabido, se lo repite hasta creerselo. Hasta que comienza a buscar su sueño antes que la claridad de la mañana venga, es entonces cuando duerme un poco, duerme casi siempre cuatro horas diarias, con suerte quizás seis, y luego el mismo día hasta que vuelve a llegar la noche.

Einstein solía decir que el tiempo es relativo: "Pon tu mano en un horno caliente durante un minuto y te parecerá una hora. Siéntate junto a una chica preciosa durante una hora y te parecerá un minuto". Yo lo he comprobado en cientos de ocasiones, sobre todo por las noches, cuando el sueño es pesado: es hermoso ver salir el sol mientras hablas con una chica linda por teléfono (o por MSN), así no llega Morfeo. Tampoco llega con ciertas películas, programas o libros. Sin embargo, de lo que no nos podemos salvar es de los efectos secundarios del desvelo. Tipo 7 AM se puede sentir la cabeza pesada. A las 11, algo da vueltas por el cuerpo. Después de almorzar, se puede ver una cama de un lado a otro. La tarde se va de bostezo en bostezo, de café en café. Y la noche llega con sus manos tras nosotros, como enormes ramas de árbol enrollándose con fuerza. Algunos efectos son: amnesia (¿clase de qué? ¿hacer qué), lentitud (h-o-l-a), descuido (si se desvela no maneje, si maneja no se desvele), mal humor (no es mi problema pero conozco gente...) y el gato.
¿Vale la pena? Claro que si, pero únicamente por una chica preciosa y otros sueños similares.
*El gato: combinación de una serie de síntomas: mareos, nauseas, sueño, entre otros.

El único ruido que hay en este espacio ocurre cuando mis dedos golpean las teclas. Suena un poco el ventilador de la fuente del CPU y otro poquito el ventilador del microprocesador y el de la tarjeta de video. Solo mis ruidos en esta noche que pudiera ser cualquier noche. Porque lo habitual es que a estas horas yo esté despierto haciendo estos ruidos, me ría solo y de cuando en cuando haga sonar el sanitario o los trastes.

Tengo diez años con este hábito que es ya más parte de mi ser que una mala costumbre. Desde que encontré que no había más ruido que el mío a la una de la madrugada, elegí esperar esa hora en que casi todo suena a mi mismo (excepto cuando andan los gatos exaltados por la líbido). He escrito mis pequeñas grandes cosas y he tenido mis más duras batallas en estas horas en que todos duermen, menos yo.

Salgo al techo de mi casa a aspirar un cigarro cuando puedo, veo el cielo, platico con el Dios que me hace sentir la vida un poco más deliciosa a la hora en que todos duermen. Le robo horas al sueño para poder escucharme a mi mismo, para oir mis voces y platicar con ellas. Las cosas que he aprendido de mí mismo y de mis interlocutoras/es de la madrugada son impagables.

Por eso hoy que me ha tocado escribir sobre esto lo he hecho en un ratito. Estas son mis horas, aquí es donde recargo la vida.


Voy invitarte a que cerrés los ojos.


¿Ya?


Ana, eso no funciona en un post. Si la gente cierra los ojos, pues ya no puede seguir leyendo.


Bueno. Imagínate que cerrás los ojos.

Eso está mejor.

Imagínate que cerras los ojos y sólo ves: cuadros de excel, una preocupación por no entender a cabalidad la política y que realmente no sabés porque metiste esa optativa, ves que además no sabés que poner en el ejercicio de stata que parece correcto pero no tenés ganas de escribir sobre los resultados, que además tenés una tesis que está mal.

Entonces no podés y no querés cerrar los ojos. Parece más fácil mantenerse despierta. Estar trabajando con tres mil ventanas abiertas, entre el tuiter, el skype, el messenger y sentirse que se tiene un poquito de vida entre tanta cosa qué hacer. Que no tengo tiempo de seguir una conversación normal, pero tengo tiempo de compartirles un tuit.

Es como triste el desvelo.


Pero es fructífero.


Y uno entonces tiene esta manía de esperar a trabajar cuando ya no hay tantos conectados, un cierto sabor en la boca de que se piensa mejor a las tres de la mañana, cuando podés apagar todo y estar realmente solo-


Es como triste ese desvelo.

Esto ya parece salmo responsorial, Ana. Abusás de la Anáfora.


Pero bueno en el desvelo, uno se quita el velo a veces. Tengo muchas conversaciones importantes que se han llevado a cabo en el desvelo. Las mejores ideas, los mejores posts, los mejores poemas, los mejores cuentos. O bueno, quizá no lo mejor, pero mucho ha nacido en la madrugada. Aunque antes no me desvelaba tanto como hoy.

Como que la gente dice que la hora en que uno nace define la personalidad. Los enanos que he parido, todas esas ideas y según lo que se dice, mis ideas tendrían la personalidad de Hugo Chávez y de Juan Sebastian Bach.

La verdad yo siempre he dormido como un osito. Y esto del desvelo no es lo mío. Pero somos animales de costumbre. Y me estoy quitando esa mala costumbre de dormir.... de noche. Pregúntame a qué horas me levanto los fines de semana.



Es como peligroso el desvelo. Me hace escribir post de lo más extraños.

“Viene la hora del tecolote” me decía mi papá mientras apagaba las luces de la casa que no estaba ocupando yo. Mientras, yo sentía que mi tiempo más productivo comenzaba. Mientras todos en casa dormían, este escribiente se preparaba para hacer muchas cosas en esos años de juventud con los que ya contaba con la tolerancia paterna, después que esta se diera por vencida de mandarme a acostar y yo no ser muy obediente al respecto, y eso sí, sacar buenas notas.

