Por una vez, quisiera pasar entre ellos sin que cuchichearan y se rieran. Sin que me siguieran con los ojos o intentaran acercarse más de lo socialmente aceptado. Quisiera pasar desapercibida.

Y no es que yo sea la gran cosa. Paradójicamente, su supuesta apreciación por mí -o las partes visibles de mí- convive con el desdén: soy igual que todas, todas son igual que yo. No soy nadie, podría ser cualquier otra y para ellos da lo mismo. Entonces me resigno a la saliencia de mi anatomía, y, al menos para distraerme de lo que pasa a mi alrededor, me imagino invisible. Invisible, libre.

"Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo."

Jaime Sabines

Me decís las cosas que ignoro de mí, las que no me creo, las que no pretendo saber, las que he aprendido a ignorar cuando es necesario o porque es más fácil, y las cosas que no he podido retener. Ignoro y a veces tengo razones para hacerlo y otras estoy sin justificación para no saber, para haber olvidado.

A veces ignorar no es tan malo, tampoco es que me olvide. A veces ignorar es de alguna manera ser un poco feliz, o quizás no. A nadie le gusta ser ignorado, y sin embargo pasa. A nadie le gusta ignorar, y sin embargo ignoramos. Ojalá pudiésemos elegir, pero la vida funciona distinto.

Al abrir los ojos aquella fría mañana, se sintió un poco más ligero de lo normal. El sol no había salido del todo. Se levantó y, como todas las mañanas, se puso su traje de hombre invisible. Tomó un pequeña bolsa negra, salió a la calle y, después de caminar varias cuadras, se quedó parado frente una banca en una desolada acera. Al poco rato pasó un autobus y se subió. Estaba lleno. Sacó algunas cosillas de la bolsa negra y las ofreció a los pasajeros por una pequeña cantidad de dinero. La gente siguió en su mundo, ni una mirada hacía él. Camino hasta el final del autobus y nada. Sintió, entonces, una enorme tristeza. De pronto despertó. De nuevo estaba en su cama y el sol no había salido del todo. Todo había sido un sueño. Entonces, se levantó. 
Curiosamente, se repitieron cada una de las situaciones de su sueño, de hecho, eran las mismas de todos los días, a excepción de la de ponerse el traje de hombre invisible.



Roger Waters escribió este pequeño himno. Deliciosa canción que me estremece el alma nota a nota como muchas otras de Pink Floyd. ¿Qué la hace distinta? ¿Porqué apuro las teclas mientras suena al fondo ♫ Open your hearth... I'm coming home.. ♫? No sé, pero aproximémonos.

Mi vida es una especie de prolongación de diversas etapas anteriores. En cierto modo yo y usted vivimos etapas extendidas de nuestra niñez, o nuestra adolescencia. Yo por ejemplo vivo una niñez extendida cuando llueve, y puedo salir a empaparme el alma. Vivo una adolescencia extendida cuando sopla el viento a través de los pinos que están en la acera del frente de mi casa y me siento íngrimo.

Cada vez que mi alma se rebela ante la sensación de estar siendo apartado por el mundo al que creo pertenecer, escribo. Hablo para sentir que me noto, después de todo*. El papel aguanta con mis inseguridades mejor de lo que las toleran quienes me conocen o creen conocerme. Escribo regularmente desde la adolescencia, extendiendo desde entonces ese mecanismo de adaptación al mundo. Lo seguire usando hasta la muerte, creo. Y es que cuando escribo siento que alguien no me ignora: yo mismo.





* Uno termina escribiendo cosas descriptivas, como saberse fantasma en cualquier parte, pese a saber que ocupa un espacio superior al que ocupan dos personas abrazadas.

Imaginate gritar toda una vida y no ser escuchado. Vivir atrapado en un espacio confinado en el cual ninguna señal puede ser enviada al exterior, sin importar cuánto se desee. Con el cuerpo atrapado en una posición fija en un mismo lugar, no seamos capaz de escapar a observar más de lo que se encuentre frente a nosotros.


Claro, con esa figura en mente, ahora dejame explicarte cómo un hombre puede llegar a perder toda la iluminación en su vida. Mientras se encuentra en su estado de cautividad, muy probablemente comience a recordar todo lo que su vida ha sido hasta el momento en el cual fue puesto ahí. Quizá, después de gritar y llamar desesperadamente al mundo que le rodee, sin obtener respuesta alguna, comience a asumir que probablemente nunca va a regresar al mundo donde cree que pertenece. Tarde o temprano llegará a resignar su destino a vivir atrapado en tal lugar, sin ninguna escapatoria.

Si sus ojos vieran sombras y figuras frente a él, sonidos y palabras hacia él; el hombre las reconocería de su experiencia en el mundo donde ha vivido; sin embargo, es posible, que se adormezca a tales estímulos, y con el tiempo olvide el significado de la comunicación en su vida. Quizá el modo en el que se expone a sus recuerdos parciales sea como ver solamente la sombra de estos; quizá olvide el nombre de las cosas, y en un esfuerzo por afianzar aquellos recuerdos y sensaciones comience a equivocarse; buscar nombres totalmente nuevos e ideas parciales que le permitan mantener su salud mental. Esta es su nueva realidad.

