Yo sé que no te gustaba que vistiera esos zapatos, que hubieras preferido que usara algo más femenino y delicado. Pero sabés, esos zapatos me llevaron lejos; con ellos corrí, bailé subiendo y bajando gradas, te perseguí hasta alcanzarte, atravesé charcos y me hundí sin miedo en lodazales, exploré parques y me atoré en grietas de aceras.

No vengás a decirme que por qué hasta hoy ando taconeando. Aunque a veces tenga que cambiar de ruta, sé adónde voy. Hay un tiempo para todo.

Se lleva música en los bolsillos mientras se cruza una pasarela, bajás, y alguien lee las últimas páginas de un libro. El pavimento brilla y la ciudad se atraviesa con la belleza de unos zapatos gastados, zapatos que patean piedritas y que atraviesan charcos cuando es tarde y llueve. Son un espectáculo a la resistencia, a los caminos, y al color de las estaciones. Por eso cuando los zapatos se acaban es difícil tirarlos a la basura, se quieren así, porque tienen demasiada historia, son sencillos y entrañables.

 Dicen, no me consta del todo, que se puede conocer a una persona por el tipo de zapatos que usa. Pero no sé, ¿y si andan descalzos?
Me pongo a pensar en lo médicos y enfermeras, con sus zapatos blancos y cómodos, corriendo de un lado a otro. O en los ingenieros, con esos zapatotes de seguridad con 'cubo' de acero.
Yo, como soy random, uso de todo pero me identifico más con mis zapatos tenis. Si, ando de una lado a otro siempre con las cintas desamarradas. Y nunca me caigo. Son geniales y azules.

Los conoce en todas las formas, colores y texturas imaginables. Los ve venir y luego irse transformados. A veces llegan más y otras, menos. No está en su vocación estar solo. Por eso él siempre está ahí para ellos. Incansable, ansioso, diestro. Habla con todos de lo que sabe, y si no lo sabe, pues se lo inventa: noticias, política, religión, amores y desamores, anécdotas, chistes, anécdotas chistosas...

El lugar donde los recibe le parecería poco común a cualquiera que gusta de atender visitas. hay mucha bulla, pero no falta comodidad para sus invitados, lo cual sin duda es más importante para él. Y se sienta más abajo no porque sea más alto o tenga complejo de superioridad; sino por estar más cerca de ellos y porque es una manera muy personal de hacerles reverencia. Quiere ser cálido, pues. Luego de examinarlos hasta saber qué es lo que necesitan, ejecuta su plan de acción entre charlas, silencios, canciones de la vieja radio y esa bulla de afuera que no para.

Al final del día, y tras haber cambiado a cuanto ejemplar se le puso enfrente, guarda sus trastos y se va pensando en los que fueron y los que serán, porque sabe que debe volver. Y aunque no lo dice, tiene la esperanza -esa que le genera el miedo a la soledad- de que al otro día alguien lo estará esperando.

La agarró rico, con todo el empeine del pie izquierdo y la mandó al quinto infierno. Bueno, no tan allá, realmente la mandó donde Obdulio, pero como si lo fuera. Allí no había forma de recuperarla, el viejo les metía el puñalito con el mango de cuerno de venado y las mandaba partidas al otro lado de su casa. Así terminó la tarde. A Jonathan le gustaba ver qué tan lejos lograba mandar esas caprichosas pelotas que compraban donde la niña Concha. Ponía todo el empeño en ello, toda la fuerza de sus piernas de defensa de ocho años.

Jonathan pintaba para gran defensor; ay del infantil delantero que osara atravesarse en el camino de su pierna izquierda (la "ñurda", le decía), era seguro moretón y llanto con cojera incluida la que le recetaba. A él nadie le ganaba un balón dividido, un salto para cabecear la bola, un tiro lejano jamás era tan fuerte como cuando salía de su querida "ñurda". Pero como casi todos los buenos augurios, un día mueren. Y el suyo se extinguió cuando alguien le regaló zapatos para jugar. Ahí se fue toda la fuerza, el buen tino, la precisión quirúrgica de aquella fuerza de la naturaleza de ocho años de edad. Los zapatos le comieron el talento a su "ñurda" querida. Y es que solo descalzo se pueden mandar ciertos caprichos al infinito.