Al día de hoy, viviendo en una casa diferente a la de mis padres, pero teniendo una esposa que duerme a pierna suelta cuando la oscuridad cae, me sigue gustando la noche para leer, para estudiar, para internetear, para escribir, ver televisión y comer.

Soy una especie de animal nocturno, que vive mejor de noche y le gusta el día para dormir. Como los tecolotes, los murciélagos, los gatos y los hámster (¿a que no sabían que los hámster son nocturnos?)

Dicen por allí que lo que vino a revolucionar la costumbre antiquísima de que el hombre se duerme cuando la oscuridad llega y se levanta cuando el sol empieza a aparecer en el horizonte fue la electricidad. Cuando esta se convirtió en un servicio común a la gente, la luz producida, hizo que los días se alargaran y las actividades de ocio y productivas también.

No sé si sea cierto, pero a mí me gusta por lo fresco, lo silencioso, y el placer que deriva de ser diferente a los demás en un detalle tan simple como ese. Y claro, ayuda mucho que haya tanto que hacer.

Lástima que mi nocturnidad no me haga candidato para trabajo nocturno remunerado como el de vigilante o operador de sistemas. Cerca de las 3, mi racionamiento y viveza se apagan y no puedo más que irme a dormir.

Y así como he notado que al avanzar la noche, mi rendimiento y resistencia al sueño decaen en una curva pronunciada, así noto que al avanzar los años, mi resistencia a los desvelos disminuye. Me duele la cabeza y mi cuerpo se mueve a tropezones el dia siguiente a un desvelo. Y ese día, me duermo tempranísimo.

Ahora bien, yo me pregunto: ¿si a medida que envejezco no puedo desvelarme mucho… porque será que la gente de edad solo duerme unas cuantas horas y se levantan al amanecer? ¿Es la vejez la muerte del animal nocturno?

(Siento mucho a los que caigan en este post, buscando algo de Arjona. Para ellos, este enlace, quizás les ayude.)

Usuario de Facebook abrió una galleta de la suerte y la galleta le dijo: "Todo está en tus manos. Ahí ve vos". Y justo ese día, Usuario de Facebook se enfrentaría a dilemas de vida o muerte: "Hay alerta amarilla por las lluvias, ¿agarro mis tiliches y salgo en guinda, o me quedo a venadearlos para que no me los madruguen?". "Le pago los $5,000 de la extorsión o me hago el maje?". ¿De maíz o de arroz?".

Y el Usuario de Facebook guió sus acciones por la frase de la galleta de la suerte, sintiéndose empoderado; el rumbo de su vida estaba bajo su control. Se quedó a venadear sus tiliches y afortunadamente el agua sólo le llegó hasta las rodillas. Se hizo el maje y los extorsionistas dejaron de llamar. De maíz, dos canoas y chocolate con leche.

Luego de 23 emocionantes horas, Usuario de Facebook recordó que debía escribir para CampoPagado. No sabía sobre qué y sólo le quedaba una hora antes de que venciera su plazo. Usuario de Facebook le consultó a Virginia y Virginia le dijo: "¡Ahí ve vos!".

Todos los días a todas las horas la respuesta era la misma, era un deletreo que quemaba, que dolía y a veces tan bien, siempre solía decir lo mismo porque le parecía una buena idea dejar que alguien más diera el primer paso, no le gustaba decir lo que realmente quería, te lo dejaba a vos. Sus palabras favoritas "ahí ve vos", palabras que te dejan a solas con las respuestas en las manos y sin saber qué hacer, o quizás sí. Porque al final vos sabías que esas palabras contienen respuestas implícitas, palabras que pretenden dejarte decidir por lo "obvio", palabras con las que tenés que decidirte por lo que la otra persona quiere. También, a veces un "ahí ve vos", es el abandono, es dejarte a solas con un montón de decisiones en las manos.

Condenar a alguien no es cosa fácil, es un peso horrible que se siente más después que se ha dado el veredicto. Es imposible vivir con un cargo de conciencia de ese tipo, vivir con un muerto encima. Trato de minimizar ese riesgo y aquella tarde no fue la excepción. Las evidencias no eran contundentes. Tampoco se puede juzgar el presente de alguien por su pasado. Aún tenía tiempo antes de que iniciara la audiencia. Tome, entonces, el Nuevo Testamento de mi escritorio y busqué al muchacho en la sala de espera. Lo encontré sólo, serio, inmutable. A cada lado un policía, mudos los dos. Como había hecho en otras ocasiones, me acerqué y le pregunté su nombre. Me lo dijo apenas abriendo la boca, sin prestarme atención, como quien se espanta un mosquito de la cara.
Es curioso como a uno le asignan el trabajo de Dios, como si con eso el mundo va a cambiar. Culpables todos somos. Y al final nos vamos a morir. Quizás sea sólo para calmar la conciencia o a los dolidos. Pero igual, no tomo las cosas a la ligera, las pienso, las analizo.
Le seguí hablando, ahora de otras cosas, de esas experiencias que nunca he vivido: tenía que sacarle platica, ganarme su confianza. Tenía que saber si había sido él, preguntarle directamente, y sin rodeos, si era culpable o no.
Las evidencias son un invento. No deberían tener valor alguno en un juicio, no son de fiar. Para mi la mejor prueba, la única valida, esta en los ojos.
Sentí el tiempo pasar muy lentamente cuando leí el veredicto. Sentí cada letra deslizarse por mi labios. Lo vi a él, inmutable. "Veinte años" me repetía a mi mismo...
Al final le pregunté. Y con esas tres palabras con las que me contestó, tomé una decisión.
Y es que, cuando alguien pone tanta indiferencia a un "Ahí ve vos", no hay duda: si no es culpable de esto que se le acusa hoy, pues de algo lo será. Y en definitiva debe ser algo que merece la muerte.