Ahora, pensemos un poco en el momento en el cual este hombre es liberado. ¿No será una sensación extraña, el poder ser parte de un mundo de nuevo? Ser observado, reconocido y comprendido como soñó en alguna ocasión que sucedería, y poder ser capaz de vivirlo conforme a su realidad aprendida durante todo el tiempo confinado a su vida de cautiverio. Quizá descubra, al escucharse a sí mismo y a los demás, ese fuego que mueve las emociones y que nos hace decir lo que decimos. Este proceso, el cual no es tan radical como darle vuelta a una tortilla, ¿no será por tanto el paso del día de un hombre, el cual es peor que la noche misma, a un día verdadero en el ser, la ascensión desde el fondo, lo cual afirmamos ser la verdadera filosofía?

Suelo no ignorar muchas cosas.

Soy salvadoreña. O más bien comparto esa idiosincracia de meterme donde no me llaman. Y no sé si será único de El Salvador, pero creo que en México eso está en cantidades tantito más diluidas, por lo menos aquí en el Distrito Federal.

Hago cosas tremendamente notables para El Salvador, y aquí soy sumamente ignorada:


  • Ir en pijama al Walmart
  • Ir en la pijama horrible al Oxxo - puya cuánta publicidad gratuita que estoy dando.
  • No peinarme
  • No maquillarme
  • Ponerme el mismo suéter toda la semana
  • Vestirme de colores como me gusta sin llamar (tanto) la atención - la gente que me conoce si ya me hace burla.
Sin embargo hay cosas que no me gustan que me ignoren:

  • Decir "buenas" y que no respondan.
  • Hacer algún chiste tonto y que no respondan.
Pero no siempre es así.

Vivo en esta esquizofrenia en que quiero ser ignorada/ser notada. Y quizás todos somos así. Un día nos levantamos con ánimo de protagonista de reality show, otro día queremos ser tan ignorados -si digo hormigas será muy cliché?- como un pequeño moco -uy! eso salió peor  insecto.

¿Y qué puedo decir? A veces yo ignoro cosas que son tremendamente (inserte un mejor sinónimo aquí) importantes:


  • Que soy privilegiada por tener lo que tengo
  • Que hay belleza en el mundo (inserte clip de una bolsa volando y un tipo demente diciendo que hay tanta belleza en el mundo... y ya saben todo lo demás).
  • Que tengo suerte de tener mucha gente que me quiere
  • Que también hay muchas horribles en el mundo
  • Que hay pasados que nos inmovilizan pero que inspiran
  • Que somos fugaces, porque no se puede andar viviendo pensando en la muerte (es como demasiado contradictorio)
Y quizás ignoro muchísimas cosas que no sé que ignoro. Pero digamos que reconocer la ignorancia, es algo que no se debe ignorar; porque todos hemos sido ignorantes (ignoramos a algo o alguien) e ignorados.

Saludos y feliz semana.

Y no ignoren esto:



Liniers del 20 de noviembre

Ignorar. Es curioso que cuando se sombrea en Microsoft Word esa palabra y se combina Shift + F7 y aparecen los sinónimos sugeridos, aparece los siguientes:

No dirigir la palabra (frase) ---
Ley del hielo
No tomar en cuenta
Desconocer (Verbo) ---
Desconocer
Rebuznar
No comprender
No entender
Rechazar (Verbo) ---
Repudiar
Excluir

¿Por qué curioso? Porque eso es justamente lo que hace las entidades gubernamentales cuando se les escribe ¿Lo ha hecho usted alguna vez? ¿Ha escrito alguna vez para pedir / solicitar / gestionar / felicitar a alguna entidad gubernamental?

Yo sí. Hace unos años envié un libro a un grupo de diputados de diferentes partidos políticos de nuestra Asamblea Legislativa (¿Entendió, por lo que acabó de escribir, que en ese grupo estaban también diputadas? Para los que critican como superfluo el lenguaje “incluyente” de “diputados y diputadas”)

Continuando, el relato, les envie el libro a los diputados, acompañado de una carta explicativa. La carta no les solicitaba fondos, obras, favorecimiento, no. No les pedia nada. Lo único que les decía es que esperaba que disfrutaran la lectura de ese libro y que entendía que eran personas ocupadas, pero que pensé buena idea enviárselo.

¿De cuantos cree que recibi respuestas?
De 0. Cero. Ninguno. Nadie.

Y asi, otras veces he escrito para felicitar por una gestión que vi expedita y muy amable del burócrata en turno. Y lo hice, solo para mostrar que los ciudadanos no solo somos quejas. De nuevo, respuestas, ninguna.

Creo, entonces, que el único mensaje escrito que podemos esperar del gobierno, es que tenemos que pagar un impuesto, o si no consecuencias, o que tenemos que ceder un terreno en tal fecha o si no consecuencias, o que no se nos concede algo, porque no presentamos la partida de nacimiento de nuestro abuelo notariada con un abogado nacido en Sociedad, Morazán.

Pero ¿Por qué esto es asi? Puede ser porque el papel y los costos de envío son caros y para eso no esta el gobierno. Quizás porque no es costumbre salvadoreña escribir y enviar cartas, aunque algo esta cambiando con el correo, digo algo, porque creo que algunos piensan en su “Hotmail” o “yahoo” como el medio donde reciben vayuncadas en powerpoint que deben re-enviar a quien no pueden escribir para saludar o preguntar por su bienestar pero estará super-content@ de recibir la clásica historia de la niña rumana que nos enseña porque es tan bello vivir y “debes re-enviar el mensaje a todos tus conocidos”.

¿O será simplemente porque alguien piensa que redacción de una carta no es algo necesario en el pensum escolar? O más grave, aún, ¿será porque el agradecimiento escrito es algo que esta fuera de nuestros valores salvadoreños?

No responda estás preguntas, por favor. Solo ignórelas.