Seis páginas tamaño carta de color azul, azul. Bien azul. Todas pegadas unas con otras como fondo. Encima va un trozo de cartulina verde, cortado en forma de cono, con el pico apuntando hacia arriba; hay que pasarle plumón verde para énfasis y dibujarles colochos por toda la superficie. Después hay que pegar trozos de algodón sobre el fondo azul, y no está de más colocar una sobre el pico del cono, que pareza que está envolviéndolo. No es toque artístico, suele ocurrir.

Un día yo me voy. O eso desaparece. Pero te dejo el póster, para que recordés la vista desde abajo.

El Salvador esta rodeado de noticias todos los días. Me pongo a pensar en un enorme póster lleno de distintas imágenes, cada una de distinto tamaño, de acuerdo a la "popularidad" del tema. De buen tamaño sería la del Mundial de fútbol. Un poco más pequeña la "movidas" de GANA. Significativa sería la de las lluvias. Pero la más grande sería, no cabe duda, la de la violencia en nuestro país. Tengo amigos que viven en las zonas más peligrosas de nuestro país y a diario arriesgan sus vidas en sus buses y calles. Ellos son como mis hermanos y ver cada muertos por estos lados me quita un poquito de vida.
Al hablar del tema, rápidamente muchos dedos se apresuran a señalar a las autoridades, politizando el tema, criticando sus acciones sin entender, en muchos casos de lo que hablan. 
Otros se animan a "proponer". Y hablan de endurecer las penas e, incluso, de la pena de muerte. Me gustaría saber de algún país donde haya funcionado. Quienes proponen esto ignoran además que tendrían que pasar unos tres años para ver esto hecho una realidad. Se habla además del regreso de Martínez y yo sólo digo 'ajá'.
No faltan quienes crean grupos de Facebook y yo, al verlos, me pregunto en qué se diferencian estos con esos otros grupos que "eSZtán en konTrA de HusAR Kalcetins blanKos kOn sApatos neGros".
Están también quienes piden el regreso de la famosa Sombra Negra. Yo no voy a entregar mi libertad a desconocidos que supuestamente impartirán justicia.
Hace algunos meses salio lo del grupo de don Ramón, para oponerse al pago de la renta. Creo que sólo el que esta bajo esa situación sabe lo arriesgado que es el asunto, yo no puedo pedirle que no lo haga.
Y, en diferentes magnitudes, aparecen los que maldicen, putean, a los criminales, como si a ellos les importara algo.
Creo que hay que proponer y tomar acción. En lo personal, propongo:
  • Poner a trabajar a los presos. Ellos están allí porque tienen una deuda con la sociedad pero se les da de comer y donde vivir, bonita manera de pagar su deuda. Además buena parte de los crímenes se ordenan desde la cárceles.
  • Poner gente capaz en los puestos clave. Soy sincero al decir que el director de la PNC me parece más el abuelito de Heydi que uno de los responsables de dirigir la seguridad en nuestro país. Los directores de los penales son otros que... bueno, sin comentario.
  • Rotación de los guardia de las cárceles. Es una manera de limitar el contacto.
  • Pruebas periódicas de polígrafo a los policías.
Estás son medidas superfluas, lo sé. Están en la libertad de criticar lo que aquí escribo, pero también en la obligación de proponer. Hagamos algo. Qué el póster diario de nuestro país tenga imágenes de paz.
Y finalmente recomiendo leer esto, me puso a pensar en muchas cosas.

*Minutos antes de publicar esta entrada me di cuenta de otra muy interesante y detuve de inmediato la publicación de la presente.Como dije antes, lo que yo propongo aquí son cuestiones vagas. Para algo más concreto por favor lea la entrada de Ligia y la de Virginia.