Lo que ves es lo que hay, estas carnes extra y este esqueleto poco dado a los bailongos. Esta verborea que dice cosas con las que no sabés qué hacer. Esta dificultad de saber que puedo dejarme manejar pero solo si me llevas a tu destino. Esta cursileria prosáica, disfrazada con neologismos y símiles. No hay más que decir que no lo podas leer en mis ojos, si te acercás a verlos con una curiosidad ajena a cualquier antropólogo.Tomalo o dejalo. Cerrá la ventana o dame cuerda para que me siga desnudando con letras, diciendo más de lo que debería. Evita verme, bloqueame, cerrame los ojos para siempre. O abrí los tuyos.

Ahi ve vos qué hacés. Incluso podrías no hacer nada y seguir ajena a estas letras.

Para todas las opciones existentes en el mundo, parece existir la ilusión de que tenemos la remota posibilidad de escoger un modo único de vida. Pero parece no ser así. Imaginémonos sentados en un café con varias personas, y nos dan a escoger entre las opciones del menú. La primera persona es la que escoge exactamente lo que quiere --digamos que es una Whopper; las demás tendrán que lidiar con la posibilidad de sentirse ridículos pidiendo lo mismo que los demás. Por eso mismo es que tienen que decidirse por la Big King, la King de Pollo o cualquier otra cosa que no necesariamente les gusta, solo para sentirse más interesantes que los demás, y se puede decir que mientras más lejos estemos en la lista, más probable es que nuestros amigos decidan por nosotros

Pero eso es solo en el caso de los amigos, ya que en el caso de comprar por nuestra cuenta, no somos nosotros los que tenemos la mínima opción. ¿Qué escogerían, una Coca-Cola de 20oz. por $1.25 o una de 24oz. con una galleta gratis por $1.50? La probabilidad de comprar un artículo aumenta cuando la oferta incluye la palabra gratis en ella. Por eso, si nos venden una hamburguesa a $4 más un té helado por $1 es menos factible que comprar un combo de $5 por una hamburguesa más un té helado gratis.

Claro que también decidir en la fila es un dolor de cabeza. Generalmente las filas antes de las compras son unos de los momentos más estresantes del día, mientras utilizamos algoritmos ridículos para poder decidir cuál de nuestras posibles alternativas nos va a dar más satisfacción en contrapeso del costo asociado. Claro está que estos cálculos pueden ser fácilmente manipulados por los vendedores cuando nos ofrecen opciones que no nos permiten calcular a tiempo ese ratio, por lo que terminamos decidiéndonos por únicamente la satisfacción, olvidando el costo.

Por eso, yo solo llego y les pido que escojan por mí. Es lo que hacen de todos modos.

-Ahí ve.

Es tan normal decir ahí ve, que la Virginia lo saca del sombrerito y me lo da. Más no sabe que si no lo decís en El Salvador la gente realmente quiere ver.

Quiere ver algo... en algún lugar.

"Ahí" - adverbio de lugar.
"Ve" - imperativo de ver.

Y no. Pues la gente necesita el CC, el SAP para entenderme.


-Ana ¿Querés comer burritos? - los burritos norteños son un mega WIN

-Ahí ve.

-Ahí ve qué???

Sí. Decidí vos, ahí ve vos... Como sea...


Por eso este tema me hace tener un poco de libertad una vez ya explicitada la confusión que puede albergar tales palabras, para beneplácito de nuestros lectores internacionales. Ahí veo yo como lleno este post.

Y así será.


Pues estos días he pensado muchas cosas -eso de pensar es bueno, se nota que no estoy más idiota con el paso del tiempo. Pero también he soñado mucho. Como que mi mente no dejara de estar alerta. Ahí veo que siempre veo aunque cierre los ojos. Siempre ahí hay algo. El sábado fue una bebé. Una bebé. No quiero tener hijos. Pero ahí estaba.

-¿Qué va a soñar la Ana?
-Ahí ve vos - dice mi inconsciente.

Como que eso pasara y mis sueños son más raros que los anuncios de Mtv. Como patrones sin sentido. Las drogas destruyen...

Pero volviendo a los hechos, quizas pasar frente a la compu almost all day long, no debe ser tan bueno. Y cómo que los excelazos, statatazos y spssazos lo carcomen a uno todito. Hasta sentirse como el que programa en la matrix que hasta ve a la mujer bonita con puro codigo binario.

-¿Querés estudiar?
-Ahí ve vos


NO!... Eso no fue así. Sí quise estudiar y así toca. Pero a veces me ahívevoseo. Y me dejo en anarquía momentánea. Y uno de los gajes del oficio del estudiante con virtudes y derrotas es perder la cordura de tanto en tanto.

Y realmente eso que uno se diga a sí mismo "Ahí ve vos", como una manera de encararse es complicado pero también, el "Ahí ve vos" es como para limpiarnos la conciencia y que alguien más decida.

-¿Le decimos a la fulanita que todos dicen que es una gran....
-Ahí ve vos.

Nadie quiere tomar la decisión y frescamente dice Ahí ve.

-¿Terminamos este post?
-Ahí ve vos


Y como yo no sé realmente qué más decir, podría hablar de cómo conocí el teatro Metropolitan, que fui a un concierto de Fernando Delgadillo, y las cosas ególatras de que llevo una vida bien chiva en México (cuando no duermo y demases, no es tan chiva pero ahí veo que me quiero dar paja). O bien podría hablar de como hay inundaciones y matan y que todos se ahivevosean... o cómo fue el día de muertos, o como Tarantino nos dijo "Ahí vean que hacen con la historia nazi" en su última película. Pero ahí ve... si querés seguir ya habrá mañana para seguir leyendo.

Me acuerdo que este es un blog seudoliterario... y qué bueno que tenga el seudo. /Ana traga saliva y se siente un poco alivida después de un post tan malo/

María pasó mucho tiempo en los pasillos esperando escuchar algo de José. Su relación siempre fue de amistad, pero había algo...algo más. ¿O es que sólo ella lo sentía? Había algo entre ellos que nunca terminaba de materializarse, de ponerse en palabras. Y lo que no se habla, difícilmente existe. María esperaba cada fin de año que él la buscara, que le diera una razón para verlo durante las vacaciones. A veces fantaseaba con llamarlo Ernesto, y con que él la llamara Fernanda, porque -pensaba- hasta tu segundo nombre suena vergón cuando te lo dice la persona que te encula.

María creció sin José. Cada uno por su lado, malgastaron buena parte de su tiempo adolescente encerrados en su habitación, dándole vueltas a un asunto que requería más actuar que filosofar. Más adelante en su vida, María volteaba la mirada a los años de escuela y le parecían frustrantes. Que alguien dijo que le contaron que a tal le gusta por cual, y el chambrerío de telenovela que se armaba. Llegó a olvidar que, a esa edad, ese drama es lo que hace que valga la pena vivir. María no alcanzaba a darse cuenta de que recordaba ese drama y no, por ejemplo, el factoreo, el análisis gramatical y a Fray Bartolomé de Las Casas.

Todavía le gusta pensar en qué hubiera pasado si algún último día de clases José la hubiera buscado; o si ella lo hubiera esperado al final del examen, en lugar de irse corriendo cobardemente a la parada. Cobarde era la palabra. Aún con la atracción que sentía hacia él, si él le hubiese pedido que huyeran juntos, ella se hubiera negado. Luego piensa con saña en que años después de que ella haya fallecido, José irá a buscarla y él lamentará haber perdido el tiempo. Se imagina las conversaciones que él habrá tenido con el Wenceslao a mitad de un partido de fútbol (tan chulo que se veía jugando), y recuerda con taquicardia el día en que José la encontró en su camisa de Magneto, cómo ambos temblaban, ninguno queriendo asumir el primer paso. Él por una gran culillera, ella porque no era de señoritas decentes andar ofreciéndose a los muchachos.

Esto último le pega duro. Y la hace ir a buscar a su hija, Margarita. Ella le contó que mañana, su último día en noveno grado, le va a decir a un niño, a un tal Rafael, cuánto le gusta. "Le voy a hacer ovarios, mami", le dijo Margarita a María, con una sonrisa nerviosa "...pero si me sale bien, voy a cambiar la historia para que no digan que el Rafa es culero; lo que pasa es que es bien tímido". "Son otros tiempos", se dice María. Y le hubiera gustado que esa mentalidad hubiese existido en sus tiempos. No sentarse a esperar como damita, sino hacer la cacha como mujer.

Tal vez si las cosas hubiesen sido así, Margarita sería su hija con José, y no con un cualquiera que sólo quiso pasar el rato y se ahuevó cuando su vientre comenzó a florecer. La criatura fue una niña que adquirió su nombre simplemente porque José, aún con lo tremendo que era, tenía una sensibilidad oculta por la poesía, una sensibilidad que sólo María conoció. Y María se decidió a hablar con su hija sobre esto, porque lo que se habla, existe: "Margarita, te voy a contar un cuento...un cuento sobre los días que no fueron. No fueron, porque los protagonistas -un niño y una niña- temían que las cosas no salieran como esperaban; y por temer, nunca lo intentaron. Eran las 8:30 de la mañana cuando José E. se dio cuenta que no podía dejar de mirar a Maria F...".

Neto, Chepe, no entendía. Metió las manos en sus bolsillos para vaciarlos y encontrar una explicación: en su lugar sólo halló dos suegras, un billete de cinco colones y un chicle Adams de caja rosada. Vio el rótulo de la tienda de enfrente, con los posters de Rayovac y un calendario de Oranjal. No cabía duda, era 1,991. La señora, sin embargo, tampoco entendía. Le miraba y le miraba, de arriba a abajo, los colochos y los Bracos, todo coincidía con la foto del bicho aquel que su abuela guardaba junto a sus agujas de crochet. Se miraban perplejos.


Al fondo de la casa todo estaba oscuro y se podía sentir desde la puerta un profundo aroma a bálsamo. Dos pollitos chipes intentaron escapar hacia la puerta mientras la señora seguía de pie sosteniendo la tranca entre las manos, sorprendidos solamente por la voz que surgió desde la cocina. Una voz clara, suave, pero firme que dijo "abuela, deje de fregar al chele y dígale que pase". Doña Brígida, quien estaba exquisitamente loca, dejó caer la tranca y corrió hacia su pieza, extasiada, buscando rulos y polvos de mujer "me tengo que poner presentable para el cipote". María suspiró sonoramente y le dijo "esperame, Chepe, que estoy lavando maíz". El pobre chele era ya casi traslúcido, la seguridad con que doña Brígida le habló le llenó el alma de frío y de eso es difícil reponerse. Sacó la cajita de chicles Adams y se comió uno, el otro era para la María. Ella le gritó que pasara adelante. Él no quiso.

La María no supo si achicarse o qué. Su camisa de Magneto y su licra negra, adornada con las yinas no eran un "look" para andar en la calle, sino para lavar maíz. De algo tenían que vivir y las tortillas de la noche tenían que hacerse. El chele le dijo que mejor hablaran en la puerta, porque la vieja metida de la tienda se había escondido detrás de la panera para echarse todo el rollo y ya ves vos cómo son los chambres de la colonia. La María dijo sí y le echó más sal a la olla de frijoles. Enfrente al espejo del lavadero se medio arregló el tumbo y salió a la puerta. Llevaba granitos de maíz en el pelo.

El Chele temblaba. El chicle le había cerrado la garganta. Más tarde tenía que ir a traer la solicitud del instituto, por si se ahuevaba y le daba miedo irse a los yunais. Su papá quería que se fuera, pero su mamá no. De todas maneras, llevaba el pasaporte y el certificado de grado en la Alpina mientras esperaba a la María en la puerta. Son demasiadas cosas qué decidir para un corazón de quince años. El cuerpo lo resiente: las espinillas de la nariz le empezaban a doler. El puntapié que le dio el Marlon le empezaba a doler. La broma de doña Brígida le destempló los dientes y los frijoles combatían dentro de su tripa. José Ernesto temblaba. Pero la María también.

El sol le pego directamente en la cara y José se despertó de golpe. Era tarde ya. Había pasado toda la noche dando vueltas en la cama sin poder dormir y, al final, cuando por fin lo logró, las estrellas se comenzaban a desaparecer del cielo. Ni su mamá ni su hermana estaban en casa, así que se comió unos frijoles que estaban en la refrigeradora. Se los comió sin ganas, sin hambre, por los nervios. Luego se alistó, se peinó, se perfumó bien y salió de casa para donde la Maria. Tuvo que irse por el camino largo para evitar pasar por la cancha.
Cosa rara: el sol había desaparecido por completo, no pegaba como todos los días sobre la calle empedrada del pueblo. Se afligió. Nubes negras y vientos fuertes aparecieron de pronto. Le pasó por la mente que serían una señal más, que debía regresar sus pasos, pero estaba decidido, siguió. Por el camino comenzó a ver gente extraña, desconocida, gente vieja, maltratada por los años. La lluvia se asomaba en el cielo sin atreverse a caer. José E. apresuró el paso pero la calle se hacía cada vez más larga. Era raro, nunca había sentido esa calle tan larga.
Al fin, llegó. Se apresuró a la puerta de lámina de la casa de María y, sólo cuando estuvo cerca, Ernesto apretó los dedo y tocó la puerta, silencio. Tocó de nuevo y una vez más. Silencio. Sin embargo, cuando ya estaba a punto de irse, una viejita se asomó en el umbral de la puerta. Ernesto preguntó por Maria La mujer le contestó que ella no vivía allí. Entonces preguntó por Maria F. La mujer sorpendida, le contestó: “Ella murió hace años, era mi abuela”.

¿Quien soy?, parecía preguntarse José o Ernesto, o Ernesto José, o José Ernesto. Después de la vorágine de cosas que habían pasado ya no sabía exactamente ni quien era. Si me hubiera preguntado talvéz le hubiera dicho que era lo normal siendo adolescente. 

Que era una etapa, que era la etapa de las preguntas trascendentes, de la contraposición de hechos para terminar más adelante definiendo que se es más parecido a lo que no se creía ser.
Pero José no me pregunta ni me preguntará. Él y sus demás compañeros no saben que los he visto manchándose las camisas y encerrándose con las bichas en los salones vacíos. Uno cree ser inmortal e invisible a esa edad. Algunos lo seguimos siendo adrede.

José, está encerrado en su cuarto, oyendo una música que no adivino y que pensando en qué hacer está definiendo lo que será. Pocas veces nos definimos tanto como cuando logramos encerrarnos lo suficiente como para escucharnos. José está a punto de lograrlo. Casi sabrá escucharse, casi logrará decir "aquí estoy" lo que será la base de su personalidad futura. Pero ahora hay que esperar a que digiera ese pan con queso.

Mañana Ernesto habrá de tomar el camino a casa de María. Y Chana habrá de ir adonde Ernesto. Y Ernesto elegirá si sigue su sueño de siempre o si aprende a leer los signos del ahora y a guiarse por el presente. Y mientras mastica ese pan con queso recuerda el partido y teme haberse equivocado en su estrategia. Mañana aprenderá también a cargar con las consecuencias de sus decisiones. Y lo complejo que es moverse en tantas carreteras al mismo tiempo. Pero ahora mastica su pan con queso y recuerda cuando era un niño y María F. le pidió compartir su pan con queso. A veces recordar basta para saber donde equivocarse.

¿Te gustaría comenzar desde el principio de la historia?


"Neto" se despierta de repente... para iniciar esta indeseada vacación, lejos de la rutina --lejos de la María. Es normal que un día después de salir de clase, lo único en que él pudiera ocupar su mente es en retroceder el tiempo un poco más. Ayer, por ejemplo, "entré al salón y me estaba viendo. Estoy seguro de que me estaba viendo... debí haberle dicho aquello que pensé". O bueno, quizá el día anterior, "esa carta, nada hubiera perdido de haberla terminado. Sí que soy dundo". Se levanta de la cama, se lava la cara, entra y sale rápido de la cocina con un guineo mientras su mamá y su hermana hacen la limpieza de la casa.

-- ¿Va a comer, niño?
-- Mamá, ya vengo, voy a salir un rato.
-- Solo sos calle vos, ¿y para adónde creés que vas mono?
-- Nombre vos, ya vengo.
Otra cosa fea de recién salir temprano de clases es que la mitad de sus amigos todavía no están de vacaciones, por lo que dar vueltas en la colonia se volvería una pérdida de tiempo, excepto uno que otro de sus compañeros que viven cerca, como por ejemplo el Wenceslao. Claro, el tipo tiene sus "conectes" de interés para el Chele, quien después de darse una vuelta por la colonia en la bici, se va directo al lugar donde siempre están los haraganes... jugando fútbol. Es sencillo hacerse amigo de alguien ya cuando se está jugando, aunque lo difícil es sacar información interesante, como información sobre la niña que le gusta a uno. Y claro, uno no discute esas cosas a medio juego.
-- Voy ahí, 'Ceslao.
-- Buscate otro que ya estamos cabales, vos.
-- No fregués maje, si yo siempre vengo a jugar, saquen al bolo un rato maje.
-- Qué jodes pues, metete así. Andate con aquellos.
Jugar por compromiso es un estrés, y jugar con la mente en otro lado es una pérdida de tiempo. Peor aun es sacar una conversación de niñas mientras se descansa en el partido. Pero más terrible es hacerlo usando la típica trampa de proyección, porque nunca parece funcionar.
-- ¿Y qué ondas con la aquella?
-- ¿Cuál aquella vos?
-- Ayer te vi hablando con la Mariyita en el bus, maje. ¿Te gusta, verdad? ¡Se te nota!
-- Jaja no fregués vos, se nota que estás celoso.
-- ¿Yo? Nombre maje, para nada.
-- Jajaja hoy te hacés el loco... mirá maje, si te gusta no seás maricón, aceptalo.
-- Dejá de joder, vos.
-- Mejor aceptalo, así me hago el maje con lo que me contaron que hiciste con la Sandra ayer...
-- ¿Qu--no jodás maje, yo nada, no fregués.
-- ¡HEY MARLON, NO VISTE LO QUE HIZO TU NOVIA AYER?
Nadie necesita esperar al Marlon para que Wenceslao le cuente la historia. Bastaron diez segundos para que el Chele se parara y se zafara antes que el bicho matoncito cruzara la cancha y le preguntara qué tanto gritaba de la novia. Wenceslao solo se reía desmesuradamente: "Nombre vos, estoy fregando. No me hagás caso". Marlon se regresa con cara de desconfianza. José, por su parte, se regresa a su casa, en cierto modo humillado y encima cansado. La mamá le da de comer, pero él solo quiere irse al cuarto y acostarse para dejar el tiempo pasar. Qué mal día este.

A pesar de todo, Wenceslao ya se esperaba que algo así iba a pasar. Desde hacía tiempo que era amigo bastante cercano de la María, y siempre notó cómo el José se rebuscaba por ella. Pero tampoco va a ayudarle al José sólo porque sí. Sin embargo, algo le causaba interés, y era que ayer mismo alguien le contó lo que había pasado entre la Sandra y el José. Algo le ve la novia del Marlon al José, o quizá es por ganas de fregarlo. Wenceslao tenía curiosidad, por alguna razón, y solo había un modo de salir de la duda. Por eso se desvió un poco del camino a su casa, y tocó la puerta de la casa de una niña con la que el día anterior había estado platicando, y que le contó sobre lo que había visto con sus compañeras el día anterior:
-- ¿Te acordás de lo que me contaste ayer, Márgara? Ni te imaginás por quién llegó a preguntarme el Chele hace un rato...

Segunda parte de lo que Soy Salvadoreño escribió aquí.



-Ernesto..
-Sí...
-Te llamás Ernesto.
-Sí.
-Ve tan raro... siempre que la gente pone una sola inicial, pienso que deben tener nombres terribles.
-Es sólo Ernesto.
-No es terrible.
-Yo sé. José es peor.
-Es común, pero no es un nombre terrible.
-Es que José siempre fui y hoy quiero ser Ernesto.
-Tan loco, eso no se puede. Toda la colonia te llama así.
-Claro que se puede.
-Ya vas vos de optimista.
-Hacéte la pesimista.
-No, pues no. No soy pesimista. Pero no hay nada de pesimismo en decir que no te quiero decir Ernesto.
-Decíme Neto.
-Bayunco.
-Y qué... es como que yo dijera alguna vez "Hoy soy Fernanda".
-Vámonos.
-No.
-Vámonos, vos sabés que nos podemos ir.
-No. No puedo.
-Sé Fernanda...
-No. Soy María.


María ciera el pasaporte de Ernesto, quien se siente aún más solo que cuando era José.

Eran las 8:30 de la mañana cuando José E. se dio cuenta que no podía dejar de mirar a Maria F.

Eran compañeros desde el sexto grado, y José E. no entendía porque estaba pensando justamente en eso, habiendo pasado tres años y faltando solo un día para que terminara el año escolar en el colegio donde estudiaba que no tenia bachillerato. Además, enfrente de él y de los ojos de Maria F. estaba el tercer examen trimestral de matemáticas, que no estaba nada fácil.

Jose E. tenía los ojos como dormidos y el pelo negro colocho. Le decían “el chele” y tenía tres lunares en su cara como formando una constelación. Aunque él no lo sabía, en ese momento, era la primera vez que se fijaba de verdad en alguien, tanto como para no dejar de verla y ponerse a soñar despierto.

Maria F. tenía la nariz respingada, el pelo liso y largo y era morena. Su cara parecía triste pero cuando se reía daba gusto ver como sus dientes parecían chicles de menta, además era lista para contestar.

Cuando José E. termino de soñar y pensar que le iba a decir a Maria F. cuando salieran del aula, volvió al ver el reloj blanco sobre la pared sin pintar del aula y vio que eran las 10:00 de la mañana. Casi todos los demás habían salido ya del examen y se oían risas y burlas de los que empezaban a manchar cuadernos, camisas y blusas con recuerdos escritos con plumón. Y él solo llevaba 4 de 10 problemas resueltos. Le dio un dolor de estomago nervioso que distinguía de la opresión nerviosa en el pecho que estaba sintiendo también.

Maria F. entrego su examen, y además de José E. solo quedaba Sandra G. y Wenceslao H. -los haraganes de la clase- en el aula.

Mientras, el profesor empezó a carraspear la garganta, diciéndoles que el examen terminaría a las 10:30 de la mañana, una hora que él había inventado, porque en teoría, podían quedarse hasta la hora que terminaba el turno de la mañana, José E. empezó a trabajar el sexto problema, pensando que solo tenía tiempo para trabajar ese y otro problema más. Cuando finalmente entrego el examen, el reloj blanco sobre la pared sin pintar señalaba las 10:45.

José E. agarro su lápiz y cuaderno de matemática, le dijo adiós al profesor y salió corriendo a buscar a Maria F. Corría y miraba a todos lados, con el dolor nervioso en el pecho y temiendo no tener la fuerza ni el valor para decirle lo que había pensado. Cuando finalmente, alcanzo a pensar que Maria F. podía haber salido ya, y se apresuró a la puerta, alcanzo a verla a ella, con su blusa llena de manchas de plumón, caminando al centro del bus que había parado en la esquina minutos antes. Iba platicando junto a Wenceslao H. riéndose y mostrando sus dientes de chicles de menta.

Mientras pensaba que hacer, si salir corriendo detrás del bus o no, sintió que a su espalda, estaba Sandra G. Ella le pidió que le escribiera un recuerdo en su blusa, y lo jalo adentro del colegio a un aula vacía. Se abrió la blusa y Jose E. vio por primera vez un sostén que no era el de su mamá. Sandra G. le dijo que había hecho eso para que el recuerdo de él lo escribiera en la parte interior de la blusa para que nadie lo leyera y que estuviera cerca de su corazón, y así nunca olvidarlo a él.

José E. escribió con dificultad y con cuidado de no topar ninguna parte de su piel con la de ella, con el plumón negro que le dio: “Shana, te voy a extrañar, Jose, el chele”, y se lo devolvió sin mirarla a los ojos y salió del aula, como si fuera a volver. Afuera, como pendientes de lo que habia estado sucediendo en aquella aula, estaban 4 compañeras de el mismo grado, lo miraron a los ojos y se rieron, nunca supo José E. si con él o de él.

Salió del colegio y se subió al bus en la misma parada donde se había subido Maria F. hacia un rato. Le pago al busero y empezó a pensar que fresco tendría la señora que vendía frescos en la parada donde él se bajaba. Y en Maria F. también.

[Este cuento podría titularse también "Corin Tellado en tiempo de hambre"]

Mi nick en todos lados es demasiado obvio como para que alguien se pregunte qué tipo de música voy a poner yo para el playlist. Sepa que ya no oigo a U2 todo el día. Tengo a U2 para cuando necesito que me hagan piojito, a Silvio, la Negra, los Guaraguau, Inti Illimani cuando necesito aterrizar. A Zeppelin y Queen cuando no quiero mantequilla ni canciones de amor, quiero roooock♫. A Los Ángeles Azules, Brindis, Sandro cuando ando de virga. A Jhosse Lora y Adrenalina para el orgullo patrio. A Sinergia y Les Luthiers cuando me quiero reír. Pero hay música para despegar los pies del piso.


Hay música para volar sin mota, sin LSD.
Aunque haya sido compuesta entre mota y LSD.
Los premios Pentagrama le traen:

1. David Bowie- Space Oddity


Podrá, si es usted fundamentalista, gustar más de la versión original y le entiendo, es más limpia y Bowie no parece la Chimoltrufia. Le recomiendo escuchar Space Oddity acostado en la grama, debajo de un árbol frondoso y con un cigarro [opcional]. David Bowie es amor, aunque la mayoría de gente lo haya dejado encerradito en el concepto Ziggy Stardust y sus topes con Mick Jagger. El sujeto es una gran GRAN cosa. Escuchar Space Oddity cuando uno es joven e impresionable lo aleja de los malos caminos, haga el experimento con su primito-hermanito-sobrinito emo más cercano. Ya en serio, esa canción abre los sentidos. Dele play y vuele.


2. Pink Floyd- Cymbaline


Aparte de sentir que Bono me escupe ["Edge, for a minute I heard that awful word in my head....progressive rock.....but only for a second"], tengo la impresión de estar haciendo una oda a 1969. Pero es que qué año más paloma, musicalmente hablando. Cymbaline es adquisición reciente, cortesía de don Víctor, quien consideró que mi ki era ya el adecuado como para conocer la verdad contenida en More, el disco que trae esta joya. Cymbaline es más de puertas cerradas, acostado en tu cama con los ojos apuñados. Es deliciosa la canción. Dele play y vuele.

*Gracias a Soda Stereo por prestarme el título de su "Plugged" para efectos dramáticos.

PD: El LSD me da miedo.

Forever For Her (Is Over For Me) - The White Stripes
I blew it. La primera vez que oí esta canción, acababa de cagarla y no me cansaba de hacerme mierda. Para mí se había terminado y para ella iba comenzando, de aquí al infinito. No sabía si dedicársela a él o a ella, pero a fin de cuentas, legalmente ya eran una sola carne y...mñé (Lemus, 2009), qué más da. Then I knew it: esta canción es para mí, para nadie más. Y es sobre todo lo contrario de hacer las cosas mal.




Insecto Urbano - Ska-P
Mi año de entrada al proletariado no hubiera sido lo mismo sin Insecto Urbano, y que viva El Vals del Obrero, hijosdesú. Amo esta canción porque me trae a la vida a las 6 am cuando tengo cara de almohada, y porque a las 6 pm me genera una expresión digna de un episodio maníaco, que contrasta con los ceños fruncidos de la ciudadanía atascada en tráfico. Y es que paso de todo, quiero vivir mi vida en paz, pasa de mí, soy un, ay, ay, ay, ay. Esta canción es la musicalización de algo que aprendí este año: ser libre.

La música ha estado conmigo siempre, como si de un buen amigo o amiga se trata, a veces no hay nadie, pero siempre hay una canción cerca.
Read my mind, es una de esas canciones que escuché una vez y me gustó tanto que la tuve que poner en "repetir". Desde entonces, a veces me sale en el "aleatorio" del reproductor de música, y siempre la escucho en el momento preciso, por eso es que me gusta.

"Oh well I don't mind, if you don't mind
'Cause I don't shine if you don't shine"




There is a light that never goes out, es una de esas canciones que me encanta por lo que significa, a quién no le pasó que un día simplemente -sentía que no tenía casa- se quería ir de casa y le pidió a un amigo salir a algún lado, días en los que pensábamos que nada importaba porque si estábamos con la persona que queremos todo estaba bien y no importaba lo demás. Luego pasa que crecemos, y todo comienza a tener un significado diferente, pero está canción me va a recordar esos momentos en los que en realidad no nos importaba nada.




"And if a double-decker bus
Crashes into us
To die by your side
Is such a heavenly way to die"

La música me mueve, siempre lo he dicho. Y podría decir que siempre hay una canción para cada evento de nuestra vida, incluso para la muerte. Por eso, escribir esta entrada se me hace tan difícil. Son demasiadas canciones, de todos los tipos, para todos los gustos. Cosa extraña, siempre me he caracterizado por escuchar música rara, por lo general tranquila; con algún tipo de significado, eso si. Como soy de montaña, no hay cosa que disfrute más que tirarme bajo un árbol y, con los audífonos puestos, dejar que la música me lleve. Sólo entonces el tiempo de detiene y somos uno con el universo. Pero me detengo: cuando de hablar de música se trata agarro vuelo.
Existen, quizás para cada ser humano, ciertas canciones que nos tocan y que evocan recuerdos, malos o buenos, pero que mueven algo en nuestro interior, la más interna fibra, esa que une el alma, el corazón y un pedacito de cerebro. Eso es la primera de las canciones que voy a a presentar: "Mi unicornio azul".

De pequeño siempre dejaba escapar alguna lágrima al escucharla. Siento que habla de aquella cosa que tanto deseamos en nuestro interior pero que hemos dejado ir, aquello único que tenemos, bueno, teníamos. Quizás se la inocencia o un amigo o una época mejor, puede ser cualquier cosa.

La otra es una canción tan dedicable, tan perfecta, tan utópica. Sin embargo, te pone a pensar en cómo suceden las cosas, las coincidencias en las que no creo, o el destino, que quizás sólo sea un pretexto. De cualquier forma la canción te hace desear algo. Y eso es un buen inicio para cualquier cosa. Acá se las dejo, "Bendita tu luz".

Son 85 GB para escoger. Suficiente para 6 semanas, 6 días y 23 horas. Si, un mes y medio sin repetir canciones (al menos en una misma versión, o de un mismo álbum). Y todavía va a crecer. Ayer por ejemplo añadí el Misplaced Childhood de la primera etapa de Marillion, y hoy no bajo nada porque no me va a quedar tiempo de postear/planchar/hacer el almuerzo de mañana/arreglar una base de datos del trabajo e irme a dormir antes de las 11, porque mañana hay que levantarse a las 4 de la mañana para irme a un cantón allá por no recuerdo donde. Bueno, si lo recuerdo, pero no viene al caso.

Como ya es tarde, les dejo las dos canciones, que no busqué en el disco duro si no en el músculo liso que se acelera cuando uno ama algo (♥). Ojalá hayan otros chances de dejar más porque dos me dan tos.

Lloro con ésta canción, The Great Gig In The Sky, el track 5 del Dark Side Of The Moon, de Pink Floyd:




[Y pueden ver acá el proceso de hacer todo ese disco, que bien podria postearlo completo: Parte 1, Parte 2, Parte 3, Parte 4, Parte 5]

La otra rola, que también me saca lágrimas:



Who Wants To Live Forever de Queen. Una de mis canciones-amores desde que vi el capítulo The Hunters de la serie "Highlander: El Inmortal" en que muere Darius, uno de los mejores amigos de Duncan, protagonista de la serie. En el video que posteo, Queen sale tocando con la Orquesta Filarmónica Nacional del Reino Unido y un coro de 40 niños que cantan en el video. Ah y pueden ver que usaron cuatrocientas candelas para hacer el video. En esta versión Brian May (compositor de la rola) canta la primera estrofa. En la película Highlander, que es para la que Queen compuso el soundtrack (el disco A Kind Of Magic), solo canta Freddie, ese genio.

Y ya, las dos rolas. Y amo wikipedia, que me ayuda a conocer mucho sobre la música que amo.

Victor

P.D.: Pongan esas dos canciones cuando me muera, ¿ok? Ya lo pedí por acá, y lo reafirmo.